Mostrando entradas con la etiqueta Inmigración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Inmigración. Mostrar todas las entradas

El racismo: crónica desde Cataluña

imprimir

Antonio Giménez Merino,   Mientrastanto.e

Catalunya, país de acogida
Por los pagos catalanes sigue en circulación el tópico de que la nuestra es una tierra de acogida.

Probablemente sea así para la infinidad de turistas que en una interminable procesión se apean del Bus Turístic de Barcelona —previo paso por la Sagrada Familia de Gaudí y de Ratzinger— para visitar el estadio del FC Barcelona, club que en opinión dominante abandera los valores del catalán de cepa (los que concentra en su galardonada personalidad Pep Guardiola, o los simbolizados en el logo de Unicef que colgaba de la zamarra blaugrana hasta que llegaron los petrodólares de la Qatar Foundation). Puedo asegurar que vivir en esta ciudad de acogida para inmigrantes turistas se ha convertido, desde este punto de vista, en un calvario para los que somos autóctonos.

Examinando el asunto desde otro ángulo, la dirigente de una asociación catalana de mujeres musulmanas, ingeniera en Marruecos antes de recalar en nuestra tierra como trabajadora doméstica, me contaba hace poco las dificultades de una mujer marroquí independiente para sobrevivir en Barcelona. A pesar de haber cumplido sobradamente los estándares de normalidad requeridos (permisos de trabajo y residencia, nivel exigido de catalán), mi conocida es objeto de una intensa discriminación, en que se junta la sexista interna al mundo de los inmigrados marroquíes y la racista propia de nuestro sistema social y político.

Complementariamente a esta anécdota, desde el Consejo Islámico de Catalunya me preguntaban qué más necesitan hacer los musulmanes que cumplen con la legalidad para llegar a ser considerados “ciudadanos” a todos los efectos. La impresión del responsable del Consejo es que un musulmán extranjero va a ser siempre “un emigrante”, con independencia de su situación legal o de su equiparación en deberes con la población autóctona
.
Dicho de otro modo, sobre el discurso cada vez menos democrático del nacionalismo político catalán prevalece un racismo cultural semejante al que tiempo atrás señalaba con el dedo a las familias charnegas que, aun viviendo, trabajando y cotizando en Cataluña, procedían sin embargo de regiones más humildes.

La época del Tripartit: un racismo muy palpable

La pequeña localidad de Salt, donde el 43% de sus 31.000 vecinos son inmigrantes, se convirtió en 2010 en un símbolo del racismo en Cataluña. Doscientos vecinos irrumpieron en el pleno del Ayuntamiento para exigir más seguridad y en la calle se produjeron enfrentamientos análogos a los que precedieron las revueltas de los suburbios de París en 2009, o a los de Rosarno a principios de 2010. La regidora del PSC Iolanda Pineda declaraba que “Salt es un laboratorio de toda España. Lo que pase aquí se repetirá con los años en otros lugares". Y con razón: el 77% de los españoles consideraba ya en 2009 "excesivo" o "elevado" el número de extranjeros en el país, según el informe Racismo y Xenofobia del Ministerio de Trabajo e Inmigración.

En 1974, Salt era un barrio de Gerona en el que se construyeron desordenadamente cientos de pisos de protección oficial, mayoritariamente ocupados por andaluces y extremeños. Con el tiempo, muchos de esos inmigrados acabaron yéndose a los municipios de alrededor, mejor urbanizados, mientras sus antiguas viviendas eran ocupadas por inmigrantes extranjeros, empleados masivamente en la construcción. Las preguntas se amontonan: ¿De qué vivirán ahora estas gentes? ¿Qué futuro les aguarda? ¿Qué “convivencia” entre nacionales y extranjeros es esperable en ese municipio?

Mientras esto sucedía en la calle, el exconsejero de Universidades y Empresa Joan Huguet (ERC) calificaba de “falangista” a Enrique Mújica (por entonces Defensor del Pueblo) al imputarle la autoría intelectual de la presentación, por parte de la entonces interina Defensora del Pueblo, de un recurso de inconstitucionalidad a la “Ley de Acogida” aprobada en el marco del nuevo Estatut, que da preferencia al catalán como lengua de uso preferente para la integración de los extranjeros (lo que comporta demostrar el conocimiento de la lengua autóctona como nuevo deber para los emigrantes que opten a la residencia legal).

Lo más curioso de las declaraciones de Huguet fue su llamamiento a la “insumisión jurídica” (“Las personas y los derechos humanos están por encima de las leyes y si éstas son injustas, se incumplen”) caso de una valoración positiva del recurso por el Tribunal Constitucional. Una propuesta rápidamente amplificada por la llamada “Plataforma per la llengua” (un conglomerado de personalidades de la cultura en lengua catalana) y secundada por la clase política que opta al oscilante voto nacionalista: de Joan Puigcercós (“El recurso demuestra que Cataluña está bajo vigilancia”), a Joan Herrera (“La Ley de Acogida es una norma claramente positiva para la integración de los recién llegados a Cataluña”). Se daba por descontado, a todo esto, que la ley integradora, como el Estatut, representa “la voluntad del pueblo catalán”, por lo que una eventual insumisión estaría plenamente legitimada.

Pero, si es cierto que las personas y los derechos humanos están por encima de las leyes, como decía Huguet, ¿por qué se vincula la permanencia en Cataluña a cuestiones identitarias antes que a la protección de la vida misma de quienes han venido por pura necesidad? Al pan, pan, y al vino, vino: el mensaje que se transmite hace tiempo —y que hemos vuelto a ver en las pasadas elecciones— es que no estamos dispuestos a aceptar a personas que vienen a nuestra tierra a robar, a imponer sus incivilizadas costumbres y a beneficiarse de los servicios públicos que pagamos con nuestros impuestos. La única expiación posible para los emigrados pobres es entonces la “integración”, que no significa “aceptación plena” sino a lo sumo una graciosa tolerancia con el venido de fuera. E integrarse, como en otras naciones civilizadas (Francia, Inglaterra) supone primero de todo acreditar el aprendizaje obligatorio de una lengua que de poco o nada va a servir a los emigrantes en los trabajos que les son reservados (el doméstico, la recolección, el reparto, los servicios de higiene de las ciudades, etc.).

También en la anterior legislatura se desató la falsa polémica en torno al burka, que hoy continúa y se agrava. Al parecer, no son más de sesenta las mujeres que utilizan este hábito en Cataluña, y sin embargo los medios de desinformación no han dejado de sacar imágenes de ellas y de asociarlas a la violencia de género, como modo de demostrar el retraso cultural y la indeseabilidad de la cultura islámica en proceso de arraigo en Cataluña. La prohibición del burka supone en realidad una condena al más absoluto ostracismo para esas mujeres.

