En apoyo de "Indignados"

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Comités Óscar Romero de Solidaridad con América Latina del Estado Español
Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL) de Europa

Los Comités Óscar Romero de Solidaridad con América Latina del Estado Español y el Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos América Latina (SICSAL) de Europa vemos con gran esperanza las movilizaciones de los jóvenes, y no tan jóvenes, en un movimiento lleno de vida, Democracia Real Ya, que quiere decir basta a tanta corrupción, tanto recorte social, tanta desregulación laboral, tanta injusticia, tanto robo, tanta hambre y tanta muerte, institucionalizados en un sistema perverso, impuesto al mundo entero, por poderes oscuros que controlan y marcan el rumbo de los gobiernos, formado por el sistema financiero, el fondo monetario internacional, el banco mundial, el banco central europeo y políticos vasallos que siguen sus consignas.

Condenamos la represión contra los acampados en la Plaza de Cataluña de Barcelona por parte de las fuerzas policiales y apoyamos a todos los jóvenes acampados en las distintas ciudades españolas.

Nosotros, Comités de Solidaridad con América Latina y SICSAL, hemos resistido a la implantación de esta tiranía de los mercados y de la deuda externa en todos los países latinoamericanos. Ya han pagado seis y siete veces la deuda que contrajeron y deben todavía más de lo que recibieron. Han privatizado todos sus bienes, han disminuido drásticamente los gastos de la canasta básica, sanidad, educación y gastos sociales en general. Y todavía han de destinar un porcentaje muy alto de sus ingresos para ir pagando los intereses de esa «deuda externa, o deuda eterna». Esta tiranía del mercado consiste en que los estados están obligados a someterse a los intereses del gran capital, privatizando las ganancias y socializando las pérdidas en las crisis que el mismo mercado produce.

Nosotros, ya conocemos el sistema, porque lo hemos sufrido en América Latina. Ahora están intentando implantarlo en Europa, empezando por los países más débiles: Grecia, Irlanda, Portugal, España; y con los mismos métodos: paso de la deuda privada de los bancos a los Estados, préstamos a éstos, cobro de intereses, rescate, nuevos préstamos, nueva deuda... Recortes en el sistema social, privatizaciones de lo público. Así las naciones destinan del diez al treinta por ciento de sus ingresos para pagar a los bancos internacionales. Esta es la tiranía del mercado, un fascismo económico.

Por eso nos llena de alegría y de esperanza ver a estos jóvenes indignados gritando basta y exigiendo justicia, racionalidad y humanidad. Gritamos con ellos «Manos arriba, esto es un rescate». Y nos alegra que uno de sus eslóganes sea el que empleamos en América Latina y confiamos en que desde la protesta del mal llamado primer mundo, se haga realidad: otro mundo es posible.

Multinacionales que quieren prolongar la guerra en el Congo

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Zenit, agencia de noticias del Vaticano, dijo hace poco que “la crisis humanitaria más olvidada en nuestro planeta es la del Congo” De vez en cuando en los medios asoma la tragedia pues ya no hay modo de ocultarla. Pero lo que se dice de ella es todavía irrisorio e insultante en comparación con la magnitud de la barbarie y el genocidio. Y no hay llanto, ni pedir perdón, ni propósito de enmienda.
En esta Carta a las Iglesias de vez en cuando decimos una palabra sobre el Congo. Es un muy pequeño grano de arena.

Ahora, aunque no sea más que por pudor, volvemos a recordar a ese inmenso “pueblo crucificado”. Presentaremos, resumidamente, tres textos que han llegado a nuestras manos estos días. Terminaremos con una breve reflexión.

1. “Quieren prolongar la guerra en el Congo”

En Periodista Digital del 27 de noviembre el jesuita Ferdinand Muhigirwa acusa a la comunidad internacional de querer prolongar la guerra en el Congo. “Si la comunidad internacional lo quisiera realmente, la guerra en la República Democrática del Congo terminaría en pocos días”.

Y da la razón. “Está claro que la raíz del conflicto son los minerales, de los que se benefician las empresas mineras y los países extranjeros, pero no la población autóctona que se ve obligada a vivir con menos de un dólar al día”. Los organismos supranacionales, como la Unión Europea, prefieren que la contienda se mantenga y ”se prolongue en el tiempo de forma interminable”.

