El abandono del pueblo saharaui

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La España del avestruz


Mikel Basabe, Público.

Por lo que me cuentan –y quienes lo hacen saben de lo que hablan– en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf están debatiendo sobre el futuro. Me dicen que tienen dos opciones: “Irnos a la mierda o volver a la guerra”. Así de simple. Supongo que la comunidad internacional estará contenta.

Estará contenta de su incompetencia. El Frente Polisario está en tregua desde 1991 porque la comunidad internacional se comprometió a avalar una salida justa y pacífica del conflicto saharaui. Se comprometió a la realización de un referéndum de autodeterminación en el Sahara Occidental. Se comprometió, y no ha cumplido.

El mensaje de la comunidad internacional al pueblo saharaui ha sido nítido: si quieres que se cumpla la legalidad internacional, no cuentes con nosotros. Si quieres que se celebre el referéndum de autodeterminación que la legislación internacional te reconoce, no cuentes con nosotros. Si quieres ser independiente, ve a la guerra y gánala. Si no, vete a la mierda. Y eso es lo que me dicen los saharauis que están debatiendo: “Irnos a la mierda o a la guerra”.

Pero no nos engañemos: el inicio del problema no es que la comunidad internacional se llame andana y abandone por segunda vez a los saharauis. El inicio del problema está en el primer abandonó que sufrió el pueblo saharaui, abandono que todavía dura. España abandonó el Sahara y a los saharauis, acordando con Marruecos y Mauritania que estos se repartieran el territorio. Era el año 1975, 14 de noviembre, y Franco agonizaba. El jefe del Estado en funciones era Juan Carlos de Borbón. En vez de llevar a cabo un proceso de descolonización como era su obligación, regaló el territorio a marroquíes y mauritanos, y obligó al Frente Polisario a ir a la guerra contra esos dos estados.

Desde entonces, España no ha movido un dedo para remediar el mal que hizo. Ni uno solo de los gobiernos que se han turnado durante estos 35 años ha intentado que se cumpla la legalidad internacional. Todos han dado la espalda al pueblo saharaui y a la obligación que tenían y tienen de finalizar el proceso de descolonización del Sahara Occidental. Al principio, hace tres décadas, la excusa eran Ceuta, Melilla y las islas canarias, la reivindicación que Marruecos podía hacer sobre ellas. Hace unos años, la excusa era el tráfico de drogas: si Marruecos no ayudaba, el país se iba a llenar de drogas. Después fueron las pateras, cuyo flujo Marruecos parecía poder controlar a su antojo. Excusas. Excusas para no hacer frente a las obligaciones que España tiene. No que España tenía, no. Obligaciones internacionales que España sigue teniendo. Esa misma España que sigue sin reconocer la independencia de Kosovo porque la declaración de independencia vulneró la legalidad internacional, incumple las obligaciones que dicha legalidad internacional le reclama respecto al inconcluso proceso de descolonización del Sahara Occidental. Y si el Gobierno español no sabe cuáles son esas obligaciones, que se lo pregunte al Gobierno portugués. Portugal en ningún momento olvidó sus obligaciones con Timor Oriental, que fue invadido por Indonesia y privado de su independencia. Portugal jamás abandonó a Timor del Este y lideró el trabajo de la comunidad internacional para que ese pequeño país –15.000 kilómetros cuadrados y un millón de habitantes– pudiera acceder a la independencia a través de un referéndum de autodeterminación celebrado en 1999, en el que aproximadamente el 80% de la población apoyó la independencia.

Y es precisamente eso lo que hay que reclamar a España. Al Estado español. Que lidere la comunidad internacional para que el Sahara Occidental termine su proceso de descolonización con un referéndum de autodeterminación, tal y como se prevé en el derecho internacional. Para que el pueblo saharaui decida entre tener o no un estado independiente, y no entre irse a la mierda o a la guerra. Estas reflexiones me las hacía hace una semana, antes de nuestro abortado viaje a El Aaiún. Y antes también de que el ejército marroquí atacara militarmente un campamento de civiles.