Nadie cuenta, en cambio, que los cursos gratuitos de catalán previstos para los extranjeros arribados a nuestro territorio son una necesidad vital para muchos municipios, a través de la financiación autonómica de dichos cursos. Nadie parece atender aquí a que el catalán es un idioma secundario entre la millonaria y emigrada población de la periferia barcelonesa.

La polémica identitaria y de la lengua me parece profundamente hipócrita. Oculta que lo esencial no es la “integración”, sino la elevación de una barrera más —y vamos a ver que no son pocas— a la permanencia en nuestro suelo de personas gradualmente sin esperanza.

El crecimiento de la xenofobia política y social

Políticas policiales y penitenciarias

Como denuncian repetidamente las asociaciones que intervienen en el ámbito de la inmigración y de los derechos humanos [véase p. ej. el informe “Situación social de los inmigrantes acompañados por Cáritas” (2010)], la población inmigrada es objeto de una constante persecución política, jurídica y policial. La selección étnica en los controles de identidad ha sido avalada por la doctrina contenida en la Sentencia del Tribunal Constitucional 13/2001, de modo que la conducción a comisaría de aquellos ciudadanos extranjeros que, aun habiéndose identificado, no acreditan in situ su estancia regular en territorio español, es moneda común en nuestro país.

El propio Sindicato Unificado de Policía ha denunciado la incitación por sus responsables jerárquicos para cometer detenciones ilegales, o para practicar identificaciones en la vía pública con objeto de localizar a inmigrantes indocumentados, e incluso para entrar en cualquier centro o comedor social de cualquier entidad u ONG con el fin de identificar a extranjeros. Es decir, para tratar a los inmigrantes como delincuentes.

Como señala el excelente trabajo Controles de identidad, detenciones y uso del perfil étnico en la persecución y castigo del inmigrante “sin papeles: legalidad e inconstitucionalidad de determinadas prácticas policiales, del Grupo Inmigración y Sistema Penal, esas prácticas, realizadas en lugares a los que acuden habitualmente inmigrantes, fortalecen la imagen distorsionada por los medios que asocia inmigración con delincuencia. Y a ellas se une el acoso a la población migrante y a las minorías étnicas llevado a cabo también por parte de los servicios de seguridad privada, sobre todo en transportes públicos como el Metro.

El racismo institucional se retroalimenta pues con racismo social.

Las prácticas mencionadas se sitúan en el marco de una política europea de gestión de la inmigración muy hostil, plasmada puertas a fuera en la externalización y el blindaje de las fronteras de la UE, y hacia dentro en legislaciones de extranjería antigarantistas. Lo primero se realiza encargando a terceros países de tránsito la contención de la inmigración que tiene como destino Europa —una de las razones que explican la tibieza de los gobiernos españoles frente a la represión alauí en el Sáhara—. Y también mediante la tipificación penal del delito de “favorecimiento de la inmigración irregular”, basado en el principio del riesgo objetivo de las personas inmigradas ilegalmente (el art. 318 bis de nuestro Código penal prevé penas de cuatro a ocho años de prisión a quien “de forma directa o indirecta, promueva, favorezca o facilite el tráfico ilegal o la inmigración clandestina de personas desde, en tránsito o con destino a España”).

Coherentemente con el racismo institucional en Cataluña, esta comunidad ha puesto en marcha medidas nuevas de control de la inmigración. Bajo el fin declarado de dar un nuevo rumbo a su política penitenciaria y de aplicar medidas que puedan ahorrar costes en la gestión carcelaria de los 10.000 reclusos en prisiones catalanas (el 45% de los cuales son inmigrantes), el Govern, a través de una circular instruida por el Departament de Justícia en vigor desde el 15 de septiembre, aconseja a los reos extranjeros sin permiso de residencia ni de trabajo que regresen a sus países de origen cuando hayan rebasado la mitad de su condena, y revoca el sistema anterior de acceso al régimen abierto y a salidas programadas.

Para Ramon Parés, director general de Servicios Penitenciarios de la Generalitat, se trata de “una cuestión de coherencia", al resultar contradictorio que los presos sin papeles se beneficien de instrumentos penitenciarios pensados para "preparar la libertad", habida cuenta de que estos reos, una vez han cumplido su pena al completo, son detenidos por agentes de la Policía Nacional, trasladados a un Centro de Internamiento de Extranjeros por un tiempo que puede llegar a los 60 días, y desde allí trasladados al aeropuerto para ser expulsados a su país.

Aunque hay quien ha señalado que de este modo se evitará la "doble pena" (cumplir la condena y luego ser expulsado), la instrucción de la consejería puede ser aplicada antigarantistamente: la Generalitat puede conminar a los reclusos sin papeles que han cumplido la mitad de la condena a aceptar seguir la libertad condicional en su país de origen, o bien trasladarlesa una prisión de su país para seguir allí la condena, o bien puede suceder que la Fiscalía pueda proponer al juez correspondiente la expulsión del preso sin documentación.

El Govern justifica estas medidas en que la ausencia de papeles para poder trabajar y la falta de familia en España impiden a muchos inmigrantes asegurarse la reinserción social, por lo que es absurdo que personas sin papeles pueblen las cárceles catalanas. Lo cual da una idea del futuro que espera a estas gentes desesperadas en un contexto jurídico donde ha dejado de hablarse desde hace tiempo de la reinserción del delincuente y de la cancelación de antecedentes penales (entre seis meses para las penas leves y cinco años para las graves), requisito sine qua non para que los reos inmigrantes puedan regularizar su situación una vez cumplidas sus penas
.
El racismo de las derechas nacionalistas

Recientemente, el Conseller de Interior del nuevo gobierno convergente, Felip Puig, reclamaba contundencia policial —de eso sabe mucho— contra “unos colectivos de una procedencia determinada que tienen tendencia a caer en determinados ámbitos delictivos y se organizan en clanes”. A su modo de ver, “algunos extranjeros interpretan mal nuestro sistema de libertades y abusan de él”, como probaría el hecho de que “la mitad de los presos de nuestras instalaciones penitenciarias no sean de nacionalidad española”.

