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Orlando Zapata. A modo de cierre. Guillermo Toledo.

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“Caso Zapata”
A modo de cierre

El actor Willy Toledo escribe para ELMUNDO.es un texto en el que argumenta su posición sobre Orlando Zapata y los derechos humanos en Cuba y España.

“Raros son esos tiempos felices en los que se puede pensar lo que se quiere y decir lo que se piensa” (Tácito)

La enorme relevancia pública que han adquirido unas breves palabras pronunciadas por mí el pasado 2 de marzo, en el marco de una actividad cultural ajena a la cuestión que allí me fue planteada, su desmesurada propagación, su equivocado tratamiento por ciertos medios y el ulterior desarrollo de los acontecimientos, convierten en necesaria una explicación más templada, más serena, sobre el significado de tales declaraciones y, sobre todo, de la intención con que fueron vertidas.

Vaya por delante, primero que otra cosa, mi profundo disgusto, mi enorme pesar porque las valoraciones que realicé acerca de don Orlando Zapata, fallecido en una prisión cubana como consecuencia de una huelga de hambre emprendida contra el Gobierno de Cuba, puedan haber sido interpretadas a modo de ataque personal hacia la memoria del Sr.Zapata, hacia sus opiniones o hacia su reputación. No fue ésa mi intención. Si, pese a ello, así se hubiere recibido y asumido, lo lamento y pido, nuevamente, disculpas a su familia y allegados.

Quienes me conocen saben de mi trayectoria personal comprometida con la defensa e implantación de los derechos humanos en todo el mundo. Desde tales posiciones y convicciones, pienso sinceramente que en nuestra sociedad occidental existe una lamentable incomprensión acerca de la realidad latinoamericana en general y de la cubana, en particular, que conduce a utilizar -en particular con Cuba- un doble rasero a la hora de examinar y valorar sus hazañas y sus miserias.

A Cuba le imparten clases de derechos humanos los mismos que planean y ejecutan “guerras preventivas”; le exigen respeto a las garantías penales y procesales quienes miran a otro lado cuando se menciona Abu Grahib o Bagram, quienes crean y mantienen Guantánamo o le dan carta de naturaleza, consintiendo que vuelos secretos con personas secuestradas hagan escala en su territorio o acogiendo en su sistema penitenciario a sus “presos”.

A esa isla, con una trayectoria antigua y ejemplar en su defensa contra los distintos intentos de potencias extranjeras de expoliar sus recursos y su dignidad, condenada a sobrevivir en soledad, se le recrimina su pobreza, mientras se mantiene un bloqueo económico asfixiante.

Un bloqueo que no es sino una forma de intervención en sus asuntos internos porque genera -y bien lo saben quienes lo propician- dolor y descontento en los ciudadanos, y potencia la burocratización y el anquilosamiento en sus estructuras de poder. De Cuba se pretende, en fin, que acepte las reglas de la democracia formal en un contexto geopolítico que inexorablemente las transforma en retórica hueca, en coartada para las injusticias y la corrupción.

Informes de denuncia

En estos días se me viene reprochando -en términos hasta injuriosos- haber denunciado la escasa calidad democrática de muchas de nuestras instituciones y prácticas públicas. También en esta materia mis razones, por desgracia, no son sólo mías.

Si atendiéramos con más interés los recientes informes de Amnistía Internacional sobre el estado de los derechos humanos en España, como el hecho público en noviembre de 2009 ["Sal en la herida: la impunidad efectiva de agentes de policía en casos de tortura y otros malos tratos"], sabríamos que las denuncias contra agentes de las fuerzas policiales nacionales, autonómicas y locales de toda España encargadas de hacer cumplir la ley están contrastadas y documentadas.

Además, la honda preocupación de Amnistía Internacional es también sentida y compartida por organismos tan poco sospechosos de manipulación o sectarismo como el Comité contra la Tortura, el Relator contra la Tortura de las Naciones Unidas o el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura: en tal sentido resultan bien elocuentes los informes de las Naciones Unidas sobre la tortura en España suscritos por los comisionados especiales de la organización, Theo van Boven y Martín Scheinin.

¿Y qué decir de la situación de los Centros de Internamiento de Extranjeros en España? Como mínimo, que no resultan menos preocupantes en términos de vulneración de derechos fundamentales, y que su documentación es igualmente amplia.