Ahora es más urgente que nunca que España abandone su política del avestruz. Que nadie del Gobierno hable, por favor, de las reclamaciones legítimas de las dos partes, porque hay una parte, la saharaui, que tiene la legalidad de su parte, y otra, la marroquí, que no tiene legitimidad en sus posiciones. Que nadie hable de neutralidad, ni dé sensación de equidistancia. No porque no pueda España ser equidistante –que no puede, porque la legalidad internacional le obliga a no serlo–, sino porque es mentira que España esté siendo neutral, es mentira que España trate igual a las dos partes. Para ello, lo primero que tendría que hacer sería reconocer que el representante legal del pueblo saharaui es el Frente Polisario, y establecer relaciones diplomáticas con él. Que es precisamente lo que hizo la Sudáfrica de Nelson Mandela: reconocer la República Árabe Saharaui Democrática. Os acordáis del caso surafricano, ¿no? La comunidad internacional le impuso a Sudáfrica sanciones económicas y diplomáticas. Y llegó la democracia y se restauró la legalidad internacional, que propició, entre otras cosas, la independencia de Namibia, territorio ilegalmente ocupado por Sudáfrica.

España, hoy, tiene que mandar un mensaje claro: respeto a la legalidad internacional, solicitud a Marruecos para que permita organizar el referéndum de autodeterminación en el Sahara Occidental, apoyo a las legítimas exigencias del pueblo saharaui y liderazgo dentro de la comunidad internacional para que esta obligue a quien incumple la legalidad internacional a cumplirla sin más demora. En resumen, España debe dejar de jugar al avestruz.

Benedicto XVI (EL PAPA) en Barcelona.

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La visita del Inquisidor de la Fe


Juan José Tamayo, El País.

Cuenta el teólogo José María Díez-Alegría en su libro Teología en broma y en serio, ilustrado con las inconfundibles viñetas de Peridis (Desclée de Brouwer, Bilbao, 1975), que Pío XII ordenó hacer excavaciones arqueológicas debajo del altar mayor de la basílica de San Pedro en el Vaticano para comprobar si se encontraba allí el sepulcro del apóstol Pedro.

Lo que descubrieron los arqueólogos fueron cinco altares colocados uno debajo de otro y más abajo el sepulcro de Pedro en un huequecito excavado en el suelo y cubierto con unas tejas. Era, dice, “un sepulcro de esclavo, sin monumento alguno, situado en la parte de la necrópolis destinada a los extranjeros. Casi la fosa común”. Pero estaba vacío y no había rastro alguno de Pedro. ¿Qué había sucedido? Con su agudo sentido del humor, Díez-Alegría avanzaba la hipótesis siguiente: cuando le pusieron cinco altares uno encima de otro y una inmensa cúpula, Pedro se sintió incómodo y se marchó.

El viaje de Benedicto XVI confirma la rendición en España del poder político a la autoridad religiosa
¿Hipótesis descabellada la de Díez-Alegría? Quizá no tanto. Algo parecido había intuido ya Rafael Alberti en el poema Basílica de San Pedro, recogido en su libro Roma, peligro de caminantes, referido a una estatua de bronce, situada a la derecha de la nave central del Vaticano, que representa a Pedro con un pie ligeramente adelantado, cuyo metal está muy desgastado de tanto besarle los pies los visitantes de la basílica. He aquí el poema: “Di, Jesucristo, ¿por qué / me besan tanto los pies? / Soy San Pedro aquí sentado, / en bronce inmovilizado, / no puedo mirar de lado / ni pegar un puntapié, / pues tengo los pies gastados, / como ves. / Haz un milagro, Señor. / Déjame bajar al río, / volver a ser pescador, que es lo mío”.