Otro Conseller (Empresa i Treball), Francesc Xavier Mena, indicaba por su parte —aunque sin otra prueba que su testimonio— que la mayoría de los 9.000 marroquíes que cobran la Renta Mínima de Inserción lo hacen desde Marruecos; al tiempo que Pilar Rahola tildaba de “buenista” a la ministra de exteriores Trinidad Jiménez por su ocurrencia de que los marroquíes con permiso de residencia pudieran votar en las elecciones municipales. La famosa panelista alertaba de que “Miles de personas, con la antena de televisión conectada a Al-Jazira y que no saben ni el idioma del país podrán votar en nuestros municipios”.

Como señalaba el Manifiesto de indignación de la Federación de Entidades Democráticas de Marroquíes de Cataluña, estas actitudes son especialmente graves al provenir del aprovechamiento del poder cultural en manos de las instituciones: “solamente reavivan todavía más el sentimiento de rechazo a esta comunidad [una de las más afectadas por la marginación, la desocupación y el fracaso escolar] y alimentan el enfrentamiento étnico”.

En las pasadas elecciones, Cataluña ha centralizado gran parte del debate sobre la inmigración, astutamente orillado por el PP de Rajoy (el mismo que decía en 2008 que “aquí no cabemos todos”). PxP (60.000 votos) venía de obtener un nicho electoral importante en las elecciones locales (lo que trae a la memoria los orígenes del FN de LePen en Francia) y ello ha marcado la pauta a otros partidos: el PP de Cataluña se ha referido a la expulsión de inmigrantes que delincan, al contrato de integración, o la contratación en origen. CiU, a través de Durán i Lleida, ha lanzado insinuaciones claramente racistas, primero a los ciudadanos extremeños y andaluces y luego a la población árabe, a cuenta de la manida “falta de integración”.

Lo que nos espera ahora, con el PP en el poder, es previsible.

Rafael Hernando, portavoz del PP en Inmigración, ha avanzado que el PP, una vez negociada la medida con los responsables autonómicos en este ámbito, hará una modificación reglamentaria para evitar que los inmigrantes en situación irregular "tengan los mismos derechos que las personas que vienen legalmente a nuestro país". Para ello su partido "vinculará la inmigración al empleo", facilitando la entrada de quienes vienen a buscar un empleo o quienes firmen un contrato en origen y facilitando el retorno a sus países cuando expire el contrato de trabajo (el denominado "sistema de inmigración circular"). El sistema se basará en las listas del INEM, aunque los puestos solo se pondrán a disposición de extranjeros cuando ningún español cubra la vacante.

Para los cientos de miles de personas que se calcula viven en España sin documentos (muchos por haber perdido sus papeles por causas económicas, con independencia de su contribución pasada al sostenimiento del país) esto puede suponer que dejen de poder optar siquiera a regularizar su situación por arraigo social, como ha denunciado la Federación Estatal de Asociaciones de Inmigrantes y Refugiados (FERINE).

Según el Colectivo 
DRARI Jurista, muy activo en la denuncia de todas las formas de racismo institucional hacia los inmigrantes, para garantizar que los extranjeros que vengan lo hagan para trabajar el PP creará “un visado de entrada y búsqueda de empleo”, con la intención de evitar que lleguen con un visado turístico y una vez en España, trascurridos tres años, acrediten "arraigo social" para regularizar su situación. Este visado se conseguiría sólo en caso de poderse probar que hay un contrato en origen o una oferta de empleo (según Hernando, fácilmente en profesiones como la de temporero, donde siempre hay demanda de mano de obra extranjera). Sin embargo, como ha señalado el presidente de la importante asociación de inmigrantes ecuatorianos Rumiñahui, la mayoría de los extranjeros que aún llega a España lo hace “necesariamente con visado de trabajo”.

Naturalmente, lo que callan las gentes de Palacio y sus voceros es la situación de miles de personas que actualmente malviven sin papeles, sin derechos, sin poder volver a sus países, siendo explotadas en condiciones miserables en los invernaderos almerienses o murcianos, cuando no por redes de prostitución.

Combatir el racismo, problema de todos

Para frenar la xenofobia, es preciso actuar simultáneamente al menos en dos frentes. El primero de ellos, social:

Para que el problema sea interiorizado como propio por un número significativo de personas es imprescindible multiplicar actuaciones que expliquen y denuncien la situación de exclusión que atraviesan las personas inmigradas en nuestro país. Al respecto, además de las que han ido saliendo aquí, hay muchas muestras recientes:

El informe Abriendo ventanas: infancia, adolescencia i familias inmigradas en situaciones de riesgo social de la Fundación Pere Tarrés en colaboración con la Unicef constata que la pobreza, que afecta a una cuarta parte de las familias españolas, sube al 34% en el caso de las extranjeras. Éstas se encuentran con muchas dificultades para empadronar a sus hijos y por lo tanto para que éstos puedan tener acceso a servicios básicos como la alimentación, la educación y la salud. El informe muestra cómo los usuarios extranjeros de estos servicios son objeto de discriminación tanto por el entorno social local como por la propia gestión de los servicios públicos.

Por otro lado, los siempre combativos vecinos de Nou Barris (Barcelona) han lanzado un Manifiesto por la convivencia en respuesta a la xenofobia presente en los debates electorales a los que se ha hecho alusión más arriba.

Y ante la proximidad del día internacional de los inmigrantes (18 de Diciembre), la plataforma 18 desembre BCN <18desembrebcn@gmail.com> invita tanto a las asambleas de barrio, pueblo y ciudad, como a colectivos, entidades y asociaciones, a reflexionar y promover acciones conjuntas en torno a las migraciones bajo el lema Jornada de lluita pels drets de les persones migrants i contra els Centres d'Internament per Estrangers. Se trata de abrir un foro de discusión sobre la criminalización y la restricción de derechos básicos de los extranjeros, que culminará con marchas simultáneas a los CIEs de varios territorios del estado.

En el terreno de la lucha social antidiscriminatoria contamos también con importantes experiencias de desobediencia civil dirigidas a la recuperación de la dignidad de las personas inmigradas que son perseguidas en los países de la UE. Por ejemplificar, la valiente actividad de Red Educativa Sin Fronteras, que facilita alojamiento, comida o asistencia jurídica a los inmigrantes irregulares, o de Almería Acoge, que ofrece acogida, manutención e instrucción básica a los magrebíes y subsaharianos que consiguen sobrevivir en su odisea hasta nuestras cosas del sur, destinados a malvivir, con suerte, en las condiciones miserables que ofrecen los empleadores del “mar de plástico” almeriense.

Y también tenemos multitud de reacciones espontáneamente solidarias, como las de aquellos pesqueros que, conscientes del peligro de una acción tardía por parte de Salvamento Marítimo, se arriesgan a complicaciones legales importantes al socorrer a cayucos en alta mar.

