Jordi Calvo, Dominio Público.
"SER CULTO ES EL ÚNICO MODO DE SER LIBRE". baulamontbui@gmail.com
Libia. Una guerra muy sexy
Jordi Calvo, Dominio Público.
Lybian: Gadafi, neoliberalismo, el F€MI y los gobiernos supuestamente defensores de los derechos humanos
Vicenç Navarro
Mubarak y EE.UU.
Joshua Holland, AlterNet
Túnez, Egipto, Marruecos... Esas "dictaduras amigas"
Israel pagará por sus crímenes.
Antonio Cuesta, corresponsal de la Agencia Prensa Latina en Turquía.
RECORDAMOS LAS VICTIMAS DE GAZA.
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Rebelión.Traducido para Rebelión por S. Seguí.
Las elecciones iraníes y la histeria mediática. La situación en Irán ha cambiado. - El golpe de Estado palaciego.

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NAZANÍN AMIRIAN, Publico.
Cuatro años más para la facción militarista de la República Islámica, una teocracia sin partidos políticos, en la que los hombres de las distintas facciones suelen legitimar y sellar el balance de sus fuerzas a través de unas opacas elecciones regulares. El dirigente supremo, Alí Jamenei, principal respaldo de Ahmadineyad, acaba así con la única posibilidad de paliar la crisis de confianza de amplios sectores de los ciudadanos hacia el régimen y abre un preocupante periodo de desestabilización que amenaza la integridad territorial del país.
Hasehmi Rafsenyani, el rival de Jameni y padrino de Musaví, le había advertido días antes, en una carta abierta dirigida al máximo líder, de las consecuencias que podría acarrear ignorar las reivindicaciones pacíficas de cambio de los ciudadanos. En juego está la propia existencia de la República Islámica. Jamenei desoyó su advertencia. El sistema negó la solicitud de los representantes de los candidatos para estar presentes en el recuento, y acusó a las principales personalidades políticas y académicas del cuartel de Musaví de organizar una revolución de terciopelo y estar al servicio de los enemigos. Luz verde para las detenciones masivas, ya en marcha.
Mientras, Musaví advierte de que tirará de la manta, poniendo el dedo donde más duele a Ahmadineyad: cuestionar su espiritualidad y su honestidad al pedirle cuentas de los mil millones de dólares procedentes del petróleo, en una economía en bancarrota absoluta. Mientras, Netanyahu celebra su victoria: se aleja un acercamiento entre EEUU e Irán y así podrá seguir demonizando a Ahmadineyad y reclutando a la opinión publica internacional para una agresión militar contra la potencia rival.
Las elecciones iraníes y la histeria mediática. La situación en Irán ha cambiado.
Ron Jacobs, CounterPunch. Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Ahora llegan la histeria y las mentiras en negrita. Después de las elecciones iraníes, diversos comentaristas y así llamados periodistas en EE.UU. reaccionan como si el fin del mundo estuviera al alcance de la mano. Aunque nadie sabe con seguridad y todos sólo se basan en las palabras de los expertos de la prensa occidental y en un candidato indignado, virtualmente todos los medios noticiosos de EE.UU. dicen que la reelección de Ahmadineyad es el resultado de un fraude. No ha sido verificado por ninguna fuente objetiva, ni ha habido ninguna prueba fuera de la especulación de gente de los medios que quiere crear una historia o está tan convencida de lo que consideran como la naturaleza esencialmente maligna del titular del cargo que no pueden comprender su reelección. Un buen ejemplo es un artículo de Bill Keller en el New York Times. En ese texto, se vuelve calificar una vez más a Ahmadineyad de negador del Holocausto y se denigra a los que lo apoyan como una mayoría de campesinos que odian a las mujeres y de empleados públicos que de alguna manera se han beneficiado de su patrocinio. Los partidarios del reformista liberal Moussavi son mostrados a una luz mucho más favorable.
Lo que falta por completo en el artículo de Keller y muchos otros en los medios dominantes de EE.UU. (y en revistas liberales como Nation) es algún intento genuino de analizar el carácter de clase de los diferentes partidarios del candidato y el papel que Washington juega en la percepción mediática de la política iraní. La declaración analítica más honesta de Keller en todo su artículo: “El sábado fue un día de cólera al rojo vivo, de esperanzas aplastadas y de ilusiones puncionadas, de las calles de Teherán a los centros políticos de las capitales occidentales.” Keller y sus homólogos aceptan que los deseos de las capitales occidentales, especialmente aquellos de Washington, deben ser importantes para los iraníes. Aunque esto pueda valer ciertamente para una pequeña cantidad de miembros de la clase culta y de la comunidad empresarial en Irán, el hecho es que Occidente, especialmente Washington, todavía no es muy popular en las masas iraníes. No sólo son conscientes de décadas de intervención occidental en sus asuntos, el hecho de que miles de soldados de EE.UU. sigan combatiendo en dos de los vecinos de Irán hace que Washington sea indeseable y detestado. ¿Por qué iban a hacer algo para complacerlo? Sin embargo, en las mentes de los medios noticiosos de EE.UU., lo que domina la discusión son las necesidades de Washington.