La anécdota de Díez-Alegría y el poema de Alberti muestran la degradación que ha sufrido el papado a lo largo de su historia. Benedicto XVI, el Papa que visita ahora Santiago de Compostela y Barcelona, nada tiene en común con Simón Pedro, el pescador del lago de Tiberíades. Tampoco sigue las rigurosas recomendaciones de Jesús de Nazaret a los apóstoles: “No cojáis nada para el camino: ni bastón , ni alforja, ni pan ni dinero, ni llevéis cada uno dos túnicas [propio de gente acomodada]. Quedaos en la casa en que os alojéis [no ser exigentes en cuanto al alojamiento] hasta que os vayáis de aquel lugar. Y en caso de que no os reciban, sacudíos el polvo de los pies.

Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la buena noticia y curando en todas partes” (Lucas 9, 3-6). Pues bien, el viaje del Papa costará a los contribuyentes españoles 200.000 euros por hora, ¡qué contrasentido!

Benedicto XVI llega a España en su doble función de máxima autoridad religiosa del mundo católico y de jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano. Su elección fue obra de 114 “príncipes de la Iglesia”, sin consulta ni participación de la comunidad cristiana, lo que limita sobremanera su capacidad para representar a todos los católicos. Benedicto XVI ejerce su autoridad religiosa antidemocráticamente y la jefatura de Estado de la Ciudad del Vaticano con un poder absoluto superior al de los faraones egipcios, los emperadores romanos y los califas del Imperio Otomano.

Así lo reconoce la Ley Fundamental (Constitución) del Vaticano, que sustituye a la de 1929 y entró en vigor en febrero de 2001, siendo el cardenal Ratzinger presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En ella se establece que “el Sumo Pontífice, Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano, posee la plenitud de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial”, y que tiene “en exclusiva la facultad de conceder amnistías, indultos y perdones”.

Yo creo que el Vaticano como Estado y el autoritarismo papal son dos de los factores que más han contribuido al fracaso del cristianismo en su historia y que más escándalo generan entre los no creyentes, pero también entre no pocos cristianos evangélicos. Además, están en abierta oposición al Evangelio, que acusa a los jefes de las naciones de dominar al pueblo e imponer su autoridad (Marcos 10, 42-45), al tiempo que alejan, más que acercan, de la fe en Jesús de Nazaret. La desaparición del Vaticano es condición necesaria para la recuperación de la credibilidad de la Iglesia en el mundo actual.

Conforme a su doble condición, Benedicto XVI se reunirá con las máximas autoridades religiosas de la Iglesia española -cardenales, arzobispos y obispos- y las máximas autoridades políticas -reyes, presidente del Gobierno, etcétera- que lo recibirán con honores de jefe de Estado y participarán en los actos religiosos en lugares destacados, creando así una confusión de planos que nos retrotrae a épocas pasadas de nuestra historia.

Esas reuniones le servirán al Papa para ratificar los privilegios de los que goza la Iglesia católica: económicos, sociales, fiscales, jurídicos, educativos, sanitarios, militares, y para seguir dirigiendo la agenda religiosa del Gobierno de Rodríguez Zapatero, que se comprometió con Benedicto XVI a demorar -¿ad kalendas graecas?- la presentación a las Cortes de la nueva Ley de Libertad Religiosa y de Conciencia, que no es del agrado del Papa ni de los obispos españoles. De nuevo, el poder político rendido a la autoridad religiosa.

Juan José Tamayo Acosta es secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII y autor de En la frontera. Cristianismo y laicidad (Editorial Popular, 2010).

Francia en huelga

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La Unión Europea ha declarado la guerra a la clase trabajadora y los pueblos de Europa
Francia señala el camino: “Pueblos de Europa, alzaos”

LIT-CI

“Sarkozy nos declaró la guerra” dijeron los trabajadores franceses, refiriéndose a las medidas del gobierno y en particular a la reforma de la jubilación, que ha provocado la actual ola de movilización, la mayor desde 1995.