Combatir el racismo es una tarea a la que puede prestarse cualquier persona, una actividad donde el poder cultural de una sociedad se revela directamente efectivo. Como el sexismo, el racismo forma parte de todos nosotros, nos es inculcado desde la infancia a través de procesos de socialización atravesados por el miedo a lo diferente y por elementos de afirmación de la propia identidad basados en la negación de culturas “otras”. Por ello, resulta un imperativo moral combatir la difamación sistemática de aquellas formas de vida que son distintas a la nuestra no sólo por razones culturales, sino principalmente por pura necesidad. Esta es una lucha simbólica de la mayor importancia, como saben bien algunos operadores jurídicos (policías, jueces y abogados) que tratan constantemente con los inmigrantes en situación irregular, y son por ello conscientes de la anatemización a que se ven sometidos desde el poder político. Pues ¿qué dignidad puede quedar a aquél cuya persona e imagen se ve asociada constantemente con la criminalidad?, ¿a aquél que lleva consigo a todas horas la angustia de ser parado por la policía, conducido a comisaría, ingresado en un Centro de Internamiento y finalmente deportado?

El segundo frente de actuación es naturalmente el político.

En relación al racismo y la xenofobia, creo que la izquierda de este país debe dar todavía un paso claro al frente en dos direcciones: oponerse radicalmente a las políticas migratorias que permiten y fomentan la explotación de inmigrantes; e impulsar políticas en prevención de la exclusión de los inmigrados, asociándolas directamente al mantenimiento del sector público asistencial. Se sabe que las crisis económicas golpean siempre a los más débiles y éstos son ahora los inmigrantes así como los españoles más pobres (los viejos pobres y los nuevos pobres) —lo quieran o no, abocados a compartir hábitat con los primeros—. Los recursos (trabajo, asistencia pública) van a ser cada vez más escasos para este segmento cada vez mayor de población, por lo que el peligro de que se encienda la mecha racista va a estar instalado por mucho tiempo. Hay que recordar lo sucedido en Francia con el avance de las ideas racistas y xenófobas del FN en los barrios obreros, y en Italia con la xenofobia contra los inmigrantes sin papeles, convertidos legalmente en delincuentes. Algo que como hemos visto también sucede en la práctica en España y en general en la UE, cuya legislación permite retener a los inmigrantes indocumentados hasta 18 meses en centros de internamiento, sin control judicial.

Por ello es necesario relacionar la explotación del inmigrado, con o sin papeles, con el aumento de la precariedad de la población autóctona, afectada por la des-regulación de la protección laboral y por la fragilidad de nuestro tejido productivo, como ha puesto en evidencia la llamada crisis del ladrillo. Es importante entender que tanto la población inmigrante como la autóctona son víctimas comunes de este proceso y por lo tanto que existe una alianza objetiva entre unos y otros. Hay que procurar los medios para que ésta pueda fraguar también subjetivamente.

La izquierda política debe articular los programas de inclusión demandados por el importante tejido asociativo que se opone a la consideración del inmigrante como un ser indigno. Los sindicatos, por ejemplo, tienen en sus manos la capacidad de hacer que cualquier persona sin trabajo se sienta útil hacia la comunidad, lo que inevitablemente pasa por fundir los problemas de los trabajadores españoles con los de los trabajadores extranjeros.

Es preciso también realizar análisis específicos sobre la situación de las mujeres tanto desde el punto de vista de su protagonismo en el sector de mano de obra internacional en las empresas dedicadas a la exportación, como desde el de su inserción en nuestro mercado de la prostitución o en el trabajo doméstico de los hogares españoles, y proponer medidas de integración laboral y asistencial de estas personas.

Y para ello, es preciso que las izquierdas, en particular la catalana, dejen de una vez de lado sus miedos electoralistas a ser identificadas como portadoras de un discurso anti-nacional por defender cuestiones tan básicas como la dignidad de los inmigrantes y la solidaridad internacional entre las clases trabajadoras. Ésta debería ser una idea irrenunciable de cualquier izquierda.

A propósito del conflicto de Salt, Lluís Bassets decía muy oportunamente que “Hay quien cree que el futuro de España y de Cataluña se juega en el Tribunal Constitucional o en las consultas sobre la independencia. […] El futuro de nuestras sociedades se juega en la integración de los inmigrantes. Han llegado para quedarse, ya son imprescindibles para nuestro desarrollo económico y nuestro estado de bienestar, y constituyen el aspecto más próximo y más humano de la nueva realidad de un mundo globalizado. […]. Salt no es un síntoma ni un laboratorio. Es el espejo donde debemos mirarnos para observar hacia dónde vamos.[…] En realidad estamos, como siempre, ante un problema político: integrar a los inmigrantes es construir un nosotros incluyente que no deje a nadie fuera. Esto es la polis, la democracia, a la que deben someterse todos […]”.

El origen de las migraciones modernas

imprimir

Conferencia de Arcadi Oliveres, economista catalán y un reconocido activista por la justicia social y la paz.





Trayectoria de Arcadi Oliveres, presidente de Justícia i Pau

Redacción: Eduard Ibáñez

Arcadi Oliveres Boadella nació en Barcelona el año 1945. La vivienda familiar se ubicava en el barrio de la Esquerra de l'Eixample. Estudió en los Escolapios de la calle Diputació, donde tuvo como profesores, entre otros, Lluís Maria Xirinacs y Francesc Botey.

Estudió Ciencias Económicas en la Universitat de Barcelona y obtuvo el título de licenciado en 1968. De joven fue miembro del movimiento “escolta” (1962-66) y en su época de estudiante destacó por su compromiso en defensa de la democracia y las libertades políticas en plena dictadura franquista. Así, desde el año 1966 se implicó muy activamente en las asambleas clandestinas del Sindicat Democràtic d’Estudiants, participando en la famosa “caputxinada”, en marzo de 1966, asamblea clandestina de estudiantes celebrada en la iglesia de los Caputxins de Sarrià, bajo el asedio policial. En mayo de 1968 es procesado por el Tribunal de Orden Público y juzgado por reunión clandestina, siendo absuelto gracias a los informes favorables del decano de la Facultad de Economía y la defensa del abogado Francesc Casares.

Acabados los estudios, en julio de 1968, empezó a trabajar para el CEDEC (Centre d'Estudis de Desenvolupament Comunitari), desde el que se dedicó a realizar diferentes estudios sobre desarrollo económico municipal y comarcal (sobre Sant Adrià de Besós, el Alt Penedès y el Bages).