En cuando al análisis de clases, parece que Ahmadineyad, con razón o sin ella, parece atraer a la mayoría de los campesinos y obreros en Irán. Tal como Marat y los jacobinos atrajeron a los campesinos, y a los pobres de las ciudades durante la revolución francesa, mientras Brissot y los girondinos atraían a los mercaderes y a las clases educadas. El apoyo a Ahmadineyad proviene de los que necesitan pan, mientras que el de Moussavi viene de los que tienen mucho pan y ahora quieren más libertades civiles. Aunque casi indiscutiblemente las políticas de Ahmadineyad han causado tantos problemas económicos como los que han resuelto, queda el hecho de que sus partidarios creen en su llamado de la campaña de 2005 a que los beneficios del petróleo lleguen a la mesa del comedor. Las declaraciones del señor Moussavi respecto a la eventual reducción de los subsidios a los productos básicos que benefician a los pobres pueden haberlo afectado en esa demografía más de lo que reconocen sus partidarios. En un artículo del Washington Post publicado el día antes de la elección, se señaló (junto con el hecho de que Ahmadineyad ganó la elección de 2005 con un “sorprendente” 62% de los votos) que sus políticas económicas incluyeron la distribución de “préstamos, dinero y otra ayuda para las necesidades locales.” Uno de esos programas involucró el suministro de seguros para las mujeres que hacen alfombras en sus casas y que no habían tenido seguros hasta que Ahmadineyad llegó al poder. Los críticos, incluido Moussavi, arguyen que “sus políticas de prodigalidad han alimentado la inflación y derrochado las ganancias inesperadas en petrodólares sin reducir el desempleo.” Hay otros elementos en juego en este caso, incluyendo la fabulosa corrupción de ciertos dirigentes no elegidos en Irán y el papel que la crisis económica internacional juega en la economía de todas y cada una de las naciones – un factor al que Irán no es inmune. Además, la naturaleza particular de una economía islámica que mezcla el gobierno y los negocios privados crea un conflicto constante entre los que quisieran nacionalizarlo todo y los que privatizarían todo.
Respecto a lo que esto significa para las relaciones entre Washington y Teherán – seguirán por el camino que el señor Obama desee que sigan. Tel Aviv, que criticó los resultados de la elección, no habría cambiado su deseo de aplastar a Teherán no importa quién hubiera ganado. Por cierto, el hecho de que Ahmadineyad haya sido reelegido facilita a Tel Aviv la tarea de seguir satanizando a la única amenaza auténtica a su dominación de la región. El resultado neto, sin embargo, es que el presidente de Irán no tiene poder sobre el curso a seguir por la política exterior de Irán. Ese poder sigue en manos del Consejo de Guardianes y del poder legislativo. El señor Obama haría bien en continuar con sus intentos de negociar sin condiciones. También sería sabio que terminara toda actividad clandestina contra el gobierno iraní realizada actualmente. Los medios occidentales harían bien en informarse sobre la verdadera naturaleza de la política y de la sociedad iraníes en lugar de adoptar el punto de vista de que lo que es mejor para Washington es mejor para Teherán. Y de nuevo, los medios debieran considerar el punto de vista ajeno a Washington en toda su cobertura internacional.
Para la izquierda, la respuesta es obvia. La situación en Irán ha cambiado. La popularidad aparente de Moussavi y otros reformistas oficialmente reconocidos lo mostró antes de la elección. La disputa por la veracidad de los resultados de la elección lo prueba aún más. Sin embargo, ni Ahmadineyad ni Moussavi representan un auténtico alejamiento del poder de la clase del bazar y su consejo clerical designado. El deseo de más libertades civiles debe ser coordinado con la necesidad de justicia económica. Ambas aspiraciones se enfrentan actualmente. Parece obvio que sólo un movimiento izquierdista puede unificarlas en una nación dividida entre sus ciudades y su campo; su clase media y sus trabajadores y habitantes rurales. Fue el caso antes de la toma del poder de la revolución iraní por fuerzas religiosas socialmente conservadoras en 1980 y podría volver a serlo.