En mayo, fue el “socialista” Zapatero quien hacía lo propio, anunciando su plan de ajuste, que iba desde la rebaja de los salarios a los funcionarios y la congelación de las pensiones hasta una profunda contrarreforma laboral, a la que ha seguido un drástico recorte presupuestario y la prevista reforma de las pensiones. Estos días, es el gobierno británico el que ha anunciado la destrucción de 500 mil puestos de trabajo en la Administración Pública, un brutal hachazo al “Estado del bienestar” y la reforma de las pensiones. En Portugal, el nuevo plan de austeridad del “socialista” Sócrates ha provocado ya la convocatoria de una huelga general para el 24 de noviembre. A comienzos de año fue la clase trabajadores griega la que se puso en marcha contra los draconianos planes de austeridad decididos en Bruselas y aplicados por el “socialista” Papandreu. En Alemania, Merkel ha anunciado un plan de recortes de 80 mil millones de euros. En Italia, el gobierno Berlusconi impone más de lo mismo. Toda Europa se enfrenta a esta plaga.

La Unión Europea, bajo la batuta del capitalismo alemán y con el aval del FMI, marca los planes de los gobiernos, sea cual sea su “color”. Es una verdadera guerra social la que han puesto en marcha. En todos los casos han decidido que el déficit público y la deuda generados por los 700 mil millones dedicados al rescate de los bancos, cuando el sistema financiero estuvo al borde del colapso, lo van a pagar los trabajadores y trabajadoras. Este es el sentido de los Planes de Ajuste que todos los gobiernos están aplicando a las pensiones, los salarios de los funcionarios, los servicios públicos y las prestaciones sociales. Con ello, junto al empobrecimiento masivo, quieren dar entrada de manera masiva a bancos, aseguradoras y fondos de inversión en la gestión y control de los sistemas de pensiones, la sanidad y la enseñanza.

Se trata, ni más ni menos, que de un plan unificado para acabar con las conquistas de la clase obrera europea e imponer un retroceso histórico al nivel de vida y los derechos democráticos conseguidos. No en vano, en muchos Estados de la UE persisten todavía importantes conquistas sociales y democráticas, en medio de un mundo golpeado por el neoliberalismo más salvaje. Derechos como las vacaciones pagadas, salarios decentes, la seguridad social prácticamente universal, los sistemas públicos de pensiones o el mismo derecho de huelga están en el punto de mira de la clase capitalista europea. Acabar con ellos es una precondición para competir con los otros imperialismos por su parte en la tarta del mercado mundial, en medio de una crisis histórica, desconocida desde la Gran Depresión de los años 30.

A partir de esta unidad de todos los gobiernos contra la clase trabajadora, dentro de la Unión Europea se juega otra batalla, entre los que pertenecen al “núcleo duro” y los que quedan fuera. La crisis ha puesto a todos en su lugar: bajo la hegemonía germana, el eje franco-alemán se muestra como el amo indiscutido de Europa, mientras los países “periféricos” como Grecia, Portugal o el Estado español son sometidos a un régimen de “protectorado” económico, sin hablar ya de los países del Este recientemente incorporados a la UE y carentes de toda soberanía nacional. No es otra cosa la nueva “gobernanza económica” europea. Por lo demás, los brutales planes de austeridad arrastran inevitablemente a la recesión y al estancamiento europeo, en el que las propias perspectivas del euro y de la UE están en cuestión.

La respuesta de la clase trabajadora europea

La respuesta a los planes de ajuste, iniciada en diciembre del año pasado por los trabajadores y el pueblo griegos, se ha extendido al conjunto de Europa. Han seguido grandes manifestaciones y huelgas en Italia, Estado español, Portugal, Alemania, los países del Este... Y a la vanguardia de todos, la clase obrera y la juventud francesas que, con un impresionante impulso desde la base y desbordando a las cúpulas burocráticas, han puesto contra las cuerdas al gobierno de Sarkozy, que ha militarizado las refinerías y ha lanzado una represión masiva, con miles de detenidos.