En 1969 murió repentinamente su padre de un infarto. Por esta razón, se vio obligado a dejar el CEDEC y asumir la dirección de la empresa fundada por su padre, Quercus SA, dedicada a la fabricación de productos de corcho y a la instalación de aislamientos. La empresa, en plena crisis del sector, ya sufría pérdidas y, después de unos años de resistir las dificultades, se vio obligada a hacer fallida y liquidación en 1978.

Participación en movimientos sociales y católicos

En este periodo de los años 70 se implicó en diferentes actividades a favor de la democracia y el autogobierno de Cataluña. Así, por ejemplo, participó en la Assemblea de Catalunya y, teniendo en cuenta la proximidad de los locales dónde se reunía esta plataforma con la sede de su empresa, custodió durante algunos períodos los archivos clandestinos de la Assemblea. También se implicó en el naciente movimiento vecinal, como promotor y fundador de l’Associació de Veïns de l’Esquerra de l’Eixample de Barcelona. Al mismo tiempo, militó, desde 1971, en la organización Cristians pel Socialisme.

Pero la actividad más destacada en estos años es, sin duda, su militancia en Pax Christi. En 1974 empezó a participar en esta organización internacional católica, dedicada a la promoción de la cultura de la paz y la reconciliación entre los pueblos, de la que fue copresidente, en el ámbito de Cataluña (junto con Frederic Roda y Àngel Colom), entre 1974 y 1990. Entre otras actividades, Pax Christi, junto con Justícia i Pau, desplegó varias campañas de oposición a la pena de muerte en los últimos años del franquismo, intentando, sin éxito, la conmutación de algunas penas de muerte mediante la intercesión del Vaticano. Otro hecho destacado fue, en verano de 1976, la organización de diferentes marchas ciudadanas (Marcha por la Libertad) por todo Cataluña, reclamando “Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomia”. En una de estas marchas, prohibidas por el gobierno, Arcadi Oliveres es detenido por la Guardia Civil en La Sènia, pasando 72 horas en el calabozo, en septiembre de 1976.

Precisamente, en una de las rutas europeas de jóvenes que organizaba Pax Christi, en 1974, en Londres, conoció la que será su mujer, Janine Künzi, con quien contrajo matrimonio en 1975. De este matrimonio han nacido sus cuatro hijos: Bernat, Arnau, Marcel y Albert.

En 1977 participó en la creación de la Associació Catalana de Solidaritat i Ajut al Refugiat (ACSAR), de la que todavía es miembro activo.

Tras liquidar la empresa de su padre, en 1978, entró a trabajar por un tiempo en el Instituto Víctor Seix de Polemologia, hasta que, poco después, en 1980, empezó a ejercer como profesor de economía en la Escola d'Estudis Empresarials de Sabadell, de la UAB. Desde entonces hasta la actualidad ha continuado trabajando como docente en esta universidad. En 1992 se ubicó en el campus de Bellaterra. En 1993 obtuvo el título de Doctor, con una tesis sobre el ciclo de la economía de defensa y ganó una plaza como profesor titular del Departamento de Economía Aplicada, impartiendo clases mayoritariamente en la Facultad de Ciencias Políticas, además de en otras centros de la misma universidad.

Incorporación a Justícia i Pau

En 1981 empezó a militar en la organización Justícia i Pau, entidad cristiana de la diócesis de Barcelona, dedicada a la promoción de los derechos humanos y la paz. Quien entonces era el presidente de Justícia i Pau, Joan Gomis, había participado en el comité de concesión del Premio Joan XXIII, que concedía anualmente Pax Christi, y allá conoció a Arcadi Oliveres, copresidente de la entidad y miembro del Jurado. Joan Gomis le encargó un informe económico en relación al 0,7% del PIB de ayuda al desarrollo, para dirigirlo a parlamentarios y responsables políticos. Esta colaboración marca el inicio de una estrecha vinculación de Arcadi Oliveres con Justícia i Pau que dura hasta la actualidad. Desde entonces, Arcadi es miembro activo de esta entidad y es desde aquí desde dónde realiza buena parte de sus actividades a favor de los derechos humanos, la paz, la justicia social y el desarrollo.

En 1986 fue nombrado vicepresidente de Justícia i Pau y lo fue hasta que en diciembre de 2001, tras la muerte de Joan Gomis, fue elegido presidente, cargo que mantiene en la actualidad. Durante los años 1986 a 1999 también fue vicepresidente y después presidente (1999-2003) de la Comisión General de Justicia y Paz de España, entidad que reúne todas las comisiones y asociaciones españolas de Justicia y Paz.

El mensaje de Arcadi Oliveres

Durante todos estos años, Arcadi Oliveres ha dedicado sus energías a múltiples cuestiones en defensa de los derechos humanos, la paz y la justicia social. En particular, ha destacado especialmente en la denuncia de la deuda externa de los países más pobres, en la divulgación de las cifras del hambre, en la denuncia del subdesarrollo, de la desigualdad, de las injustas relaciones económicas Norte-Sur, de la guerra, del militarismo, de la investigación militar y del gasto militar; en la exigencia de incrementar la ayuda al desarrollo, a favor del desarme, del reconocimiento de la objeción de conciencia al servicio militar y al gasto militar, a favor de incrementar la ayuda al desarrollo, la promoción del consumo responsable, la banca ética y las formas de economía solidaria, etc.

Concretamente, algunas actividades destacadas han sido su activa implicación en la primera gran campaña a favor del 0,7% (1981-82), en la primera campaña a favor de la Objeción Fiscal al gasto militar y la constitución de la Asamblea d’Objetores Fiscales (1983), en la campaña contra la ley reguladora de la objeción de conciencia y en apoyo de la insumisión (1984), en la constitución de la Universitat Internacional de la Pau de Sant Cugat (también en 1984), de la que es presidente y dónde imparte conferencias en sus cursos de verano anuales, en la campaña de Justícia i Pau “Catalunya Solidària” (1985), en la campaña contra el ingreso de España en la OTAN (1986), en la introducción en España de las Brigadas Internacionales de Paz (1987). También destaca su papel como cofundador de la Red Europea Contra el Comercio de Armas (reuniones de Utrecht, 1984 y Malmö, 1987), en las movilizaciones contra la primera guerra del Golfo (1991), en la gran campaña a favor de la cancelación de la deuda externa (1999), en la promoción de la banca ética en Cataluña, siendo elegido presidente honorario de la Plataforma Finançament Ètic i Solidari (FETS) en 1999, o en las movilizaciones contra la guerra de Iraq (2003).