El genocidio, por causa de la guerra y la pobreza, es claro. “Es terrible que en un país tan extremadamente rico la población viva abocada a tales niveles de pobreza”. Y crece la deshumanización.

En El Salvador lo entendemos bien. Desde hace décadas se produce el abandono progresivo de la agricultura: “la gente no quiere seguir trabajando en los sectores tradicionales porque prefiere enriquecerse en las minas” Y sufren los niños: “Las familias permiten a sus hijos abandonar el colegio desde edades muy tempranas para excavar. Creen que así se van a hacer ricos, cuando después la mayoría no consigue más de 50 dólares al mes”.

Son palabras mayores.
1. la guerra en el Congo es un genocidio que ha producido 5 millones de muertos en 15 años.
2. El genocidio puede ser detenido, pero la comunidad internacional, las democracias del Norte, no quieren detenerlo.
3. El Congo es un pueblo activamente crucificado.

2. “El teléfono celular: ataúd del Congo”

En lenguaje periodístico Cristóbal Saura explicaba en El portal del medio ambiente, el 6 junio de 2007, por qué ocurre el genocidio y por qué se oculta.

El genocidio.

En las montañas orientales del Congo hay coltán y niobio, además de oro, diamantes, cobre y estaño. El coltán, abreviatura de colombio-tantalio, está en suelos de una antigüedad de tres mil millones de años. Se usa con el niobio para fabricar los condensadores para manejar el flujo eléctrico de los teléfonos celulares. Cobalto y uranio son elementos esenciales para las industrias nuclear, química, aeroespacial y de armas de guerra. Alrededor del 80% de las reservas mundiales de coltán están en el Congo.

Por el control de estos minerales escasos hay una guerra tremenda. Los poderes multinacionales quieren controlar la minería de la región. Conclusión: “el motivo del genocidio son estos minerales que buscan las corporaciones” y además están destruyendo la segunda área verde del planeta después del también amenazado Amazona.

Un poco de historia.

En 1996 Estados Unidos patrocinó una invasión de fuerzas militares de las vecinas Rwanda y Uganda. Hacia 1998 tomaron el control y ocuparon las áreas mineras estratégicas. Muy pronto, el ejército rwandés comenzó a ganar más de 20 millones de dólares por mes con la minería del coltán. Hay cientos de informes que denuncian abusos de los derechos humanos en esa región minera.

Las empresas con capacidad tecnológica convierten el coltán en el codiciado tantalio en polvo y lo venden a Nokia, Motorola, Compaq, Sony y a otros fabricantes que lo usan en teléfonos celulares y otros aparatos de tecnología “de punta”.

Keith Harmon Snow dice que para analizar la geopolítica del Congo y las razones de una guerra casi inacabable desde 1996, hay que comprender el crimen organizado por negocios multinacionales.

La guerra del Congo se planificó con las inversiones de corporaciones multinacionales de Estados Unidos, Alemania, China y Japón en la región. Y está apoyada por las más poderosas corporaciones, la Cabot Corporation y al OM Group, de Estados Unidos; la HC Starck de Alemania; y Nigncxia, de China.

Redes criminales, preparadas y mantenidas por esas multinacionales, practican la extorsión, soborno, violación y matanzas. Y obtienen beneficios sin precedentes con la minería del Congo. Hasta 6 millones de dólares en cobalto crudo salen a diario de la RDC. Sin embargo, casi nunca aparecen estas compañías en los informes sobre derechos humanos.

Personajes relacionados con el negocio del coltán han estado muy cercanos al gobierno de Estados Unidos. Sam Bodman fue llamado por el Presidente Bush en 2004 para ser Secretario de Energía. Nicole Seligman fue consejera legal de Bill Clinton. Muchos que alcanzaron posiciones de poder en la administración Clinton pasaron a altos cargos en Sony Corporation.

En el negocio participan distribuidores norteamericanos de armas, como Simax, y las compañías que fabrican material de guerra para el Pentágono, llamadas “proveedores de Defensa”, Lockheed Martin, Halliburton, Northrop Grumman, GE, Boeing, Raytheon y Bechtel. Incluso organizaciones pseudo humanitarias como CARE, el Comité de Rescate Internacional; “Conservation”, empresas de relaciones públicas y grandes medios de comunicación como The New York Times.

Se han hecho grandes fortunas, vendiendo electrónica de alta tecnología para que la disfruten los norteamericanos y europeos, los japoneses y los “nuevos ricos” de América Latina, China y la India.