En todos lados, con sus desigualdades, la clase trabajadora y la juventud europea muestran su disposición a la lucha. Esta disposición se enfrenta en todos lados a la burocracia sindical de la CES y de sus organizaciones nacionales, que tratan de bloquear las movilizaciones, de impedir el choque directo de los trabajadores con los gobiernos y con la UE y de cerrar a toda costa el paso a una respuesta unificada de la clase trabajadora europea. A la CES, el sólo planteamiento de una huelga general europea le produce escalofríos. Las cúpulas sindicales en Francia se niegan a centralizar el movimiento y lanzarlo a una huelga general indefinida que reuniría todas las condiciones para lograr la retirada de la de reforma de las pensiones y la caída de Sarkozy. Por el contrario, esperan que el movimiento pierda fuerza y se desmoralice. La dirección de las TUC británicas se niega a convocar una manifestación nacional contra los brutales planes de Cameron, frente a los reclamos de los sindicatos del transporte o la educación. Los dirigentes de CCOO y UGT en el Estado español se niegan a convocar una nueva huelga general, en un vano intento de retomar el “diálogo social”. Y así podríamos seguir en los diferentes países...

Pero a pesar de la omnipresente propaganda capitalista machacando una y otra vez la idea de que no hay otra salida que el empobrecimiento y la pérdida de derechos, hay que decir que es posible echar atrás los planes de ajuste con una movilización general que enfrente directamente a los gobiernos y haga confluir las fuerzas de toda la clase trabajadora europea en una respuesta unificada y contundente, rompiendo las barreras que la aíslan Estado a Estado, nación a nación.

Exigimos por lo tanto a las direcciones sindicales de clase obrera de los diversos países europeos que pongan en marcha planes de lucha de combate y consecuentes con el objetivo de derrotar estos planes anti-obreros, en vez de sentarse a negociar con los gobiernos pequeños cambios que no cuestionan el contenido de estos ataques. Les exigimos también que convoquen huelgas generales en sus países y que llamen a una huelga general europea que pueda echar abajo los planes de estos gobiernos, de la UE y del FMI.

Los trabajadores y las trabajadoras europeos hemos entrado en un período histórico en el que estamos enfrentados al enorme reto de derrotar unos planes que, como dicen los compañeros griegos, “quieren devolvernos a los años 50” y de imponer una salida obrera la crisis, abriendo el horizonte de la lucha por la destrucción de la UE y la edificación de unos Estados Unidos Socialistas de Europa.

Imponer una salida obrera a la crisis exige el rechazo rotundo a los planes de ajuste, el reparto del trabajo mediante la reducción de la jornada sin reducción de salarios, el subsidio indefinido mientras los trabajadores no encuentren empleo, la jubilación a los 60 años, la puesta en marcha de ambiciosos y duraderos planes de obras públicas para resolver las grandes necesidades sociales, el fin de la privatización de los servicios públicos y su reversión donde hayan sido privatizados, fuertes impuestos a los ricos, la nacionalización bajo control de los trabajadores de todas las grandes industrias y sectores estratégicos, la expropiación de los bancos para poner los recursos del país al servicio de la reorganización de la economía en beneficio de la inmensa mayoría y el no reconocimiento de las deudas nacionales.

Imponer una salida obrera a la crisis exige hacer frente con la máxima resolución al resurgimiento de las alternativas racistas y xenófobas, detrás de las que se parapeta el renacimiento de la extrema derecha, un arma con la que la burguesía europea comienza a contar para el futuro.

En verdad, lo que estamos viviendo hoy es una guerra social de los patronos y los gobiernos contra los trabajadores/as y los pueblos. Imponer una salida obrera a la crisis exige, por lo tanto, no solo enfrentar los planes sino también a los gobiernos de turno que están haciendo que sean los trabajadores/as los que paguemos una crisis que no es nuestra. Sin combatir directamente a estos gobiernos de la burguesía, sean de la derecha o de la social-democracia, no vamos a lograr echar atrás estos planes.

En ese sentido, esta crisis no ha hecho más que dejar claro y de forma más cruda la barbarie del sistema capitalista que no da otra salida para los que viven de su trabajo que la sobreexplotación y la miseria. Un sistema que va de crisis en crisis, que tiene sus bases más profundas en la explotación del hombre por el hombre, que nos quita la vida y la dignidad haciéndonos trabajar hasta morir, que sustenta el lujo de los de arriba con la destrucción del planeta y de la humanidad. Por eso, para la LIT-CI esta crisis – la mayor desde 1929 – pone al orden del día la necesidad de echar abajo no sólo los planes de los gobiernos sino todo el sistema capitalista.