Durante los encierros de inmigrantes en varias iglesias de Barcelona en 2001 hizo, junto con otras personas, un importante papel como mediador entre los colectivos de inmigrantes y la Administración. Posteriormente, se ocupó del seguimiento de los procesos de regularización que se iniciaron como fruto de los acuerdos entre la Administración y los encerrados, de los que Justícia i Pau se hizo garante.

En los últimos años, su activismo ha incrementado de forma exponencial. Además de impulsar el trabajo de las organizaciones que preside, muy particularmente Justícia i Pau, su ritmo de conferencias por toda Cataluña, y también fuera, se ha multiplicado, con una media una o dos conferencias diarias, además de intervenciones en los medios de comunicación, en entrevistas, tertulias, etc. Ha impartido conferencias prácticamente en todas las comarcas catalanas y en una larga lista de poblaciones importantes españolas. También las ha impartido en París, Bruselas, Londres, Assisi, Lausanne, Hamburgo, Bonn, Brema, Lisboa, así como en Colombia, Argentina o Palestina. Ha participado como profesor de cursos coorganizados por universidades catalanas en El Salvador y Nicaragua (UAB) y Bolivia (UPF). Ha sido o es invitado habitual en programas de Catalunya Ràdio, Catalunya Informació, COM Ràdio, Ràdio-4, Ona Catalana, Ràdio Sant Cugat, Ràdio Estel, Audio Video Mision Radio.

Preside, desde 2001 (sustituyendo Joan Gomis, cuando este murió) la Federació Catalana d'ONG per la Pau, entidad que reúne cerca de veinte ONG catalanas dedicadas a la defensa y promoción de los valores de la cultura de la paz y la no violencia.

En 2004 fue elegido presidente de la Federació d'Organitzacions Catalanes Internacionalment Reconegudes (FOCIR), que promueve la presencia internacional de entidades catalanas. También en 2004 fue nombrado personalmente por el alcalde de Barcelona, Joan Clos, como miembro del Consell de la Ciutat de Barcelona.

En 2005 fue elegido presidente del reciente constituido Consell Catalá de Foment de la Pau, organismo asesor de la Generalitat de Catalunya y miembro del Comité de expertos del programa para creación del Institut Català Internacional per la Pau (ICIP). También en 2005 fue reelegido como presidente de la Federació Catalana d'ONG per la Pau y de la plataforma de entidades Finançament Ètic i Solidari (FETS), desde donde intenta que se cree o se instale en Cataluña una banca ética.

Participó en las movilizaciones de protesta contra la reunión de la OMC en Seattle (1999). participó e impartió conferencias en el Foro Social Regional Latinoamericano, en Cartagena de Indias (Colombia, 2003). Ha participado e impartido conferencias en varias ediciones del Foro Social Mundial, en Bombay (2004), Porto Alegre (2005), Bamako (2006) y del Foro Social de la Mediterránea, celebrado en Barcelona (2005).

Toda esta actividad la hace compaginándola con la docencia, que integra en su tarea militante, como profesor del Departamento de Economía Aplicada de UAB y profesor de varios doctorados, masters o cursos de postgrado de diferentes universidades (Universitat de Barcelona, Universitat Politècnica de Catalunya, Universitat de Lleida, Universitat de Girona, Instituto Sant Fructuos de Tarragona, Universitat de València y Universitat de Castelló) además de cursos en muchas universidades de verano.

Relación de entidades de les que es presidente o miembro

Actualmente es presidente de las següientes organizaciones:

Consell Català del Foment de la Pau
Associació Justícia i Pau de Barcelona
Federació Catalana d’ONG per la Pau
Federació d’Organitzacions Catalanes Internacionalment Reconegudes (FOCIR)
Universitat Internacional de la Pau de Sant Cugat
Associació Lectura Fàcil

Igualmente es miembro activo de los organismos o entidades siguientes:

Consell de la Ciutat de Barcelona
Institut Víctor Seix de Polemologia (actualmente director)
Patronat del Casal d’Europa de Sabadell
Comitè Internacional de la Fundació per la Pau
Societat Catalana d’Economia
Consell Assessor d’ATTAC (Associació per la Tributació de les Transaccions Internacionals)
Consell Editor de revista Monthly Review
Consell Editorial de la revista Foc Nou
Comitè de Seguiment dels Acords del Tinell d’Iniciativa per Catalunya
Patronat de la Fundació Tam Tam
Associació Catalana de Solidaritat i Ajuda al Refugiat

Premios

Ha recibido los siguientes premios:

Memorial Vidal i Llecha (1985, primera edición)
Premi de la Fundació Lluís Companys (ERC) (2001)
Premi de l’entitat Flama del Canigó
Premi de civisme de Radio Molins de Rei
Premi de la revista Alandar, Madrid
Guardó CIEMEN 2006 (modalidad nacional)

Libros y artículos

Es autor o coautor de los siguientes libros:

- 0,7, un informe para los parlamentarios, 1982
- Introducció a l’economia, editat per l’associació ATTAC, 2003
- ¿Quién debe a quien? Deuda externa y deuda ecològica (amb Joan Martínez Alier), Editorial Icària.
- El ciclo armamentista espanyol (amb Pere Ortega, coordinadors), editorial Icària, 2000.
- Contra la fam i la guerra, Angle editorial, 2005 (también existe versión castellana)
- Un altre món, Angle editorial, 2006

Ha sido colaborador regular de las revistas Canigó y Serra d’Or y el Diari de la Pau, i ha participado en más de 60 libros o publicaciones.

Entender el fenómeno de las pateras

imprimir

5 claves para entender el fenómeno de las pateras y 5 claves para actuar

Aida Sánchez, CanalSolidario.org.

El pasado 11 de abril catorce argelinos partieron de Orán con el objetivo de comenzar una nueva vida en Europa. La imposibilidad de migrar por cauces legales les obligó a embarcarse en una lancha rígida que, tras dos días de viaje, naufragó a 33 kilómetros de la costa almeriense. Sólo tres tripulantes fueron rescatados con vida. A los otros once se les da por desaparecidos.

El Mediterráneo se ha convertido en una gran fosa común. Como la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, APDHA, recoge en su informe Frontera Sur 2009, pese a que el número de personas fallecidas en las aguas españolas ha disminuido en el último año, no podemos olvidar que cientos mueren cada año intentando llegar a nuestras costas. Muchas más pierden la vida en las aguas magrebíes o africanas o en sus desiertos, además de sus derechos fundamentales, reiteradamente violados a lo largo de toda su peregrinación migratoria.