Sólo a título de ejemplo cabe mencionar el informe de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), que elaboró el pasado año en colaboración con el Servicio Jesuita de Ayuda al Refugiado. Este informe es el resultado de una investigación realizada en tres de los ocho Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE) que existen en España.

En este documento se denuncia que esas instalaciones (donde se retiene a los inmigrantes que van a ser expulsados del territorio nacional por lo que son, no por lo que han hecho) constituyen “un agujero negro de los derechos humanos”.

En términos semejantes se expresa el informe hecho público también en los últimos meses del pasado año, realizado por SOS Racismo, Médicos del Mundo y Ferrocarril Clandestino: la falta de transparencia, el sistema impune de maltrato a los allí retenidos y el avasallamiento, en fin, de los más elementales derechos humanos, son sus más destacadas conclusiones.

O qué decir del desconocimiento de las condiciones de vida y garantías jurídicas, incluso de su propia existencia, del centro de internamiento para africanos que intentan llegar a las costas españolas, en Nouadhibou -Mauritania-, construido con financiación española con fondos de la Unión Europea (según el informe Frontera Sur de la APDH-Andalucía).

Mirada crítica

Podríamos hablar también sobre las denuncias de un sindicato de policía frente a la última circular del Ministerio del Interior sobre los procedimientos de detención de inmigrantes irregulares, que lo tachan en algunos aspectos de ilegal (véase www.inmigrapenal.com).

No intento comparar el régimen cubano y el español, sino simplemente decir que como ciudadanos tenemos el derecho y, en mi opinión, la obligación de mirar dentro de nuestras fronteras y con mirada ciertamente crítica.

Hasta aquí algunas de mis razones, sobre las que sostengo mis pensamientos y en las que apoyo mis opiniones. Porque así han de ser valoradas mis recientes palabras, como juicios subjetivos, como valoraciones personales de mi entorno, expresadas tal vez sin demasiada destreza, sólo soy un ciudadano, un actor -en el ejercicio de un derecho que me asiste y que va más allá del derecho a la libertad de expresión, un derecho más íntimo: el de vivir en armonía con mis convicciones.

Por ultimo, una reflexión: intuyo que lo desproporcionado de la reacción a mis palabras se sustenta no en el hecho de la realidad de las opiniones expresadas, pues hay, como hemos visto, estudios de sobra contrastados y públicamente denunciados, sino en la inquietud que genera que esa misma realidad, expresada en libertad por un personaje conocido, anime algo más al personal a ponerse a investigar. Y eso les lleve a hacerse la misma pregunta que me hago yo, que se hacen tantos: ¿es esto una democracia real? ¿de verdad tenemos tantas lecciones que dar?

Sobre lamentable muerte del preso cubano Orlando Zapata.

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Sobre lamentable muerte del Sr. Zapata.

Gabriel Coderch Díaz, Coordinador General
Grupo Reflexión y Solidaridad Oscar A. Romero

Mis queridas/os hermanas/os:

Ante la campaña de los medios de difusión y la manipulación del caso Zapata, queremos expresar lo siguiente.

El pasado 23 de febrero fallecía en La Habana Orlando Zapata, quien al parecer contaba con un amplio historial delictivo, no precisamente político, que desde diciembre,. estaba en huelga de hambre, tras no otorgársele ciertas demandas como poseer teléfono propio y cocina en su celda, y que manipulado por grupos disidentes, no aceptaba la intervención médica a pesar de las persuasiones que se le realizaron, lo que motivó un deterioro de su salud física, ya que los médicos pudieron actuar en la medida en que el se los permitió, no dejando que se le alimentara de ninguna forma.

Los que le manipularon y orientaron son los mismos que en otros momentos trataron de llevar a cabo ayunos prolongados tras toda una propaganda que se gestaba dentro de Cuba y que buscaba repercusión en los medios de comunicación extranjeros, y que cuando se veían al borde de un desenlace fatal deponían tal actitud.