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Ron Jacobs es autor de “The Way the Wind Blew: a History of the Weather Underground, que Verso acaba de publicar. Su primera novela “Short Order Frame Up”, está publicada en Mainstay Press. Puede contactarse con él en: rjacobs3625@charter.net
http://www.counterpunch.org/jacobs06152009.html
Obama e Israel: La montaña parió un ratón

Es obvio que Barack Obama e Israel nos están ofreciendo una función teatral que ya conocemos: miradas amenazadoras, fanfarronadas, ¡cuidado!, podría enfadarme…, mientras el gobierno de Netanyahu se pone intransigente. ¿Qué pasará? ¿Será Obama, por fin, quien obligará a este Estado delincuente a respetar el derecho internacional? Algunos contuvieron la respiración.
Los medios de comunicación nos hablan de la «firmeza» del presidente estadounidense. ¿De qué firmeza se trata? Todavía esta mañana, la agencia France Presse escribía: «El presidente estadounidense Barack Obama afirmó el lunes, antes de su partida hacia Oriente Próximo, la necesidad de una cierta firmeza hacia Israel con respecto a la creación de un Estado palestino y la colonización en los territorios». ¿Hemos oído bien? ¿Obama no reclama el desmantelamiento de las colonias israelíes en los territorios palestinos ocupados, ni el fin de la ocupación, ni el levantamiento del bloqueo de Gaza, ni el pago de la factura por las enormes destrucciones de la Franja de Gaza?
Obama no exige a Israel que devuelva a los palestinos lo que les robó. Ni todo ni parte. Las «exigencias» de Obama consisten en reclamar «la congelación de las colonias»: ¡ustedes no pueden construir colonias nuevas! ¿Y dónde se establecerá el Estado palestino ahora que los israelíes se han anexionado más del 89% de las tierras palestinas, incluido Jerusalén Este? ¿Qué bantustanes quiere proponer Obama?
Se atreve a representar otra vez el cuento del «pulso», el gobierno israelí juega la carta de las «concesiones imposibles» y muy «dolorosas» para conseguir que se ratifique, como de costumbre, la política de hechos consumados, ya bien ensayada, que consiste en robar, anexionar casi todo el terreno y después fingir que se detiene cuando ya no queda nada que robar.
Cada vez que se lleva a los dirigentes israelíes a una mesa de negociación, donde siempre acaban tomando una decisión «dolorosa», como Sharon con la famosa «retirada de Gaza» en 2005, se trata de una engañifa. Una manera de ganar tiempo y hacer que se crea en su «buena voluntad». Los israelíes nunca han cedido nada, ni siquiera en Gaza donde la retirada de 7.000 colonos, transferidos a Cisjordania, lejos de liberar a los gazatíes, vino acompañada del encierro desde el primer día.
Israel no ha aceptado nunca, ni por un instante, dejar el más mínimo control de sus propias fronteras a los habitantes de Gaza, ni la posibilidad de comunicarse con sus hermanos de Cisjordania. La famosa «retirada» permitió exactamente poner a resguardo a 7.000 israelíes que de esa forma no tendrían que sufrir los bombardeos que su ejército podría seguir perpetrando con total tranquilidad.
Las personas honradas también saben lo que ha conseguido enmascarar «el proceso de paz de Oslo». La opositora israelí Tanya Reinhart analiza perfectamente en su libro «Destruir Palestina» esa ostentación integral. Reinhart demostró con claridad que no solamente los israelíes duplicaron el número de colonos en Cisjordania durante los 7 años de negociaciones, sino que además en ningún momento han aceptado el desmantelamiento de los principales bloques de colonias, ni la devolución de Jerusalén Este, ni dejar la más mínima autonomía y viabilidad para un Estado palestino que ya estaría desgajado en varias partes y privado del acceso a las fronteras.
En la actualidad, la derecha israelí juega la carta de la intransigencia donde «todo depende de nosotros» y del derecho a la «expansión natural de las colonias existentes».
«Cuando el presidente estadounidense exige la congelación de la construcción, incluidas las guarderías (en las colonias), se aleja de los acuerdos entre Israel y el presidente Bush», declaró ayer en la radio pública el ministro de Medio Ambiente Gilad Erdan, un allegado al Primer Ministro Benjamín Netanyahu. «En 2004, Bush indicó en una carta que la construcción podría continuar en los grandes bloques de asentamientos de Judea-Samaria (Cisjordania), y en virtud de ese texto, Israel evacuó inmediatamente una veintena de colonias de la Franja de Gaza», añadió.