5 claves para entender el fenómeno de las pateras, según Carlos Arce:

1) “Efecto expulsión”: La situación social, política, económica, ambiental y de Derechos Humanos de los países de origen.
Cuando se habla de la inmigración africana por vías irregulares se suele aludir como causa a un supuesto “efecto llamada” que constituirían las presuntamente “blandas” políticas migratorias y de control de fronteras de Europa en general y de España en particular.

Por el contrario, lo que existe es un “efecto expulsión” determinado por la falta de unas condiciones de vida mínimamente respetuosas con la dignidad humana en los países de origen de las personas inmigrantes africanas que utilizan vía irregulares de entrada en España y Europa. Basta con una mirada a los datos relacionados con los países del Magreb, del Sahel y del África Subsahariana en los Informes de Desarrollo Humano del PNUD para tener una constatación objetiva del citado “efecto expulsión”.

2) El Estrecho, la frontera más desigual del mundo.
Teniendo como base los mismos Informes de Desarrollo Humano del PNUD, se puede afirmar que los 14 km. del Estrecho de Gibraltar que separan Europa y África constituyen la frontera más desequilibrada del mundo.

El abismo de reconocimiento de derechos fundamentales y respeto a la dignidad humana, unido a la cercanía geográfica, explica que las personas africanas miren a Europa como principal vía de acceso hacia una vida mejor.

3) La “externalización” de fronteras de España y la Unión Europea: fuente de violaciones de los derechos humanos.
Desde hace años la Unión Europea y España han llevado una política sistemática de “externalización” de sus fronteras, consistente en dejar la responsabilidad del control de los flujos migratorios a países fronterizos con la Unión a cambio de acuerdos que les favorecen en otros ámbitos (económico, militar…). El hecho de que la mayoría de estos Estados (Marruecos, Argelia, Libia o Mauritania, por ejemplo) tengan, dicho con generosidad, una trayectoria más que dudosa en el respeto de los derechos humanos, ha generado una multitud de situaciones de violación de derechos fundamentales de las personas inmigrantes en tránsito hacia Europa en sus territorios. Dichas violaciones, reiteradamente denunciadas por colectivos sociales europeos y africanos, han contado con la indiferencia, cuando no la aquiescencia, de la Unión Europea y sus Estados miembros.
Puedes encontrar información actualizada al respecto en el informe de la APDHA Derechos Humanos en la Frontera Sur 2009 .

También de gran interés y actualidad el informe de Médicos Sin Fronteras Violencia sexual y Migración, sobre la realidad de las mujeres inmigrantes subsaharianas en tránsito hacia Europa en Marruecos.

4) Situación en los países de acogida: La exclusión de la ciudadanía de las personas inmigrantes.
El no reconocimiento de las personas inmigrantes como ciudadanas plenas en las sociedades europeas de acogida les supone una situación de gran vulnerabilidad. Al no tener posibilidad de tomar parte en la vida política de la comunidad a la que pertenecen, carecen de capacidad de reacción ante el constante recorte de sus derechos fundamentales que están suponiendo las últimas reformas legislativas que en materia migratoria se han llevado a cabo a nivel europeo y español.

En esta línea se enmarca la reciente reforma de la Ley de Extranjería” en España, operada por la LO 2/2009 y también la conocida como Directiva Retorno, aprobada en el ámbito de la Unión durante el año 2008.

Además del citado recorte de derechos fundamentales, el actual marco normativo configura una situación donde la inmigración por vías regulares, el objetivo que supuestamente busca la legislación de extranjería de la Unión y de España, se convierta en una quimera rayana en la imposibilidad.

5) La vigente crisis social y económica global: Agrava el “efecto expulsión” y puede ser caldo de cultivo para el racismo y la xenofobia en los países de acogida.
Como reconoció el propio Ministro del Interior, Pérez Rubalcaba, la crisis económica global no supone un debilitamiento del descrito “efecto expulsión”, sino que en todo caso supone un refuerzo del mismo, ya que las maltrechas economías africanas están sufriendo con especial virulencia los efectos de la crisis y no disponen de los recursos sociales de los países del Norte para paliarlos.

Estos dos artículos de La Región y El Economista son especialmente esclarecedores.

Por lo tanto, el tan celebrado por el Ministerio del Interior español descenso de llegada de pateras y cayucos a las costas españolas durante 2009 tiene mucho más que ver con la profundización en la política de “externalización” de fronteras descrita y el incremento de medios políticos, tecnológicos y militares en el control de fronteras (Plan África, SIVE, o FRONTEX, por ejemplo) que el hecho de que la crisis haga de España un destino migratorio menos atractivo.


5 claves para actuar ante el fenómeno de las pateras, según Carlos Arce:

1) Infórmate. Conoce la realidad de los países de origen de las personas migrantes, de las políticas de fronteras y de la situación de las personas inmigrantes a través de fuentes independientes. Las páginas webs de los colectivos de la sociedad civil implicados con estas situaciones y los canales informativos sociales y alternativos son una buena herramienta para ello.

Incluso en tus momentos de ocio, a través de la literatura y el cine, te puedes acercar al fenómeno migratorio. Dos películas recomendables: “14 kilómetros”. España. 2007. Director: Gerardo Olivares y “En un mundo libre”. Gran Bretaña. 2007. Director: Ken Loach.

2) Mirada crítica. Muy vinculado con lo anterior. Es esencial tomar cierta distancia y someter a constante análisis las informaciones que nos llegan de los medios de comunicación “oficiales” y las declaraciones vertidas en el “foro político”.

Partiendo de una información obtenida de fuentes independientes, y aplicando el sentido crítico, te será más fácil “desentrañar” los intereses político-económicos que en ocasiones subyacen bajo las informaciones negativas relacionadas con el fenómeno migratorio.

3) Implícate en la sociedad civil. Existen miles de colectivos sociales que trabajan en todos los aspectos relacionados con las migraciones: desde aquéllos que se dedican a la cooperación, pasando por los que tienen como principal objetivo la vigencia global de los derechos humanos y terminando por los que específicamente luchan por los derechos de las personas migrantes. Y hay diversas maneras de colaborar con ellos, dependiendo de tus posibilidades y disponibilidad: difunde sus denuncias y campañas entre tus contactos, colabora económicamente en su sostenimiento (como socio o través de donaciones puntuales) o, mejor aún, pasa a la militancia activa en cualquiera de ellos. Por supuesto, en la APDHA tienes la puerta abierta.

4) Vota “en conciencia”. Además de la militancia en la sociedad civil, como ciudadano tienes una poderosa arma: tu voto.

Lee qué propuestas incluyen en sus programas electorales los diferentes partidos respecto al fenómeno migratorio. Comprueba qué medidas políticas y legislativas han impulsado y/o apoyado en esta materia (p. ej., comprueba qué partidos apoyaron en el Parlamento Europeo la “Directiva Retorno” o qué partidos han hecho lo propio con la reciente reforma de la “Ley de Extranjería” en el Parlamento español…).

Una vez tengas esta información, reflexiona sobre ella, piensa si esos programas electorales o medidas políticas han favorecido el respeto pleno de los derechos humanos de las personas migrantes… y después vota “en conciencia”.

5) Actúa también en tu entorno cercano. No dejes de ser un factor de acogida e inclusión de tus vecinos y vecinas, compañeros y compañeras de trabajo o de estudios de origen inmigrantes.

Transmite valores positivos a los más pequeños de tu ámbito familiar, y es de especial importancia que lo hagas en el ámbito educativo si tienes responsabilidades docentes.

No te quedes indiferente ante hechos u opiniones de carácter racista o xenófobo.

La reforma de la Ley de Extranjería.


imprimir

Xavier Rius, Público.

El Pleno del Congreso iniciará la próxima semana el debate sobre la reforma de la Ley Orgánica 4/2000 de derechos y libertades de los extranjeros en España. Una reforma que se produce en un momento en que, debido a la crisis, se ha producido una desaceleración del flujo de llegada de extranjeros y un incremento de los que están en situación irregular. Si bien se creía que contaría con el apoyo del PP, que había reconocido en diciembre que el anteproyecto era muy similar al que había presentado el Grupo Popular un mes antes, a mediados de julio cambió de estrategia, presentando una enmienda a la totalidad y exigiendo más dureza frente al fenómeno migratorio. La reforma, que introduce modificaciones para adaptarse a directivas comunitarias, es continuista con la ley vigente, por más que añade dos cambios no exigidos por dichas directivas. Alarga de 40 a 60 días el periodo de internamiento de un extranjero con expediente de expulsión y endurece las condiciones para la reagrupación familiar. Pese a que se ha dicho que amplía los derechos de los extranjeros, en la práctica significa un recorte y no aporta novedades a fin de mejorar la gestión de flujo migratorio que quedará de nuevo en manos del reglamento y su aplicación.

Digo que recorta derechos, pese a que la ley devuelve a los sin papeles derechos de reunión, manifestación o huelga que les fueron retirados el año 2000, dado que dichas restricciones eran inaplicables: nadie podía evitar que los extranjeros sin papeles se reunieran en un sindicato, ni había ningún procedimiento sancionador contra el sin papeles que hiciera huelga. En cambio, los recortes de derechos que ahora se imponen sí que afectan realmente. El retroceso más significativo es la ampliación del periodo de residencia exigido en España para reagrupar a un familiar que pasa de dos a cinco años, vulnerando la Convención de Naciones Unidas sobre personas migrantes. Además, exige que los ascendientes a reagrupar tengan más de 65 años, pese a que luego deje abierta la puerta a no exigir esta edad en casos excepcionales. ¿Qué les ocurrirá pues a aquellos inmigrantes cuyo padre tenga ya 66 años, pero su madre sólo 57? ¿Se obligará a la mujer a separase de su marido? Tras los 127.165 extranjeros que llegaron en 2007 por reagrupación –correspondientes mayoritariamente a familiares de quienes se regularizaron en 2005–, esta cifra se redujo a 90.705 en 2008 y todos los datos apuntan a que este año se reduce todavía más. La reagrupación no debe verse como un coladero, sino como un derecho de los nuevos ciudadanos. Además, si se pretende que el flujo de llegada sea legal, ¿qué problema hay en que se pueda reagrupar a una madre de 57 años, que vivirá con su hijo, y que podrá trabajar legalmente en sectores que demandan mano de obra como el servicio doméstico y cuidado de ancianos?

El otro cambio significativo es el alargamiento de 40 a 60 días del periodo que puede permanecer en un centro de internamiento un extranjero al que se tramita expediente de expulsión. Ampliación poco útil dado que a quien no se le ha podido verificar su identidad o nacionalidad en 40 días, poco más se conseguirá en 60. Además introduce la posibilidad de alargar este periodo para los solicitantes de asilo y habeas corpus. La actual reforma genera lagunas en las expulsiones de los menores, vulnerando aspectos de los convenios internacionales del derechos del niño. He comentado que la ley es continuista en lo relativo a la gestión del flujo, dado que los elementos sustanciales de su gestión quedarán en manos del reglamento y su aplicación. Dado que el Gobierno ha restringido ya el catálogo de empleos de difícil cobertura, que establece aquellos puestos para los que el empresario que necesite un trabajador puede reclamar directamente a un inmigrante que está en el extranjero, el flujo legal de entrada se ha reducido notablemente estos últimos meses.

Pero, con una simple comparación de los datos del último padrón hechos públicos por el INE, vemos que a 1 de enero había en España 600.000 extracomunitarios en situación irregular, unos 100.000 más que un año antes. Y los datos de la encuesta de población activa elevan ya a 800.000 el número de extranjeros que trabajan en la economía sumergida. La manera que establece el reglamento vigente de regularizarlos es por arraigo social a los tres años si tienen propuesta de contrato y, en algunos casos, un informe de los servicios sociales certificando que, pese a no tener propuesta de empleo, su núcleo familiar dispone de recursos. Por este procedimiento se regularizaron 60.259 personas en 2008. Dado que no parece probable que se plantee a medio plazo una regularización extraordinaria, será sólo con la aplicación del arraigo como podrán salir de la economía sumergida aquellos inmigrantes que sí tienen empleo, pero no tienen o les caducó su permiso de trabajo. La voluntad de aplicar ampliamente o no el arraigo, marcará la diferencia entre si se desea asumir que estos trabajadores existen y hay que hacerlos aflorar legalmente, o preferimos repetir que la inmigración disminuye y ha tocado techo, pese a que continúen aquí en la economía sumergida.

Pero es precisamente el arraigo uno de los aspectos que el PP desea endurecer por ley al igual que plantea aspectos electoralmente rentables, pero inútiles en la práctica, como el “contrato de integración”. En el fondo el PP desea aprovechar el otoño –periodo en el que al acabar la temporada turística aumentará el desempleo– para agitar los miedos y los fantasmas ante la inmigración. Una estrategia que puede ser electoralmente rentable en momentos de crisis, pero que siempre resulta contraproducente de cara a la cohesión social y no hace más que dificultar la gestión del fenómeno migratorio.