La sociedad cubana desde los últimos 50 años, no ha vivido desapariciones ni asesinatos extrajudiciales. En muchas ocasiones nos llegan correos electrónicos donde se habla de miles de policías en las calles, tanques, detenciones arbitrarias, etc. Sin embargo, al leerlas solo cabe además de la indignación, la risa, ante tales acusaciones, carentes de toda veracidad. El martes 23, así como ayer miércoles 24 y hoy día 25, la vida en esta ciudad, así como en otras fue tranquila. Salimos a la calle y la vida no se veía alterada. Nos dimos a la tarea de averiguar con familiares y amigos, algunos ni siquiera adeptos al proceso revolucionario, que repercusiones tenía el deceso del Sr. Orlando Zapata. Muchas personas ni siquiera sabían de la existencia del mismo, ni su dirigencia en los grupos contrarrevolucionarios, los cuales no cuentan con respaldo de la población, entre otras cosas, por la poca credibilidad de estas personas en el escenario social cubano.

Las personas contactadas afirmaron que la vida en las calles era la misma y que no veían ni fuerzas policiales ni soldados en calles a no ser lo normal en el funcionamiento de fuerzas del orden en el actuar cotidiano.

Ayer el Presidente Raúl Castro lamentó la muerte del preso cubano Orlando Zapata Tamayo, quien falleciera como resultado de la relación con Estados Unidos.

Lamentablemente, la vida de un ser humano, se ha puesto en juego y sirve para manejo de intereses de la política asociada a lo mas reaccionario de los cubanoamericanos de Miami y de todos aquellos que toman su muerte como martirio.

Como cristianos no podemos gozarnos en el dolor de los familiares y pedimos a Dios por el alma de Orlando. Sin embargo no reconocemos en su muerte a un mártir ni a un profeta, sino una muerte sin sentido. Su causa no es dar pan al necesitado ni restaurar la dignidad humana perdida.

Desgraciadamente el Sr. Zapata se fanatizó y cayó en el juego de la política anticubana, política podrida desde la raíz y que su muerte no puede verse libre de la sospecha de estar siendo utilizada tendenciosamente a favor de intereses que no son los del pueblo cubano en su mayoría.

No vivimos hoy momentos de confrontación social en lo interno. Que hay cosas que cambiar, las hay. Que debemos democratizar nuestras estructuras, es cierto, pero todo ello dentro del proceso socialista, porque no deseamos la vuelta al capitalismo. Nuestra opción es clara, no queremos adoptar posturas de falsa prudencia ni hacer ejercicio de equilibrio a un supuesto centro.

Para terminar, queremos señalar que los seres humanos nos desplazamos en lo político y nuestro contexto refrendatorio es la solidaridad con el proyecto de liberación. Sabemos y asumimos la conflictividad necesaria en la defensa de los derechos de la mayoría, por lo que juzgamos proféticamente nuestra historia como proceso, con momentos dramáticos, pero siempre en referencia a una sociedad mejor.

Pronto algunas/os de nosotras/os podremos juntarnos en torno de la figura de Monseñor Romero, verdadero profeta y mártir y recoger el recuerdo de El y de tantos mártires latinoamericanos, para así seguir el ejemplo y la implicación socio política de tantos hombres y mujeres que han luchado por la justicia social.

Que Dios nos llene de su plenitud y seamos capaces de discernir en cada momento de nuestras vidas.

Incidente con el gobierno cubano. El extraño concepto de libertad de Luis Yáñez-Barnuevo

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Respuesta a un artículo del diputado socialista
El extraño concepto de libertad de Luis Yáñez-Barnuevo

Pascual Serrano, Carlos Fernández Liria, Belén Gopegui y Santiago Alba, Rebelión.

 El pasado 9 de enero escribía en Público el eurodiputado Luis Yáñez-Barnuevo su posición respecto al incidente con el gobierno cubano que no le permitió entrar a la isla. Yáñez comienza con una oda a a libertad:

Desde muy joven sentí que la libertad era una necesidad vital del ser humano que se valora especialmente cuando no se tiene, y entonces en España carecíamos de libertad. Ingresé en el clandestino PSOE en 1962, con 19 años, para luchar por la libertad. Quiero decir con ello que un demócrata, antes que socialista, popular, liberal, cristiano o de cualquier ideología, debe ser un defensor de las libertades.