Ya conocemos esa canción: el gobierno de Netanyahu –o el que toque- hará como si cediera en ese punto (la congelación de las colonias) y todo el mundo soltará un gran suspiro de alivio.
Israel puede mantener todas sus colonias, seguir ocupando los territorios palestinos, anexionar Jerusalén, dejar en su sitio el muro del apartheid y los cientos de puestos de control, continuar haciendo la vida imposible a los millones de palestinos que viven en algunos bantustanes y seguir matando de hambre al otro millón y medio del gueto de Gaza. Por supuesto podrá seguir negando a los refugiados palestinos el derecho de retorno a su tierra y condenarlos a seguir siendo el único pueblo del mundo en esa situación, a pesar de todas las leyes internacionales que estipulan que ese derecho de retorno es inalienable.
Pero nos sentiremos aliviados: ¡Nada de nuevas guarderías en las colonias! (¿Pero quizás sí nuevas piscinas para colonos, carreteras de circunvalación o «zonas de seguridad»?).
Los israelíes habrán hecho una «dolorosa concesión» y eso es lo que cuenta ¿No? Los colonos aullarán, amenazarán… y entonces se dirá, como se dijo del carnicero Sharon convertido en un gran pacifista: «¡Qué valiente este gobierno israelí que se enfrenta a la presión de una parte de la población, de los parlamentarios y del gobierno!». Y mientras se habla de los hipotéticos hijos de los colonos privados de guarderías, Israel podrá seguir masacrando a los niños palestinos, expulsando a los palestinos, destruyendo sus casas, arrancando sus olivos, encarcelando y torturando a miles de hombres, mujeres y niños palestinos.
También podrá seguir ejerciendo su racismo sin complejos negando los mismos derechos a los ciudadanos judíos o no judíos del país sin que ningún gobierno o institución se lo impida. Los informes de investigación sucederán a otros informes de investigación cuando las masacres sean un poco más descaradas. Y se seguirá desplegando la alfombra roja ante todos esos criminales de guerra presentándolos como personas valientes que han hecho propuestas realmente ventajosas que esos terroristas palestinos no han querido aceptar.
¿Y Obama, como Clinton, nos repetirá la escena del «Hice lo que pude», pero los palestinos han hecho fracasar las negociaciones? ¿Por qué un Estado delincuente iba a obligar, por otra parte, a otro delincuente a comportarse de forma ética? Obama acaba de incrementar el presupuesto militar de Estados Unidos y de enviar más tropas a Afganistán. ¿Es así, en realidad, como emprende el camino de la paz y la justicia?
La opinión pública cada vez es menos ingenua. Ya sabe que no podemos contar con nuestros dirigentes para hacer que se apliquen el derecho de los pueblos a la autodeterminación, el derecho internacional y la justicia. Por eso debemos seguir pidiendo cuentas a Israel y considerarlo un paria mientras prosiga esta macabra representación. La campaña de boicot a Israel debe seguir ganando influencia en todo el mundo.
Texto original en francés: http://oumma.com/Obama-et-
¿Cuál es la responsabilidad del gobierno español y de la UE en el genocidio de Gaza?

Pascual Serrano / Rebelión
Una vez entendido esto, es el momento de analizar cuál ha sido el comportamiento del gobierno Zapatero y de la Unión Europea con respecto a las partes en conflicto. En primer lugar, podemos observar en el informe estadístico del Ministerio de Industria y Comercio (página 57), que España vendió a Israel armamento de Defensa por valor de 4.353.309 euros en el año 2007. De esa partida, 4.224.029 euros fueron para equipos de registro y proceso de imagen, formación de imágenes de infrarrojos o térmicos y sensores de imagen por radar. Por lo tanto, podemos deducir que los equipos militares de localización mediante infrarrojos sistemas térmicos y los sensores utilizados para alcanzar los mil muertos que hay en Gaza, el 42 % de ellos mujeres y niños según las autoridades sanitarias palestinas apoyadas por el coordinador de la ayuda humanitaria de las Naciones Unidas, se los ha proporcionado el gobierno español. Otra de las partidas vendidas, por 104.880 euros, es la destinada a “fusiles, carabinas, revólveres, pistolas, ametralladoras, silenciadores, cargadores y visores”, más otros 36.400 euros para municiones. Por lo que algunos de esos mil muertos probablemente han sido abatidos con armas y municiones enviadas por España. A todas estas exportaciones hay que añadirles otros casi seiscientos mil euros en material calificado de doble uso, civil o militar.