Avanzar en la reorganización sindical y política del movimiento obrero

Los trabajadores y las trabajadoras, la juventud francesa demuestran una enorme fuerza y, al mismo tiempo, la necesidad urgente de agrupar la fuerza combativa que desde las bases sindicales y la juventud, levante una alternativa frente a unas burocracias que son el principal tapón de la movilización. Esta es ahora mismo la necesidad más urgente a escala de cada país y a escala europea, agrupar a la izquierda sindical y coordinarla a nivel europeo, donde el retraso es todavía mayor.

Todos los pasos en la reorganización sindical son inseparables de la reorganización política, de la lucha por levantar una dirección revolucionaria frente a una izquierda institucional que hace mucho tiempo dejó de ser izquierda para convertirse en instrumento del capitalismo europeo. En esta tarea están firmemente comprometidas las organizaciones europeas de la Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional (LIT-CI)

28 de Octubre de 2010

Zapatero y su gobierno responsable

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Carta a Rodríguez Zapatero

José Ignacio González Faus, teólogo

Querido señor R. Zapatero: quiero decir de entrada que le considero un hombre de buena voluntad. No comparto los juicios crueles de radio María o de la COPE, a las que aplico aquel sabio juicio de santa Teresa: “más que al demonio temo a los que ven en todas partes demonio”… Creo que tiene Ud una excelente voluntad. Pero establecido esto, me siento obligado a decirle que algunas de sus decisiones sociales me parecen de un poco chapuceras, la verdad.

Por ejemplo: va Ud a Japón y declara que “hay momentos en la historia de los pueblos en que un gobierno responsable debe tomar decisiones que no gustan”. Sonoras palabras que sirven para añadir que su gobierno es responsable y ha sabido tomar esas decisiones…

Lo que me sorprende es que a ese principio tan impecable le dé Ud un alcance tan corto y lo reduzca a la subida del IVA… La gente se sonríe, y le parodia diciendo que hay que tomar decisiones que no gustan “a los débiles”: porque si se trata de que no gustan a los fuertes entonces sí que es mejor no tomarlas…

Por ejemplo:

1.- Un gobierno responsable debió afrontar la crisis bajando el sueldo a todos sus miembros y quizá suprimiendo de momento algunos ministerios, en vez de bajarlo sólo a los funcionarios. Sé que esto no reportaría un gran capital económico, pero sí le habría supuesto un capital moral que, en momentos de crisis es imprescindible. Incluso quizá les habría estimulado a salir pronto de la crisis, por la cuenta que les traía a ustedes mismos. Pero esto es menos importante que lo que sigue.

2.- Su gobierno debió tomar en primer lugar la decisión de subir los impuestos a las grandes fortunas, grandes empresarios, banqueros y demás, tal como dijo el sr. Blanco que (cuando habla positivamente y no sólo criticando) es de los que últimamente ha dicho cosas más sabias.

No haber hecho esto es tan incomprensible que ya habrán percibido ustedes lo que dice mucha gente: en nuestras democracias “a lo USA” los grandes poderes económicos financian tanto a un partido como a otro (de los que tienen probabilidades de gobernar): porque no les interesan las ideas de este partido o el otro, sino tenerlos a todos sujetos el día que lleguen a la casa blanca o a la Moncloa (da lo mismo). Es una explicación muy coherente, y la única disponible, de por qué usted no ha hecho algo que debió hacer. Y muestra que su gobierno no toma las decisiones que debería tomar (no “aunque molesten” como decía usted sino) porque molestan a unos pocos.

3.- En relación con lo anterior, debe usted saber que España es uno de los países con más injusticia fiscal. Hace poco supe que unas 3.000 grandes fortunas españolas tenían cuentas ocultas en la sucursal suiza del banco británico HSBC, por importe de más de 6.000 millones de euros (2 millones por barba). Pero, en lugar de investigar los impuestos aún no prescritos sobre la renta, sociedades y patrimonio, se les invitó amablemente a ponerse al día imponiéndoles tan sólo un recargo del 20% y los intereses de demora.

En cambio, cualquier ciudadano medio que olvide presentar su declaración de la renta un año o incluir algún ingreso, no recibirá ese trato de favor: le iniciarán un procedimiento de inspección y le aplicarán el régimen sancionador tributario o penal con todo el peso de la ley. De haber procedido así con aquellas fortunas, les podrían haber caído cuatro años de cárcel y una multa seis veces superior a lo que debían. Los mismos inspectores de Hacienda han denunciado que un defraudador en Suiza de dos millones de euros pagaría hasta 23 veces menos (236.800 €) de lo que normalmente se exigiría (5,4 millones de euros), con lo que se perdería una recaudación de cerca de 1.500 millones de euros (que, casualmente es lo que se pretende ahorrar mediante la congelación de las pensiones.

El sistema tributario español (y sobre todo su aplicación) están diseñados para beneficiar a las grandes fortunas y a las multinacionales. El fraude fiscal de los grandes (en el que somos mejores que “la Roja”), es una de las cosas que menos ha combatido su gobierno, y de las que más debería combatir “un gobierno responsable, aunque no gusten” a algunos. ¿Recuerda el propósito hipócrita de acabar con los paraísos fiscales, contraído por los gobiernos de Europa al comienzo de la crisis? Si hubiésemos visto a su gobierno luchar denodadamente por ese objetivo, comprenderíamos que es un gobierno responsable que hace lo que tiene que hacer aunque moleste.

4.- También sabe usted que, cuando la pasada crisis del 29, el gran economista inglés J. M. Keynes sostuvo que para salir de la crisis era mejor endeudarse a base de obras públicas que creasen puestos de trabajo. Los hechos le dieron la razón (y otra vez ha sido el ministro Blanco el que más parece haber luchado por este objetivo, “cantando fuera del coro” como dice el refrán): es mejor endeudarse en obra pública para crear un trabajo que la iniciativa privada nunca querrá crear, en vez de endeudarse con prestaciones al desempleo que resultan humillantes para algunos, y son fuente de mil picarescas por parte de otros que abusan de ellas sin escrúpulos…

Pues bien: curiosamente, en esta crisis Europa ha aplicado más bien recetas norteamericanas y los Estados Unidos medidas un poco más “europeas” o keynesianas. Comprendo que en este punto haya sido usted víctima de la señora Merkel, pero vuelvo a pensar que hay gobiernos que toman las decisiones que hay que tomar si molestan a los débiles, pero no si molestan a los poderosos… A un gobierno así yo no le llamo responsable.

Me temo también que su gobierno no ha percibido la consecuencia calamitosa de esta crisis: que saldremos de ella, sin duda, y recuperaremos los índices de crecimiento; pero lo que ya nunca más se recuperará son los índices de empleo. Así lo estamos percibiendo ya en países que van delante del nuestro en la salida de la crisis. Y ese habrá sido el gran triunfo de los canallas que la provocaron. No me parece responsable un gobierno que acepta tranquilamente esta derrota de las clases más débiles.

5.- Si le digo todo esto, querido señor Presidente, es porque de ningún modo quisiera verle a usted caminar por esa vía de las grandes frases y palabras tan redondas y biensonantes como vacías y huecas. Porque es que con eso se va pareciendo usted cada vez más… ¡al señor Rajoy! Y la verdad: eso es lo último que yo quisiera ver de un político al que aprecio.

Termino pidiéndole perdón: sé que es muy posible que Ud no tenga la culpa de nada de lo que le he dicho porque Ud “no es más que un mandao”, al menos en el 80% de su trabajo. No puedo olvidar las palabras de Lula: “tengo el gobierno pero no tengo el poder”. Pero entonces creo que un gobierno responsable debería decirnos eso bien claramente, para que los ciudadanos sepamos a qué atenernos y de qué manera hemos de votar, si queremos evitar que sigan mandándonos los mismos perros, aunque con distintos collares…

Un cordial saludo.