Para, a continuación, acusar a Cuba:

Por todo ello, para mí la lucha contra la patología totalitaria de la derecha –que es el fascismo– y la patología totalitaria de la izquierda –que es el comunismo cuando llega al poder– es la misma lucha. No hay socialismo sin libertad pero es que, además, el comunismo en el poder empobreció, y empobrece, las condiciones materiales de sus pueblos, además de privarles de la libertad.

Y propone:

¿No podríamos PP, PSOE, IU, PNV y CiU mantenernos unidos en la defensa de la libertad allí donde se conculca, sea cual sea el disfraz que adopten los liberticidas?

Me pregunto de qué libertad habla el eurodiputado socialista: ¿La libertad de Cuba para poder comerciar con el resto del mundo? ¿La de poder comprar medicinas y tecnología médica? ¿La de poder recibir sin limitaciones las visitas de sus familiares residentes en Estados Unidos? Imaginemos, por ejemplo, un ciudadanos somalí en la Gran Vía madrileña. ¿Qué libertad tiene? Será encerrado en un centro de internamiento para emigrantes si no dispone de papeles. No puede buscar trabajo. Si no tiene dinero, ¿dónde está su libertad para viajar? O para tener una vivienda donde no morirse de frío, ¿puede ser libre sin dinero para comer? Si no le enseñaron a leer, ¿es libre para informarse? Y en nuestro país, ¿acaso no existen ciudadanos sin libertad para para presentarse a las elecciones? ¿No existe ningún partido ilegalizado ni ningún periódico cerrado? ¿Somos libres los españoles para poder criticar al rey -y toda la familia real y el príncipe-? ¿Libres para pedir transparencia en sus negocios? ¿O acaso esas críticas no son castigadas en nuestro país con pena de prisión que puede llegar hasta dos años? (Arts. 490.3 y 491.2 del Código Penal) ¿Es libertad la tortura y los malos tratos policiales denunciados en el informe anual de Amnistía Internacional? ¿Eran libres los presos secuestrados por la CIA que pasaron por nuestros aeropuertos? No escribió nada en la prensa Luis Yáñez cuando hace unos años el viceministro cubano de Educación, Rodolfo Alarcón, no pudo entrar a España invitado por la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE). Ni tampoco cuando, durante la Cumbre de Jefes de Estado de la Unión Europea en Barcelona, ocho autobuses fueron bloqueados en la frontera con Francia y al menos ocho mil personas se quedaron sin poder entrar en España, según denunció entonces la organización ATTAC.

Al hilo de su impedimento para entrar en Cuba dice Yáñez que “altas autoridades del poder cubano entran sin problemas en Europa y realizan su agenda en el Parlamento Europeo sin la menor cortapisa. Esa es la grandeza de la democracia”. En cambio no pueden entrar en Estados Unidos, ni siquiera en varias ocasiones al edificio de la ONU en Nueva York. ¿Dirá el eurodiputado que no hay democracia, por tanto, en Estados Unidos? ¿Irá allí también a protestar? Y Europa, ¿deja entrar a seres humanos del Tercer Mundo cuando no son “altas autoridades del gobierno”? ¿dónde queda entonces la libertad que proclama?

En su concepto de libertad, Yáñez habla de “poner a las personas por delante de abstracciones como la Patria, el Partido, Dios, la Revolución o las Ideologías”. Como señaló Salvador López Arnal en rebelion.org, ¿por qué el eurodiputado no incluye entre estas abstracciones el mercado, el capital, el máximo beneficio empresarial, la rentabilidad, la competitividad y términos afines? ¿O es que quizás -en su socialismo- esos sí van por delante de la libertad?

Dice también que ha “condenado el golpe de Estado en Honduras en este mismo periódico, porque era y es un gravísimo atentado contra la democracia y la soberanía popular”. Pero no mostró interés por ir a ese país a reunirse con los opositores, quizás porque algunos están en prisión, otros asesinados y su presidente legítimo asilado en una embajada.

No puede estar exento de contradicciones un artículo como el de Yáñez que afirma algunas tan absurdas como que “yo no había organizado ninguna cita o reunión en Cuba, pero sí 'pensaba' (¿leyeron en mi cerebro?) llamar a algunos de mis amigos como Manuel Cuesta Murúa, líder de la Corriente Progresista de Cuba, miembro de la Internacional Socialista, o Elisardo Sánchez, presidente de la comisión cubana de Derechos Humanos”. No había organizado ninguna cita ni reunión pero sí iba a llamar a algunos opositores. ¿Iba hasta La Habana para llamarlos porque no podía hacerlo desde Madrid? Y puestos a preocuparse por la libertad en Cuba, ¿por qué no se planteó visitar la prisión de Guantánamo? O al menos intentar llamarles también.