El encubrimiento.

El 5 de junio de 2006, se leía en la portada de la revista Time: “Congo: El Peaje Oculto de la Guerra más Mortal del Mundo”. Es cierto que el artículo mencionaba brevemente el coltán y su uso en los teléfonos celulares y en otros aparatos electrónicos. La guerra era una tragedia horrible, pero nada decía de las actividades de las corporaciones y los gobiernos extranjeros, para, a través de la guerra, apoderarse del coltán. Ni tampoco, de quiénes obtienen de esta guerra resultados financieros y políticos.

Johann Hari en The Hamilton Spectator, el 13 de mayo de 2006, sí analizó el origen de esta y otras guerras en África. “El único cambio a través de las décadas ha sido qué recursos naturales se buscan para consumo occidental: caucho bajo los belgas, diamantes bajo Mobutu y ahora coltán y casiterita”. Lo más cruel es que los medios no dicen nada de que estos conflictos han llevado a la población africana a una vida inhumana.

3. “Cada kilo de coltán cuesta la vida a dos niños”

Lo dice Alberto Vázquez Figueroa en el ABC del 12 de noviembre de este año. Cuenta el impacto de la guerra del coltán en los niños. Reproducimos sus reflexiones, formuladas con palabras de las preguntas y de sus respuestas.

“Los niños, de entre siete y diez años, son grandes víctimas de la lucha por el coltán. Son terriblemente explotados, y se les “paga” 25 centavos de euro al día. ¿Estamos ante la esclavitud del siglo XXI? El coltán lo extraen niños porque se encuentra en yacimientos a muy baja profundidad, y con sus pequeños cuerpos son los que caben mejor por los recovecos.

Muchos de estos niños mueren víctimas de horribles desprendimientos de tierra. Y se quedan ahí enterrados. Lo que no han querido las empresas que fabrican aparatos con coltán es que eso se supiera. Yo he vivido dos décadas en África y algo había oído. Hay fotos de esa barbaridad: niños semiesclavos respirando polvo mientras llueve a mares o se los lleva la riada. Eso es un infierno. Han llegado cientos de miles de refugiados y aquello es un desastre.

Yo me pregunto: ¿cómo en el siglo XXI toda nuestra tecnología depende de que haya un niño dando martillazos a una piedra y a un pedazo de tierra que se le viene encima? ¡Esto es de locos! Todos recordamos a tutsis y hutus matándose a machetazos, no olvidamos las iglesias quemadas con toda la gente dentro, ni a los niños perseguidos, con los brazos y narices cercenados. 700,000 desplazados y ya casi cinco millones de muertos ¡por el maldito coltán y para que nosotros tengamos una vida más cómoda!

No paramos la guerra porque las grandes empresas y gobiernos no quieren que se pare. Si se paraliza la guerra no se hace negocio con el coltán. Se quedaría en el Congo. Quien controle el coltán controlará nuestra vida”.

Reflexiones desde El Salvador

1. No es posible leer textos como éstos sin sentirse mal, pero alguno podrá preguntarse por qué fijarnos en el Congo cuando en El Salvador también vivimos en medio de gravísimos problemas. Y además, poco podemos hacer. La respuesta es: “por pudor”. No se puede ser humano, ni en El Salvador ni en Roma, si no hacemos hoy central el dolor del Congo.

Y también por un mínimo de honradez. En los peores años de represión contra el pueblo salvadoreño, se levantaron voces en Estados Unidos y en Europa para dar a conocer nuestra tragedia y ofrecernos solidaridad. Poco podemos hacer desde aquí, pero al menos difundamos lo que está pasando en el Congo.

2. Por lo que toca a la UCA, ahora que recordamos a nuestros mártires jesuitas sería irresponsable no recordar a los jesuitas del Congo y sus mártires. Un jesuita, Christophe Munzihirwa, arzobispo de Bukavu, fue asesinado en 1996 por defender a cientos de miles de refugiados. Lo llaman “el san Romero de África”.

Ahora recibimos este mensaje de Ferdinand Muhigirwa, jesuita congoleño, director del Centro de Estudios para la Acción Social que clama desde Kinshasa. Nos recuerda las palabras de nuestros mártires. Y nos sentimos hermanos. Y nos acordamos también del Padre Arrupe, cuando nos exigió a todos “la lucha por la justicia”, pagando el precio necesario. 49 jesuitas han sido asesinados desde entonces en el tercer mundo. Y el mismo Padre Arrupe sufrió fuerte persecución al interior de la Iglesia.