En cuanto a 2008, el último informe remitido por el gobierno al Congreso revela que en el primer trimestre del año se vendió a Israel material bélico por valor de 1.551.833 euros, prácticamente en su totalidad destinado a las Fuerzas Armadas. En esta ocasión, según fuentes militares, también era para “equipos de formación de imágenes de infrarrojos y térmicas, y equipo sensoriales de imagen por radar utilizados para la localización nocturna de objetivos” [1] , ademásde armas de cañón del tipo de fusiles, pistolas y ametralladoras.
A todo ello hay que añadir el papel de la Unión Europea, de la que España forma parte. Según las últimas estadísticas de Bruselas, en 2007 los Estados miembro autorizaron la exportación de armas a Israel por valor de 200 millones de euros [2] . Francia es, con mucho, el principal proveedor al Estado judío de armas europeas. Aunque existe un código de conducta de la UE sobre exportación de armas desde 1998, lo supervisa los Estados miembros, no Bruselas, de modo que cada país hace lo que quiere. Así, Bulgaria, Alemania, Polonia, Rumanía y Reino Unido exportaron a Israel armas pequeñas y munición. La República Checa, Alemania, Rumanía y Eslovenia suministraron a Israel "armas ligeras", esto es, aquellas que requieren de dos a tres personas para manejarlas, como bombas, torpedos o accesorios explosivos; y Bélgica, Francia y Rumanía enviaron aviones y material relacionado con ellos.
El portavoz de la Campaña contra el Comercio de Armas con sede en Reino Unido, Kaye Stearman, señaló desde su página web que “Naciones Unidas y observadores imparciales han documentado regularmente cómo las acciones militares de Israel han violado el derecho humanitario internacional. A pesar de que el propio Criterio Consolidado de Licencias de Exportación de Armas de la UE y Nacional de Reino Unido se supone que evalúa tanto el impacto que tienen las ventas de armas en la paz, la seguridad y la estabilidad regionales, como los antecedentes de respeto de los derechos humanos del país, parece que todo esto se ignora en el caso de Israel” [3] .
Lógicamente para que Israel pueda pagar todas esas armas necesita fondos. La UE es hoy el primer socio comercial de Israel, después de firmar en 1995 un Acuerdo de Asociación Económica Preferencial que entró en vigor en el año 2000. Dicho acuerdo, aplicado en el marco de la Política de Vecindad Euro-Mediterránea, se desarrolla a través de un Plan de Acción Común aprobado por ambas partes (Israel y la Unión Europea) y renovable cada tres años. Lo curioso es que ese tratado, en su artículo 2, establece la suspensión en el caso de que una de las partes vulnere los derechos humanos y el derecho internacional. A pesar de ello, ni el gobierno español ni autoridad ejecutiva alguna europea ha puesto en marcha dicha medida. Es más, en octubre de 2006 se firmó un acuerdo de cooperación militar entre la OTAN e Israel [4] , gracias al cual militares españoles viajaron en verano de 2007 a entrenarse a Israel [5] .
Ahora veamos el papel de la diplomacia española y europea. El 12 de enero, con 917 palestinos muertos, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, denunciaba las “graves violaciones” de Israel en Gaza, pero lo hizo con la abstención de los representantes de la UE, esos mismos que, en cambio, sí votaban las condenas a Cuba cuando las proponía Estados Unidos en la anterior Comisión de Derechos Humanos. La resolución fue propuesta por los países árabes, africanos y asiáticos y aprobada con 33 votos a favor, trece abstenciones (los países europeos, Japón y Corea del Sur) y un voto en contra (Canadá). EEUU no forma parte de ese organismo.
El texto indicaba que el Consejo “condena firmemente las actuales operaciones militares israelíes [...] que han causado violaciones masivas de los derechos humanos del pueblo palestino y la destrucción sistemática de las infraestructuras palestinas” y también pedía que “se ponga fin al lanzamiento de cohetes contra civiles israelíes, que ha causado la muerte de cuatro civiles” [6] , aunque advertía de que los ataques israelíes habían causado alrededor de 900 muertos y 4.000 heridos, y esto parece que no gustó a los representantes europeos.
En cuanto a acciones diplomáticas individuales del gobierno español, ni siquiera se ha considerado llamar a consultas al embajador israelí. Países como Venezuela o Jordania han retirado a su embajador en Tel Aviv o expulsado al represente israelí.
La conclusión a la que podemos llegar es evidente: los europeos garantizamos la buena salud de la economía israelí mediante un acuerdo comercial preferencial, gracias al cual le vendemos armamento y entrenamos conjuntamente nuestros militares; después, nos negamos a condenarlo en la ONU. Ahora, vayamos a mirar las fotos de los niños palestinos muertos y nuestras manos.