Al señor Yáñez-Barnuevo le importa un pimiento la libertad de la que tanto habla. Por eso no ha intentado viajar a Gaza, ni a Bagdad, ni a los campos de refugiados en Afganistán, ni a Arabia Saudí, ni a Marruecos ni a ningún otro país de África, de esos que disfrutan de un “marco de libertades” como el que propone para Cuba.

Termina el eurodiputado afirmando que “el futuro de Cuba le corresponde decidirlo a los cubanos. Desde fuera, a los que tenemos a Cuba en el corazón nos toca expresarles nuestra solidaridad y simpatía”. Quizás lo que le moleste es que no le dejen expresar su solidaridad de la misma manera que se la estamos expresando a los afganos. Y sí, estamos de acuerdo: el futuro de Cuba, como país soberano que es, le corresponde decidirlo a los cubanos. El futuro y el presente, habrá que añadir, y precisamente desde esa soberanía han decidido no aceptar una presencia que consideran inoportuna.

Cuba debate

En la imagen construida desde los discursos internos y externos a la isla, en ocasiones aparece una Cuba monolítica, uniforme, despojada de toda confrontación de ideas. Unos porque presentan la unidad en el proyecto revolucionario como unanimidad, y la justeza del ideario revolucionario como una realidad ya lograda, acabada, perfecta, libre de otras contradicciones que no sean las antagónicas que nos enfrentan al imperialismo. Los otros porque, en su afán de denigrar al socialismo, dan como una verdad incuestionable la falta de espacios y posibilidades para un pensamiento crítico, cuestionador de la realidad, so pena de ser reprimidos. Sin embargo, quienes vivimos aquí, sabemos que el debate nunca ha cesado, que entre nosotros tiene lugar un continuo intercambio de críticas e ideas sobre posibles soluciones a nuestros problemas. Ello es un rasgo del cubano y la cubana, muy enriquecido por el alto nivel de instrucción alcanzado desde el triunfo revolucionario en 1959. Como toda forma de organización humana, más allá de sus intenciones, la sociedad socialista es portadora de contradicciones internas e imperfecciones que motivan una opinión pública activa e integrada al sistema social, aunque muchas veces, en nombre de la defensa de la Revolución, los espacios de debate hayan quedado aprisionados a la esfera de lo privado y de lo informal, o a momentos muy puntuales.
En los últimos meses, sobre todo a raíz del discurso de Raúl el pasado 26 de julio, se han creado y estimulado los espacios para el intercambio de ideas y el pensamiento crítico en la sociedad cubana. Ha sido un proceso rico no sólo en críticas y propuestas sino también generador de esperanzas y confianza en la dirección histórica de la Revolución, en esta ocasión muy concentrada en la figura de Raúl Castro. Estos espacios de intercambio debieron existir siempre y es importante que se mantengan como parte del funcionamiento de las instituciones porque la participación real de las personas en los asuntos públicos es una condición de existencia del socialismo, un derecho ciudadano que el capitalismo escamotea con subterfugios y parodias de participación, pero que el socialismo tiene que garantizar para no desnaturalizarse.
Pero, ¿qué es lo que se discute hoy en Cuba? ¿Acaso la pertinencia de regresar al capitalismo o de aceptar el plan Bush o por el contrario las maneras de hacer funcionar y avanzar mejor la sociedad que tenemos, las formas de superar las contradicciones que atraviesan al entramado social cubano, las vías, estructuras y métodos que permitan aprovechar mejor el potencial humano creado en la propia revolución?
Por supuesto que en un intercambio de ideas a escala social hay diversas manifestaciones, pero creo apreciar que la tendencia fundamental es a apostar por el perfeccionamiento de la sociedad que hemos erigido, con el esfuerzo, sacrificio, renuncias y estoicismo de varias generaciones de cubanos y cubanas. No olvidemos que en enero próximo comenzaremos a vivir el año 50 de la Revolución. Esta sociedad, aún con muchas imperfecciones y errores, se identifica por la mayoría como la “nuestra”, como el espacio en el que se puede aspirar a un mundo mejor, en el que se pueden solucionar muchas de las necesidades sentidas por la población. Justamente por ello hay posibilidades y necesidad de renovar, en el ejercicio democrático del intercambio de ideas, el consenso y el compromiso alrededor de las metas, las políticas concretas, las instituciones, y sus modos y estilos de funcionamiento.