3. La realidad del Congo desenmascara la falsedad del “mundo de abundancia, civilizado y democrático”, lo acusa y lo juzga. Casaldáliga escribe: “África ha sido llamada el calabozo del mundo, una Shoá continental”.

Nuestro amigo Luis de Sebastián ha escrito un impresionante libro con el título: “África, pecado de Europa”. Bueno y necesario es recurrir al lenguaje religioso de “pecado”. No es políticamente correcto, pero el lenguaje civil, correcto y democrático, no ha descubierto una palabra equivalente. En teología, “pecado” es “lo que da muerte”. Dio muerte al hijo de Dios y sigue dando muerte a millones de hijos e hijas suyas.

4. Por coincidencia, escribimos estas páginas en el tercer aniversario de la muerte del Padre Jon Cortina.

En el salmo hemos rezado: “En el consejo de los dioses se levanta Dios y los acusa: “¿hasta cuándo juzgarán inicuamente? Juzguen a favor del débil y del huérfano; hagan justicia al humilde y al indigente; liberen al débil y al pobre y arránquenlos de las manos de los impíos”.

Es el juicio de Dios ante la guerra de El Congo contra los dioses, imperios, transnacionales, medios de comunicación.

5. Y permítanme una reflexión personal. Yo me enteré que había una guerra en el Congo hace unos diez años. No sabía lo que era el coltán, ni para qué servía. Y menos sabía de los criminales manejos de occidente para conseguirlo.

De todo ello no me enteré ni en la UCA, ni en mis visitas a Estados Unidos y Europa. Me lo contaron sencillas religiosas que vivieron las tragedias de Ruanda y Burundi, y trabajaron en los campos de refugiados de Bukavu, el Congo. Me abrieron los ojos.

Y les he visto trabajar en comités de solidaridad en toda España, con suma sencillez, con medios muy limitados, pero con gran lucidez y amor. Publican Umoya, revista sobre la realidad actual de África. Siguen adelante. Y son las que más saben de África.

Me recuerdan las palabras que le escuché a Joe Moackley, congresista por Massachussets, cuando venía a defender a los campesinos salvadoreños de la represión del ejército gubernamental: “cuando tengo que votar en el Congreso sobre nuestra política en algún país del tercer mundo, para informarme no me pongo en contacto con nuestras embajadas, sino con religiosas que trabajen allí. Son las que más saben”.

6. Con el coltán se hacen misiles, teléfonos celulares y hasta juguetes. Cuando los usemos recordemos a los 5 millones que han muerto en esta guerra, y recordemos a gentes como Ferdinand Muhigirwa, que nos mantiene en la verdad y en el amor.

7. A las personas a las que he visto mantener la esperanza para el Congo son las religiosas que han estado allá. No son ingenuas, pero con cariño y admiración recuerdan la bondad que han visto.

LA JUVENTUD GLOBALIZA RESPUESTAS AL CAPITALISMO (La Qasba en Madrid)

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La Qasba en Madrid


Santiago Alba Rico, Rebelión                                                                                       (A Alma Allende)

Para los que hemos seguido de cerca las dos ocupaciones de la Qasba de Túnez, es muy difícil no sucumbir al emocionado vértigo de un déjà vu ante las imágenes de los jóvenes que desde el lunes pasado dignifican la Puerta del Sol con su presencia: las lonas y los cartones, los papelitos con consignas pegados en los muros, las asambleas permanentes, las comisiones de abastecimiento, limpieza y comunicación, la obstinación frente a esa lluvia torrencial que tantas veces se ha utilizado para justificar la abstención electoral. No nos engañemos: las protestas en España se inscriben sin duda en la misma falla tectónica global y prolongan y readaptan el mismo modelo organizativo inventado en Túnez y en Egipto (y en Bahrein, Siria, Yemen, etc.). El capitalismo ha fracasado en todo, salvo en globalizar las respuestas.