[2] EUobserver 7-1-2009
[3] Leigh Phillips. La Unión Europea exporta armas a Israel por valor de 200 millones de euros. EUobserver. 10-1-2009 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=78740
[4] Il Manifesto. 26-10-2006. Ver en español http://www.tlaxcala.es/pp.asp?lg=es&reference=1570
[5] Santiago González. España envía militares a Israel para entrenarse con los aviones espías comprados. CSCA 26-8-2007 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=55333
Nos preguntaremos por qué odian tanto a Occidente

| Traducido para Rebelión por LB |
¿Acaso hemos olvidado a los 17.500 muertos -casi todos los civiles, la mayoría de ellos niños y mujeres- que dejó en 1982 la invasión israelí del Líbano? ¿O los 1700 civiles palestinos muertos en la masacre de Sabra-Chatila? ¿O la masacre de Qana (Canaán) de 1996, en la que los israelíes mataron a 106 civiles libaneses, más de la mitad de ellos niños, refugiados en una base de Naciones Unidas? ¿O la masacre de los refugiados de Marwahin a los que en 2006 los israelíes ordenaron salir de sus hogares para acto seguido asesinarlos a tiros desde un helicóptero artillado? ¿O los 1000 muertos de ese mismo año 2006 durante los bombardeos e invasión del Líbano, casi todos ellos civiles?
Lo realmente asombroso es que tantos líderes occidentales, tantos presidentes y primeros ministros y, mucho me temo, tantos editores y periodistas, hayan dado por bueno el viejo bulo de que los israelíes ponen mucho cuidado en evitar víctimas civiles. "Israel hace todo lo posible por evitar bajas civiles", volvió a recitar otro embajador israelí tan sólo unas horas antes de la masacre de Gaza. Y cada presidente y primer ministro que repite este embuste como pretexto para evitar un alto el fuego tiene sus manos chorreantes de sangre derramada durante la carnicería de la noche anterior. Si George Bush hubiera tenido el valor de exigir un alto el fuego inmediato 48 horas antes, esos 40 civiles, ancianos, mujeres y niños, aún estarían vivos.
Lo que pasó no solo fue vergonzoso. Fue abominable. ¿La palabra “crimen de guerra” es quizás una descripción demasiado fuerte? En realidad, ése es el nombre que daríamos a esta atrocidad si la hubiera cometido Hamas. Así pues, un crimen de guerra, me temo, lo fue. Después de haber informado sobre tantos asesinatos en masa perpetrados por los ejércitos de Oriente Medio -por las tropas sirias, por las tropas iraquíes, por las tropas iraníes, por las tropas israelíes- supongo que la reacción que cabe esperar de mí es el cinismo. Ahora bien, Israel declara estar librando por nosotros la guerra contra el "terrorismo internacional". Los israelíes dicen que están combatiendo en Gaza por nosotros, en nombre de nuestros ideales occidentales, en aras de nuestra seguridad y sujetándose a nuestras normas. De modo que también somos cómplices de la barbarie que se está inflingiendo a Gaza.
En mis crónicas he informado sobre las múltiples excusas que el ejército israelí nos ha condimentado en el pasado para justificar esos ataques. Dado que existe la posibilidad de que Israel vuelva a servírnoslas recalentadas en las próximas horas, examinemos aquí algunas de ellas: son los palestinos quienes han matado a sus propios refugiados; los palestinos han desenterrado cadáveres de los cementerios y los han plantado entre las ruinas; en última instancia los palestinos tienen la culpa de las muertes porque apoyan a una facción armada o porque palestinos armados han utilizado deliberadamente a inocentes refugiados como escudos humanos.
La masacre de Sabra y Chatila la ejecutó la Falange Libanesa, fuerza derechista aliada de los israelíes, mientras las tropas israelíes se quedaron mirando durante 48 horas sin mover un dedo para impedir la masacre, como lo puso de manifiesto la comisión de investigación que dictaminó sobre el caso. Cuando se culpó a Israel, el gobierno de Menachem Begin acusó al mundo de lanzar contra Israel un libelo de sangre. Cuando en 1996 la artillería israelí disparó proyectiles contra la base de la ONU en Qana los israelíes dijeron que en la base se escondían milicianos de Hezbolá. Mentira. Con respecto a los más de 1.000 muertos del año 2006 –esta guerra comenzó cuando Hezbolá capturó en la frontera a dos soldados israelíes-, los israelíes simplemente ignoraron los reproches que se les hacían, limitándose a atribuir a Hezbollah la responsabilidad de esas muertes. Israel dijo que los cadáveres de los niños que el fuego israelí mató en el curso de una segunda masacre en Qana pudieron haber sido transportados allá desde un cementerio. Mentira. Los israelíes nunca dieron ninguna explicación sobre la masacre de Marwahin, ocurrida después de que ordenaran huir a los habitantes de la aldea. La población obedeció las órdenes israelíes pero fueron atacados por un helicóptero artillado israelí. Los refugiados cogieron a sus hijos y los mantuvieron agrupados en torno a la camioneta en la que viajaban para que los pilotos israelíes pudieran ver que se trataba de personas inocentes. El helicóptero israelí los ametralló a todos a corta distancia. Sólo sobrevivieron dos, que fingieron estar muertos. Israel ni siquiera pidió disculpas.
Doce años antes, otro helicóptero israelí atacó a una ambulancia que transportaba civiles de una aldea vecina –también a ellos los israelíes les habían ordenado salir de Israel- y mataron a tres niños y a dos mujeres. Los israelíes argumentaron que en la ambulancia había un combatiente de Hezbolá. Mentira. Yo cubrí informativamente todas esas atrocidades, las investigué todas, hablé con los supervivientes. Lo mismo hicieron numerosos colegas míos. Nuestro destino, por supuesto, fue ser blanco del más calumnioso libelo: nos acusaron de ser antisemitas.
Por todo ello escribo lo siguiente sin la menor vacilación: pronto volveremos a escuchar esa sarta de escandalosas mentiras. De nuevo vamos a escuchar la mentira de que el culpable es Hamas –y bien sabe Dios que se le pueden imputar cosas sin necesidad de añadir este crimen-; es posible que nos obsequien con la mentira de los cadáveres extraídos del cementerio, es casi seguro que tratarán de endilgarnos el embuste de que Hamas estaba en la escuela, y no hay la menor duda de nos vilipendiarán acusándonos de antisemitismo. Y nuestros líderes mascullarán, rezongarán y recordarán al mundo que fue Hamas quien rompió el alto el fuego. Otra mentira. Fue Israel quien lo rompió, primero el 4 de noviembre cuando bombardeó Gaza y mató a seis palestinos, y de nuevo el 17 de noviembre, cuando otro bombardeo israelí mató a cuatro palestinos más.
Sí, los israelíes merecen gozar de seguridad. Veinte israelíes muertos alrededor de Gaza en el espacio de 10 años es ciertamente una cifra triste. Pero 600 palestinos muertos en poco más de una semana –y millares de palestinos muertos desde 1948, cuando la masacre que los israelíes perpetraron en la aldea palestina de Deir Yassin azuzó el éxodo de los palestinos de esa parte de Palestina que se convertiría más tarde en Israel- es una cifra que nos sitúa en una magnitud diferente. Esto ya no se parece a uno de esos derramamientos de sangre típicos de Oriente Medio, sino a una atrocidad equiparable a las de guerras balcánicas de la década de 1990. Y, naturalmente, cuando un árabe se agite con furia incontrolada y proyecte su ira ciega e incendiaria contra Occidente, diremos que no tenemos nada que ver con ello. ¿Por qué nos odian?, nos preguntaremos. Pero no digamos que ignoramos la respuesta.
Humanizar a Occidente

Doscientos muertos, trescientos, cuatrocientos, qué más da ahora mismo cien arriba o abajo. Son más de cinco mil desde que dio comienzo la segunda intifada y muchos miles más desde que existe Israel hace sesenta años sin que la ONU, la OTAN, la UE ni ninguna otra organización internacional hayan hecho otra cosa que recompensar a Israel por su política genocida en Palestina.
Israel fue admitido en la comunidad internacional como un Estado más, aunque se estableció en 1948 mediante la masacre y la expulsión de los palestinos que vivían pacíficamente en sus tierras hasta ese momento. Israel se mantiene financiado y armado por Estados Unidos a pesar de sus guerras y agresiones contra países vecinos. Israel ha sido premiado con un acuerdo político, económico y científico preferencial con la Unión Europea, aunque emplea sistemáticamente tanques y cazabombarderos contra la población palestina –de la que el 50% es menor de edad-, la cual mantiene bajo ocupación militar desde hace cuarenta años.
Los gobiernos de Estados Unidos, la Unión Europea y España informan habitualmente a sus votantes de que “apoyan totalmente a Israel, sean cual sean las circunstancias”, como aseguró hace poco el ministro español de asuntos exteriores, así que la consecuencia lógica es que Israel haya matado ayer sábado a casi tres centenares de seres humanos como si fueran alimañas sin derecho alguno.
La lista de violaciones de la ley internacional por parte de Israel es tan larga como la de los árabes que ha matado en Palestina, Líbano, Iraq, Siria, Jordania, etc. La naturalidad y la tranquilidad, cuando no la sorna, con las que los líderes israelíes amenazan constantemente con castigos y con la muerte a los palestinos, revelan un carácter que se asocia a psicópatas de películas de la serie B y no a personas en cuyas manos –armadas con bombas nucleares- está la paz del mundo. Para más INRI los occidentales consideran un crimen criticar a Israel, para colmo de males el asesinato de palestinos se considera en Occidente como un mal menor necesario para que avance el proceso de paz.
Los que en Occidente alaban a la “única democracia en Oriente Medio” son cómplices de sus asesinatos, como lo son los israelíes que votan a los políticos que los ordenan. Hace muchos años que el significado de la palabra democracia ha sido pervertido, así como el de derechos humanos, ONU, derecho internacional, paz mundial y otras que usan los poderosos para justificar la imposición de su voluntad sobre los débiles.
Resulta increíble que el gobierno de Hamas en la Franja de Gaza haya ofrecido apenas cuatro días antes de esta última matanza, el 23 de diciembre, renovar la tregua, la cual ha respetado durante meses a pesar de que Israel ha mantenido y aumentado su cruel asedio contra Gaza en ese tiempo, tregua que rompió en un claro acto de provocación a primeros de diciembre con el asesinato de cuatro palestinos.
La ingenuidad de Haniye y su equipo contrasta agudamente con la perversión del primer ministro israelí Olmert y su ministro de defensa Barak. Al mismo tiempo, mientras periodistas árabes y algunos observadores han reflexionado en los días pasados sobre las señales evidentes del ataque israelí, la prensa occidental narcotizaba a la opinión pública para apoyar, una vez más, las acciones terroristas de Israel.
En el último mes Israel expulsaba de Gaza a periodistas, internacionalistas, delegaciones extranjeras, negaba el paso a diplomáticos y al relator de las Naciones Unidas, aumentaba el asedio, reducía aún más el paso de alimentos, medicinas y combustible. Al mismo tiempo amenazaba con agredir a los palestinos. Occidente dejaba de lado estas señales y criticaba a Hamas por dar por finalizada la tregua.
Ha quedado claro una vez más el concepto de derechos humanos y derecho internacional para los gobernantes occidentales, así como el concepto de prensa libre al servicio de la verdad y la justicia. Ríete de Radio Mil Colinas, enorgullécete de vivir entre la crème de la crème de la civilización judeo-cristiana mundial.
Ahora es el tiempo de las editoriales de prensa y de las declaraciones gubernamentales que amonestan a Hamas por terminar la tregua, léase por no aceptar que Israel es el pueblo elegido por Dios y por Estados Unidos. Es el tiempo de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que piden el cese de la violencia a las dos partes, como si ocupante y ocupado, agresor y víctima, potencia nuclear y población desnutrida, fuesen dos contendientes en igualdad de derechos y condiciones.
Si se tiene la suerte de no ser editorialista ni político, es el tiempo de preguntarse cómo ha de responder un ser humano ante la falta de humanidad tan abyecta de la que somos testigos. Confiar en la ONU, creer en la declaración universal de los derechos humanos, reclamar la acción de la comunidad internacional, pedir a Israel que detenga los ataques… es proteger al agresor, es inhibirse ante su acción, es mirar para otro lado.
Resulta difícil pensar en un mundo –en particular en Occidente- más deshumanizado y cruel. Si aquí nadie es capaz –ni en Navidad- de “apiadarse de la víctima”, de “no hacer al otro lo que no quieres que te hagan”, “de estar junto al desheredado y oprimido”, es lo más probable que otros en Oriente Medio defiendan al débil, protejan al perseguido y castiguen al agresor con los medios a su alcance.
Ya que la democracia, la ONU, la OTAN y el proceso de paz no valen en absoluto para proteger los derechos humanos de las víctimas de Israel y sus aliados, ni para hacer a éstos más humanos, hay que esperar que las operaciones de la resistencia intenten por todos los medios conseguir esa protección y –de rebote, no por propia iniciativa- que los demás recuperen algo de su humanidad.
En el peor de los casos, si no triunfan, al menos con el Apocalipsis que nos aguarda se acabarán los sufrimientos de las víctimas y comenzará el rechinar de dientes de los agresores.