Por supuesto que ningún análisis sobre la realidad cubana puede soslayar el impacto de las políticas del gobierno de los Estados Unidos y las difíciles condiciones del entorno mundial, sin embargo ello no debe impedir que se construya una visión crítica y realista de la sociedad cubana actual, ni debe lastrar la capacidad para imaginar, ensayar y aplicar otras formas de organización y de funcionamiento que ayuden a enfrentar mejor esas realidades. Es necesario y posible encontrar las vías para desplegar en toda su potencialidad las capacidades y valores de nuestras mujeres y hombres, y hacer un uso más eficiente y eficaz de los recursos materiales y financieros con que se cuenta. Hoy día el país no aprovecha en toda su plenitud el aporte de ideas, de esfuerzos y de realizaciones que pueden emerger de nuestro pueblo, ni se hace un uso que pudiera catalogarse de eficiente de los demás recursos.
El camino para lograr ese mejoramiento, según mi manera de apreciar la situación, es el de desplegar en toda la magnitud posible, la formas y vías que existen en nuestra sociedad para la participación de las personas en la determinación de los asuntos que atañen a sus vidas. Me refiero a una participación conciente, organizada y crítica, como sujetos y no como objetos de la “movilización social”.
Esto significa, en primer término, fortalecer el funcionamiento de los órganos del Poder Popular, acercar la práctica del ejercicio del gobierno a lo que está declarado en la Constitución y las leyes. Hoy día la diferencia entre la normatividad jurídica y la práctica es enorme. Se debe dotar a los delegados, los Consejos Populares y las Asambleas Municipales de la autoridad y de los recursos posibles para hacer real esa participación en los asuntos comunitarios y locales, y renovar al papel de los delegados a las Asambleas Provinciales y de los Diputados a la Asamblea Nacional en su vinculación frecuente con sus electores y en correspondencia con ello, en su función de representante de sus intereses específicos tanto en la labor legislativa como en el control parlamentario sobre la acción gubernamental y administrativa.
Actualmente el funcionamiento de los órganos del Poder Popular se ve lastrado por un excesivo centralismo, que deviene burocrático, y que vacía de contenido real a procesos tan importantes como las rendiciones de cuenta de los delegados ante sus electores o limita en extremo la realización de proyectos comunitarios que ayuden a contrarrestar la nociva tendencia a esperar todo del Estado, lo que provoca una especie de distanciamiento y pasividad en muchas personas. El actual proceso eleccionario que conduce a la renovación de las asambleas del Poder Popular a todos los niveles es una oportunidad que no puede desperdiciarse, porque ha llegado justo en el momento en que el debate ha abierto esperanzas y expectativas que de frustrarse dañarán la credibilidad en el sistema político y en su capacidad para renovar y mejorarse.
El Partido no puede quedar fuera de este perfeccionamiento de la participación real, despojándolo de mecanismos excesivamente centralistas y formales, y fomentando la capacidad de los núcleos de actuar, siguiendo la línea política general, en correspondencia con su realidad inmediata y específica. Es decir, deben ser “órganos vivos” y no meros cumplidores de normativas superiores, y los cuadros del Partido deben tener como una de sus funciones principales, contribuir a crear esa capacidad en los núcleos. De igual forma los órganos de dirección del Partido están llamados a organizar un diálogo con toda la sociedad y en especial con los núcleos como vía para estar en permanente contacto con el pensar y sentir del pueblo, y para la creación de una visión compartida del presente y del futuro del país. En ello pudiera servir como punto de giro la realización de un congreso del Partido que presente un proyecto renovado, actual, realista, a la vez que apegado a los principios y sueños más sentidos por muchas generaciones que acogieron a la Revolución y al socialismo como parte esencial de sus proyectos de vida personales. La presentación de esa propuesta debe incluir un debate abierto y democrático, en el que puedan participar todos los cubanos y cubanas que lo deseen. Con ello se estaría no sólo aprovechando la riqueza de ideas de cientos de miles de personas instruidas y con experiencia acumulada, sino además construyendo una visión de sociedad a partir de un consenso real, con sólidas raíces en el pueblo.