“Miles de jóvenes españoles protestan contra las dificultades económicas”, titula el diario francés Le Monde. Es verdad. También en Túnez el paro, la pobreza y la inflación tuvieron mucho que ver en el estallido de las revueltas. Pero lo impresionante no es esto. Lo impresionante es que en ambos casos los manifestantes hayan reclamado y reclamen “democracia”. En el caso de Túnez y del mundo árabe todos esperaban que sus ciudadanos invocasen la sharia -una variante religiosa de la Ley- frente a la arbitrariedad y la corrupción; en España todos los análisis apuntaban a una penetración rampante del discurso neofascista como respuesta a la inseguridad económica y social y al desprestigio de la política: la derecha conservadora parecía, a uno y otro lado del Mediterráneo, la única fuerza capaz de canalizar, deformándolo, el malestar general. Pero hete aquí que lo que los jóvenes piden por igual, aquí y allí, en Túnez y en Madrid, en El Cairo y en Barcelona, es “democracia”. ¡Democracia de verdad! Que la pidan los árabes parece razonable, pues vivían y viven todavía sometidos a dictaduras feroces. Pero que la pidan los españoles es más extraño. ¿Acaso España no es ya una democracia?

No, no lo es. En Túnez, un pasito por detrás, aún se confía en que sea suficiente con tener constitución, elecciones, parlamento y libertad de prensa para que haya democracia. En España, calzada de pronto con botas de siete leguas, se ha comprendido en un relámpago que las instituciones no bastan si quien gobierna las vidas de los ciudadanos es el mercado y no el parlamento. Estos jóvenes sin casa, sin trabajo, sin partido, han asociado con intuición certera las “dificultades económicas” al gobierno dictatorial, no de una persona concreta, no, sino de una estructura económica que desactiva ininterrumpidamente todos los mecanismos políticos -de la judicatura a los medios de comunicación- que deberían garantizar el juego democrático. Estos jóvenes sin futuro han sabido desnudar de un golpe la falacia subcutánea que durante décadas ha sostenido la legitimidad del sistema: la identidad entre democracia y capitalismo. En Túnez y en Egipto el capitalismo daba palos; en España unas pocas golosinas. Ningún régimen económico ha exaltado tanto la juventud como valor mercantil y ninguno la ha despreciado tanto como fuerza real de cambio: mientras la publicidad ofrecía una y otra vez la imagen inmutable de un deseo siempre reverdecido, eternamente joven, los jóvenes españoles sufrían el paro, el trabajo precario, la descalificación profesional, la exclusión material de la vida adulta y, a poco que se sustrajesen a las normas socialmente aceptadas del consumo pequeñoburgués, la persecución policial. En el mundo árabe, para que no reclamasen una existencia digna, a los jóvenes se les golpeaba y metía en prisión; en Europa, para que no reclamen una existencia digna, se les ofrece comida basura, televisión basura, el tiempo basura de los supermercados y las movidas. En Túnez, los jóvenes que no podían acceder a una vida adulta, eran retenidos en sus cuerpos a porrazos; en España, los jóvenes que no pueden comprar su propia casa ni vender sus competencias laborales, aún pueden adquirir tecnología barata, ropa barata, pizzas baratas. Retenida lejos de los centros de decisión, despreciada o sobreexplotada en el mercado laboral, moldeada por hábitos homogéneos de consumo, la juventud ha acabado por convertirse (en Europa y en el mundo árabe) en una “clase social” que, por sus propias características materiales, no reconoce límites de edad. Pero nos habíamos equivocado: si la represión no funciona, tampoco sirve lo que Pasolini llamaba en los años 70 el “hedonismo de masas”. Golpes o golosinas, los jóvenes no aceptan que los traten como a niños; no se dejan amedrentar (“sin miedo”, gritan aquí y allí) ni comprar (“no somos mercancías”). La puerta del Sol en Madrid demuestra también el gran fracaso “cultural” del capitalismo, que ha querido mantener a las poblaciones europeas en una permanente minoría de edad alimentando sólo el hambre: de chucherías, de imágenes, de intensidades puras. Asustados o corrompidos, a los niños se les podía dejar votar sin peligro de que su voto mantuviese ninguna relación real con la democracia. Por eso, en Túnez y en Madrid, los jóvenes piden precisamente democracia; y por eso, en Túnez y en Madrid, han comprendido certeramente que la democracia está orgánicamente ligada a esa cosa misteriosa que Kant situaba tajantemente fuera de los mercados: la dignidad.

Es impresionante -impresionante, sí- oír gritar a estos jóvenes apartidistas, sin mucha formación ideológica o directamente "ideolofóbicos", la palabra “revolución”, como en la Qasba de Túnez. Son pacíficos, disciplinados, ordenados, solidarios, pero lo quieren cambiar Todo. Quieren cambiar el régimen, como en Túnez: monopolio bipartidista de las instituciones, corrupción, degradación del sector público, manipulación mediática, impunidad de los responsables de la crisis. Como en la Qasba de Túnez, todos los partidos institucionales, también los de izquierdas, se han visto cogidos a contrapié o empujados fuera de juego. Los jóvenes de Sol (y de las otras ciudades españoles) no representan a ninguna fuerza política ni se sienten representados por ninguna fuerza política. Pero el error -claramente instrumentalizado por los que se sienten amenazados por el estallido- es pensar que nos encontramos ante un rechazo, y no ante una reivindicación, de la política. A la luz de experiencias históricas precedentes podríamos concluir que el desprestigio de las instituciones y de la clase dirigente franquea el paso a las soluciones populistas o demagógicas y a la irrupción de un “líder fuerte” cuya voluntad desate mágicamente todos los nudos y resuelva milagrosamente todos los problemas. Es el fascismo clásico. Pero el fascismo clásico, cuya sombra se hinchaba ya en el horizonte, es más bien lo que estos jóvenes han venido a impedir y denunciar. El populismo y la demagogia nos están gobernando ya; los “líderes fuertes” son los que dominan los partidos y tratan de imponer sus adhesiones fiduciarias, puramente emocionales, a los niños eternos en los que han querido convertirnos. Estamos en plena campaña electoral y los españoles se pasean entre reclamos publicitarios de los candidatos. ¿Hay alguna duda? “¿Por qué dice usted que en Japón no hay democracia”?, le preguntaban al novelista Kenzaburo Oé. “Por la sonrisa del primer ministro”. Los timadores, los violadores, los paidófilos, los caudillos sonríen precisamente así. Nos han robado hasta la pureza de las sonrisas.

La Qasba de Túnez, como la puerta del Sol, se rebelaba justamente, en nombre de la democracia, contra toda clase de liderazgo caudillista. Había allí, como hay aquí, una afirmación ingenua de democracia pura, clásica, casi griega. El historiador Claudio Eliano cuenta la anécdota de un candidato ateniense que descubrió a un campesino escribiendo su nombre en las listas de los que debían ser condenados al ostracismo. “Pero si no me conoces”, se quejó el oligarca. “Precisamente por eso”, respondió el campesino, “para que no llegues a ser conocido”. En la Qasba de Túnez era muy poderosa esta susceptibilidad frente a todo lo conocido; nadie que hubiera salido en televisión, nadie a quien los manifestantes reconociesen, era bienvenido en la plaza. Eran los desconocidos los que estaban autorizados para hablar y hacer propuestas; eran los desconocidos los que tenían la autoridad que el mercado -y su gemelo político, el electoralismo- acumula, al contrario, en las caras famosas. Pero resulta que los desconocidos somos nosotros; los desconocidos son los “cualquiera” a los que esos candidatos sonrientes piden el voto para excluirlos luego de los centros de decisión. En la Qasba de Túnez, como en la Puerta del Sol de Madrid, hay una tentativa de democratizar la vida pública devolviendo la soberanía a los desconocidos. Nadie puede negar los riesgos ni los límites de esta apuesta, pero nadie puede tampoco negar sin fraude que esta “revolución contra los conocidos” constituye precisamente una denuncia del populismo mercantil y la demagogia electoralista, los dos rasgos centrales de las instituciones políticas del capitalismo.

Los jóvenes de la Qasba de Madrid, de las Qasbas de toda España, quieren democracia real, pues saben que de ella depende su futuro y el de toda la humanidad; aún no saben que esa democracia, como nos recuerda Carlos Fernández Liria, es lo que otros hemos llamado siempre comunismo. Tendrán que descubrirlo a su modo. Nosotros, los más viejos, lo que venimos descubriendo desde hace cinco meses, en el mundo árabe y ahora en Europa, es que “los nuestros” -así los llama Julio Anguita- no son como nosotros. En Deseo de ser punk, la extraordinaria novela de Belén Gopegui, la adolescente Martina, ejemplar vivo de esta nueva clase social construida en las aristas de los mercados, le reprocha a su padre: “no has sido un buen ejemplo”. No hemos dado, no, un buen ejemplo a los jóvenes y, a pesar de eso, cuando desde la izquierda los despreciábamos sólo un poco menos de lo que los desprecia Botín o la Warner, cuando creíamos definitivamente formateadas todas las subjetividades en un horizonte blindado, son ellos los que se han levantado contra el “hartazgo de golosinas” para reclamar una “revolución” democrática. Martina está en la Puerta del Sol y puede que también fracase, como fracasó su padre. Pero que ningún cincuentón de derechas (ni de izquierdas) venga a decirle que ha tenido la vida fácil; que ningún cincuentón de derechas (ni de izquierdas) venga a decirle que sin lucha no se consigue nada en este mundo. La segunda década del siglo XXI anuncia un futuro terrible, incierto, quizás apocalíptico, pero nos ha deparado ya algunas sorpresas que deberían rejuvenecernos.

Una es que, si todo va tan mal como decimos, es seguro que habrá resistencia.

Otra es que lo que verdaderamente une es el poder y que la Puerta del Sol, pase lo que pase, tiene ya poder.

Y otra es que todos los análisis, por agudos y meticulosos que sean, dejan fuera un residuo que acabará desmintiéndolos.

No habrá una revolución en España, al menos de momento. Pero una sorpresa, un milagro, una tormenta, una conciencia en las tinieblas, un gesto de dignidad en la apatía, un acto de coraje en la anuencia, una afirmación antipublicitaria de juventud, un grito colectivo de democracia en Europa, ¿no es ya un poco una revolución? Todo ha empezado muchas veces en los últimos 2.000 años. Y cuando ya sólo esperábamos finales, he aquí que en muchos sitios, los más inesperados, hay gente nueva empeñada en comenzar de nuevo.

José Maria Vigil visita Montbui.

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El teólogo José Maria Vigil, coordinador de la Agenda Latinoamericana, impartirá una conferencia en Montbui
 Baula-COR

El teólogo latinoamericano José Maria Vigil, impulsor de la Agenda Latinoamericana Mundial junto con Pere Casaldàliga, ofrecerá una conferencia el martes 5 de abril, en Santa Margarida de Montbui. Lo ha organizado el grupo Baula Comité Óscar Romero aprovechando la visita que el coordinador de la Agenda Latinoamericana hace en Cataluña, invitado por la asociación Araguaia amb el Bisbe Casaldàliga.

Vigil hará una reflexión en el entorno del tema de la Agenda Latinoamericana 2011 ¿Qué Dios?, ¿qué religión? El acto empezará a las siete y media de la tarde, en la sala de plenos del Ayuntamiento de Santa Margarida de Montbui.

La Agenda Latinoamericana Mundial es una agenda anual colectiva y alter mundialista, iniciativa de José María Vigil y Pere Casaldàliga. Este año se cuestiona sobre que se entiende por religión y cómo piensan sus autores que tendría que ser una religión verdaderamente liberada y liberadora.

La historia de las religiones, la diferencia y complementariedad entre espiritualidad y religión o el macro ecumenismo son algunos de los temas que aborda.

Una vez más, personas militantes en el altermundismo de todo el mundo han participado en los contenidos de esta Agenda “aconfesional, ecuménica y macro ecuménica”, como señala Vigil “instalada en la perspectiva de la educación popular liberadora latinoamericana”.

Tanto los autores como las personas que colaboran con el proyecto de la Agenda Latinoamericana describen esta obra colectiva como una herramienta pedagógica de formación y transformación para comunicadores, educadores populares, animadores de grupos, activistas de los movimientos solidarios, etc. para ayudar en las tareas de sensibilización en el entorno de los problemas de la exclusión social y como herramienta constructiva y crítica.

Desde su creación han colaborado en la Agenda personas como Saramago, Frei Betto, Rigoberta Menchú, Leonardo Boff, Maria Vigil y Eduardo Galeano, entre otras.

La Agenda Latinoamérica se edita en veintiséis países y se traduce a diferentes lenguas. Muchas entidades destinan los beneficios de la venta a los proyectos de cooperación y solidaridad que llevan a cabo, como es el caso de Baula-COR.

Se puede consultar también en Internet en las páginas www.latinoamericana.org o www.agenda.latinoamericana.org.