El camino de la participación debe incluir la ampliación de la autonomía de las organizaciones sindicales, campesinas, comunales, profesionales, estudiantiles y otras expresiones de la sociedad civil organizada para que logren funcionar en una lógica menos centralista, en la que las bases tengan un papel mucho más protagónico en la determinación de sus políticas y acciones, representando los intereses sectoriales y regionales que deben ser tenidos en cuenta y conciliados con los intereses más generales de la sociedad. Muy a menudo se subordinan los intereses concretos de sectores y regiones en aras de unos supuestos objetivos generales, que tampoco han sido debidamente consensuados, o mejor aún, construidos participativamente.
Otra de las contradicciones principales que afronta la sociedad cubana actual, y sobre la que se versan los debates dentro y fuera de las asambleas, es el rompimiento de la relación entre el trabajo y el bienestar personal y familiar. Esto es sumamente grave en cualquier sociedad, pero particularmente peligroso en una sociedad de trabajadores.
La vinculación entre trabajo y bienestar debe ser pensado no sólo en términos de salarios, sino que hay que explorar otras formas eficaces que fortalezcan el sentido de propietarios colectivos de los medios de producción y distribución entre los trabajadores y trabajadoras, que es uno de los problemas nunca resueltos satisfactoriamente en las experiencias socialistas. Este rompimiento entre trabajo y bienestar, producido fundamentalmente por la disminución dramática del salario real en la primera mitad de los años noventa, y no totalmente remontada en el periodo posterior, es una de las causas básicas del robo y la corrupción muy generalizadas que sufrimos.
La solución de este problema o al menos su evolución hacia un restablecimiento del valor del trabajo no puede ser visto, según mi opinión, sólo como resultado de la recuperación económica, sino como una condición de esta. Claro que el mejoramiento del salario real, prestaciones y otros estímulos depende del incremento de la productividad y de la eficiencia económica, pero sin estímulo concreto que impacte en la vida cotidiana de las familias no habrá suficiente motivación para producir un incremento de la dedicación y la actuación honesta y responsable de todos los trabajadores y trabajadoras. Por lo tanto hay que encontrar fórmulas para transferir recursos generados en determinados sectores de alta productividad, para estimular a otros que resulten esenciales para la generación de riquezas, en una cadena de revitalización progresiva del valor del trabajo.
La solución de la estimulación económica no resuelve mecánicamente el deterioro que se ha producido de la motivación y de algunos de los valores que deben caracterizar a nuestra sociedad, pero crea las condiciones necesarias para su restablecimiento. Aquí se imbrican varios factores: interés material, sentido de pertenencia a su colectivo laboral, sentido de dueño colectivo, fortalecimiento de los valores de honestidad y comportamiento ético, entre otros. La solución de tan complejo problema, que como se sabe tiene también una dimensión ética e ideológica, tiene que encontrarse en una mirada crítica integral a todo el ordenamiento económico, y al trabajo educativo y político.
Esa mirada debe incluir un cuestionamiento del funcionamiento de las empresas estatales y la diversificación de las formas de propiedad socialista. Hemos aceptado como una verdad inmutable que la propiedad estatal es la forma superior de propiedad socialista, sin hacer caso a las evidencias que emanan de las experiencias históricas. Sin embargo, hay que preguntarse qué otros rasgos debe tener esa propiedad para que sea socialista. Rasgos como que los trabajadores participen de su administración, la cual no debe estar esencialmente en manos burocráticas, que su relación no quede atrapada en la fórmula aporto trabajo y recibo un salario a cambio sino que incluya otras formas más tangibles de apropiación de la riqueza creada, no sólo a través de los programas sociales (salud, educación etc.), sino en las que el colectivo pueda disponer de una parte de la riqueza que ha creado para resolver sus necesidades insatisfechas y que además, mediante fórmulas eficaces de participación de los trabajadores, haga real su carácter de dueño colectivo de los medios fundamentales de producción.
Por otra parte la práctica nos dice con elocuencia que todo no puede ser empresa estatal. El estado no puede administrar desde las grandes empresas industriales, los ferrocarriles, el petróleo, la electricidad etc., hasta los pequeños establecimientos de gastronomía o servicios a la población. ¿Por qué no desplegar una diversidad de formas de propiedad y por tanto de apropiación social de la riqueza creada, que incluya cooperativas, arrendamientos, propiedad mixta (estatal - colectivos de trabajadores) o propiedad comunal y municipal? No se trata de propiedad privada, no se trata de entregar las riquezas del país a las trasnacionales, se trata de desplegar formas eficientes y eficaces de propiedad nacional colectiva en varios sectores.
Lo anterior requiere construir y respetar un marco jurídico que defina el alcance, los derechos y obligaciones de las diferentes formas de propiedad. Estas no dejan de ser formas de propiedad socialista, y responderán más eficientemente a las demandas sociales, harán más colectiva la administración, la apropiación de la riqueza y el poder de decisión de los trabajadores y trabajadoras; y pueden ser armonizadas con la propiedad estatal sobre los fundamentales medios de producción, distribución y servicios, tales como la gran industria, los complejos científico- productivos, las empresas de comercio mayorista, el comercio exterior, y las grandes empresas de transporte, entre otros.
Las empresas estatales, en su proceso de perfeccionamiento, también deben ganar en autonomía operativa y en la participación de sus colectivos laborales en su administración, diferenciando mejor el sector empresarial del gubernamental, pues con frecuencia la función normativa y reguladora del Gobierno se debilita y enrarece por las demandas y urgencias que se desprenden de la administración directa de las empresas.
Estas transformaciones contribuirían a reducir cuantitativa y cualitativamente el papel de la burocracia en nuestra sociedad, lo cuál no es un asunto secundario ya que la burocratización de la sociedad es uno de los enemigos internos del socialismo. Uno de los problemas que más agobian al ciudadano cubano de hoy, es la enmarañada y densa urdimbre burocrática que tiende a anularlo, porque no se toman debidamente en cuenta sus opiniones y experiencias, y porque no siempre están claros sus derechos, los cuales muchas veces han sido secuestrados por un burócrata que puede decidir “si te toca o no” ese derecho. Una legislación clara, transparente, centrada en el ciudadano, en sus derechos y deberes, y no en instituciones y personas burocratizadas es parte del perfeccionamiento del socialismo cubano actual.
Otra de las esferas que centra la atención de las discusiones actuales es el papel de los medios de comunicación y la política informativa del Estado. Los medios cubanos, en especial la televisión, tienden a presentar la realidad nacional como una realidad sin conflictos o sólo con conflictos secundarios. También se abusa de la propaganda política sobre las ventajas de nuestro ordenamiento social con respecto al pasado o al capitalismo actual, lastrando así dos de las funciones más significativas de los medios de comunicación. Una, la de mantener bien informado a nuestro pueblo y dos, propiciar el diálogo a escala social como vía para superarnos, como personas, como instituciones y como sociedad en conjunto.
Para lo primero es preciso concentrarse en los hechos, sin estar calificándolos constantemente, eso le corresponde a los receptores instruidos y con capacidad de análisis, y no creo que nadie se atreva a negarle esos atributos a nuestro pueblo. Para lo segundo, hay que abrir cause al debate de las ideas que puedan contribuir a mejorarnos y no repetir un mismo discurso constantemente como un acto mimético e irreflexivo. Puede y deber haber espacio para el debate ideológico entre capitalismo y socialismo, pero este necesita de mayor sustancia, capacidad comunicativa y atractivo para que cumpla su cometido. Los medios solos no pueden transformar esta situación, es preciso que el Partido y el Estado elaboren políticas y estrategias de comunicación e información que abran paso a una renovación de los lenguajes, argumentos y formas expresivas.
Esto y más se debate hoy en Cuba, país que está en transición, pero no la que quiere impulsar Bush, sino una transición hacia más socialismo, sociedad de transición por antonomasia, experiencia inédita en el transcurrir de la historia, mundo no sólo posible sino imprescindible para la supervivencia humana.
- José R. Vidal es Psicólogo y Doctor en Ciencias de la Información. Profesor Titular adjunto de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Actualmente coordina el Programa de Comunicación Popular del Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr.