Arcadi Oliveras. “El lema válido del capitalismo es privatizar los beneficios y socializar las pérdidas.”


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Montse Sintas, Periodista (Cáritas)

Una no se puede restar indiferente escuchando los argumentos claros y contundentes de Arcadi Oliveres, profesor de Economía Aplicada a la Universidad Autónoma de Barcelona, reconocido defensor de los derechos humanos, de la justicia social y de la no violencia.

Especialmente, cuando se indigna por la tacañería de los Estados a la hora de destinar el 0,7 del PIB en los países empobrecidos mientras sacan dinero escondido para que los bancos no quiebren. Era, es, dinero de todos que no ayuda a los que de veras lo necesitan.

¿Qué opina como economista de un sistema económico que entra en crisis de manera cíclica?

Efectivamente el capitalismo entra en crisis económica porque lo que se pretende es maximizar el beneficio. Por eso llega un momento en que ya no se pueden hacer más beneficios, y bajan, y entonces los inversores dejan de invertir y se generan situaciones de dificultad y de paro. Particularmente opino que el capitalismo es un sistema económico que no responde a la definición básica de economía. A mí me enseñaron en la Facultad que la economía es aquella ciencia que intenta administrar los recursos que nos venden dados por la naturaleza para transformarlos, y con su transformación obtener bienes y servicios que satisfagan necesidades humanas.
Y si hemos de entender de esta modo es evidente que el capitalismo no cumple las normas de la economía. Tenemos un capitalismo a nivel mundial y vemos cómo las tres cuartas partes de la población mundial no ven cubiertas sus necesidades. Por tanto, es un sistema que no funciona y que está herido desde su nacimiento.

Nuestros gobernantes nos animaron a consumir con el fin de contrarrestar los efectos de la crisis ...

A mí me da mucho miedo que nuestros dirigentes llamen a aumentar el consumo. Pienso que, precisamente, una crisis como la actual nos ofrece un muy buen momento de reflexión para pensar si tenemos que continuar con un sistema que lo que pretende es, cada vez más, abusar de los recursos, abusar de los límites del planeta y, en definitiva, ir hacia una situación que será realmente dificultosa para las próximas generaciones, o tenemos que pensar en alternativas como, por ejemplo, el decrecimiento. Evidentemente, si tenemos que consumir un poco menos y eso quiere decir apretarnos el cinturón, es de justicia que los privilegiados del Primer Mundo (que no son todos, y en Cáritas lo sabéis bien) seamos los primeros en llevarlo a cabo. Lógicamente los más ricos deben apretarse más el cinturón que los demás. Pero pienso que, razonablemente, nunca debe hacerse una llamada a aumentar el consumo porque eso quiere decir, todavía más, potenciar nuestro sistema abusivo de bienestar y de derroche de los recursos.

En Cataluña hemos pasado de ser una sociedad industrial a una sociedad de servicios. Se dice que la industria automovilística está en crisis. ¿Hacia dónde habría que ir para crear ocupación?

Bueno, es evidente que la sociedad catalana y también la española han pasado a ser una sociedad de servicios. Tendríamos que aprender de lo que ha pasado a otros países. Recuerdo cuándo en Valencia se instaló la fábrica Ford (por cierto, la misma fábrica desmontada de Alemania que se había trasladado aquí). Todos los países en un momento dado de su crecimiento sacan determinadas industrias que son intensivas y de mano de obra y buscan nuevas vías, en la tecnología, por ejemplo. Alemania superó aquella situación y buscó nuevos mercados: la robótica, la informática. En el Estado español podría ser la respuesta pero no lo es.

¿Por qué?

Porque entrar en nuevos sectores significa haber realizado una investigación científica previa muy importante y en el Estado español la búsqueda científica es la parienta pobre. Se gasta muy poco en investigación y, además, desde Justicia y Pau hemos denunciado que una parte importante de la investigación es de carácter militar. Hay que cambiar el planteamiento. Por otra parte, no creo que las industrias automovilísticas estén en crisis. SEAT presentó, el año 2008, un ERO que afecta a 4.500 personas y, ahora, en enero del 2009, un segundo expediente de regulación que afecta a 5.300 personas. Sin embargo,en el año 2007 obtuvo unos beneficios de 4.300 millones de euros. ¿Con qué razón puede decir ahora esta empresa que no necesita a los trabajadores? ¿Sólo para maximizar sus beneficios? Yo lo que haría seria vigilar muy de cerca a estas empresas.

Y no lo hacen ...

En vez de eso los gobiernos las subvencionan. Como los 40.000 millones de pesetas que el Gobierno de la Generalitat dio a SEAT hace unos años para que se mantuviera aquí. Si ahora SEAT se fuera, estoy seguro de que no se atreverían a reclamárselos. En conjunto todo hace un poco de miedo y de pena. Que el señor Montilla tenga que ir al Japón a pedir que no cierren los de Nissan y, después, esos mismos de la Nissan todavía dicen que no es seguro de que no haya despidos. Mire, a toda esta gente, controlada y se acabó.

Algún economista ha llegado a justificar la necesidad de que haya crisis cíclicas porque así el sistema expulsa los que no pueden seguir, a los más débiles ...

Pues este economista no tiene derecho a llamarse economista..Me remito al concepto de economía. Quien dice eso respeta muy poco la dignidad humana. Y el economista que no respeta la dignidad humana no merece el nombre de economista. Sus argumentos para mí no tienen ningún tipo de credibilidad.

¿Cómo interpreta que pese a la bonanza económica de los últimos años no se haya reducido la pobreza tal y como evidencia el último informe FOESSA sobre la realidad social española?

Porque el capitalismo puede llegar a servir para producir pero nunca para distribuir. Y cuándo se trata de distribuir, siempre acaba favoreciendo el más rico, tanto en fiscalidad, los impuestos, los beneficios, como incluso en situación de crisis: lo que se hace es proteger los poderosos para que no quiebren y en cambio, dejar desprotegidos aquéllos que son más débiles. Yo pienso que en el capitalismo sólo es válido un único lema "privatizar los beneficios y socializar las pérdidas".

El decrecimiento que antes apuntaba, ¿puede contribuir a repartir mejor la riqueza?

Considero imprescindible avanzar hacia el decrecimiento. Lo que ocurre es que los políticos que toman decisiones y los empresarios no se lo plantean. Parece que estén todos imbuidos de una misma idea: maximizar cada vez más las ganancias, la producción, las exportaciones, sin tener en cuenta que lo que importa es la calidad de vida de la gente. Pero tal como están las cosas y tal como actúan los medios de comunicación, predicar una cosa de este estilo puede resultar incluso contraproducente. Estoy seguro que si se presenta un candidato, del partido que sea, diciendo que lo que quiere es reducir el PIB y la renta per cápita, lo que conseguirá es que no lo voten.

¿Qué hay que hacer, pues?

Una pedagogía muy importante. Ser conscientes de que los recursos del planeta son limitados. Los que viven en el Tercer Mundo y los pobres del Primer Mundo tienen derecho también a adquirir estos bienes y, por lo tanto, hace falta reducir nuestro crecimiento. No todo el mundo, por descontado, porque todavía hay gente que tiene que seguir creciendo y no le podemos aplicar el decrecimiento. Pero hay muchos países industrializados en donde tendría que empezar a imponer de forma radical.

Desde 1970, cuando las Naciones Unidas pidieron que los países ricos del mundo destinaran el 0,7% de su PIB en países en vías de desarrollo, sólo cinco países lo hacen. ¿Cómo lo valora?

Como una vergüenza. Ya desde los inicios en Justicia y Pau nos apuntamos a esta campaña, con Joan Gomis al frente. Después de veintisiete años en que eso no se ha conseguido esto, ahora el señor Rodríguez Zapatero es capaz de dar a finales del año pasado una inyección de dinero a los bancos de 50.000 millones de euros, exactamente nueve veces el 0,7%. Es decepcionante que en tantos años no se haya conseguido y que ahora la ayuda vaya a los bancos, cuyos directivos tienen más bien sueldos astronómicos y cuyos negocios son, en ocasiones, dudosos. Es escandaloso.

Pese a ello, sigue creyendo que otro mundo es posible.

Sin duda, necesario y urgente. Porque lo que tenemos ahora es extraordinariamente injusto. Sólo hay que recordar el dato que recientemente hacía pública la FAO: 950 millones de personas que pasan hambre en el mundo. Y los 66.000 muertos diarios de hambre. Pero eso no es noticia desgraciadamente, sólo es una estadística.

¿Qué es el decrecimiento?

Una corriente de pensamiento político, económica y social favorable a la disminución regular de la producción económica. El objetivo es establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, y entre los propios seres humanos. Georgescu-Roegen, Latouche y Gorz lo defienden.

Declaración de Alianza Social Continental frente a la reunión del G20


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ASC

La actual crisis económica internacional ha significado en primer lugar la bancarrota de la ideología neoliberal. Es preciso decir que el epicentro del terremoto financiero no estuvo en los llamados países en desarrollo sino en los países más poderosos que impusieron durante todos estos años las terapias de choque al resto del mundo con el argumento de estabilizar la economía. Justamente ha sido el ilegítimo G8 formado por las mayores economías del planeta, que comandó con el auxilio de las instituciones financieras multilaterales y la OMC esta tragedia anunciada. Son estos los médicos que resultaron los peores enfermos, y si nunca tuvieron legitimidad para comandar el mundo, han perdido ahora toda autoridad para imponer sus recetas. La ideología del fin de la historia enfrenta su propio fin.

Los portavoces de la campaña mundial por el empequeñecimiento de los estados han sido sustituidos rápidamente por gigantes intervenciones económicas de los estados para rescatar bancos y empresas, cuyos precios en las Bolsas de Valores se han empequeñecido al extremo. Los grandes bancos de inversión, y muchas de las poderosas transnacionales como GM, Chrysler y otras gigantes acuden como falsas ovejas buscando la ayuda del estado.

A pesar del cataclismo, quienes condujeron hasta él insisten en evitar los cambios necesarios para darle una salida a la crisis que no perjudique a millones de personas y procuran encontrar caminos para que los poderosos sean rescatados a costa de los trabajadores y de la gente común.

A pesar de la indignación popular que crece a cada día en los países centrales, estos dueños de la verdad pretenden en el mayor fingimiento, mantener las operaciones de “rescate” y las mismas recetas que condujeron a la crisis sin precedentes que vivimos.

Encontrar una salida favorable a los pueblos exige ir a la raíz de la crisis que es la imposición de la maximización del lucro de los grandes inversionistas como principio motor de la economía y de la sociedad.

El proceso de liberalización del comercio y las inversiones significó el desmonte de los pocos elementos de regulación que fueron construidos en el marco internacional después de la Segunda Guerra Mundial, creando realmente un mercado mundial sin restricciones ni obstáculos para el capital, con aumentos en la concentración de ganancias en escala verdaderamente internacional. Y son justamente el comercio y las inversiones liberalizadas los vectores globales de la crisis bancaria que se expande a cada día para el conjunto de los países del mundo capitalista.

Y esa brutal acumulación ha sido realizada en un mundo que fue colocando en competición a todos los trabajadores y trabajadoras entre sí, al mismo tiempo en que no les permite el acceso a esa producción ampliada, a pesar del derrame de crédito barato.

Por eso a la hora de las soluciones conservadoras se habla en mantener y ampliar el crédito y en regulación de los mercados para que el capital ficticio no pueda continuar el estilo laissez faire que lo llevó a su propia ruina.

Sin embargo, esta crisis se da en un marco muy diferente de crisis civilizatoria. El crecimiento ilimitado de la producción está cuestionado de forma contundente.

El actual modelo de desarrollo que persiste en el centro y la periferia del sistema y los patrones de consumo especialmente de los países ricos pero también de sectores y grupos del Sur, se han evidenciado completamente insustentables.

Por estos motivos la Alianza Social Continental denuncia públicamente el carácter ilegitimo, antidemocrático y sin transparencia de este G20, que continua la lógica del G8 aún cuando se le sumen algunos miembros del Sur.

Los movimientos sociales nos pronunciamos por:

  1. el rechazo al principio de la liberalización progresiva del comercio y las inversiones.
  2. la reformulación de las reglas y principios del comercio internacional y de las inversiones de forma a permitir el desarrollo sustentable y con equidad social de todos los países.
  3. el fortalecimiento de mecanismos de gobernabilidad global transparentes y democráticos que permitan la convivencia internacional armoniosa y sustentable de los pueblos del mundo.
  4. la garantía social plena de los derechos fundamentales a la alimentación, el agua, la vivienda, la salud, la educación, la cultura y el ambiente sano, por encima de cualquier derecho de los inversionistas y sin estar sometidos al ánimo de lucro.
  5. la extensión de la propiedad y la intervención económica públicas para garantizar estos derechos, así como también los beneficios comunes de la producción y servicios estratégicos como la energía, los bancos y las comunicaciones.

Finalmente, en el continente americano y América Latina en particular, sus movimientos y organizaciones sociales, que han enfrentado en los últimos años con bastantes éxitos al libre comercio y la globalización neoliberal, asumimos el desafío de construir la integración regional como respuesta estratégica a la crisis que también afecta a la región.

La integración regional, más que una posibilidad, aparece hoy como una alternativa viable para que los países de la región superen la crisis económica global a través de la creación de lazos económicos dinámicos y solidarios entre ellos y caminen hacia un nuevo modelo de desarrollo, más sustentable y justo que el que hasta hoy fue delineado en nuestros países.

La Integración regional desde los pueblos de la región ofrece mayores oportunidades para nuestros países, pues puede sobreponer el principio de la solidaridad al de la competencia salvaje y el libre mercado, que como sabemos, y bien lo ha demostrado esta crisis, ni lleva al equilibrio ni apunta a la justicia, como pretenden algunos teóricos. Esta integración deberá estar fundada en los principios de la complementariedad y solidaridad, y enfocada al alcance de sociedades más justas y equitativas económica y socialmente, donde el buen vivir de hombres y mujeres, sea el objetivo supremo.

La Alianza Social Continental apoya las movilizaciones que se desarrollan en todo el mundo entre el 28 de marzo y el 4 de abril frente a la reunión del G20.

Hans Küng: “La Historia juzgará al Papa como responsable de la propagación del SIDA en África”


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José Manuel Vidal, Periodista Digital

Es uno de los teólogos más influyentes del mundo. Tanto en el seno de la sociedad civil como en el de la Iglesia , la palabra de Hans Küng nunca deja indiferente a nadie.

Quizás porque, como él mismo dice, su lema es “ser libre para buscar la verdad”. En la segunda entrega de sus memorias, “Verdad controvertida” (Trotta), repasa su vida que se entrecruza, se acerca y se aleja de otro de los grandes protagonistas de la historia de la Iglesia , el Papa Ratzinger.

Antaño amigo, hoy adversario, del que discrepa en casi todo y del que dice que “ha fracasado”. Más aún, asegura que “ la Historia juzgará a Juan Pablo II y a Benedicto XVI como dos de los mayores responsables de la propagación del SIDA”.

Pregunta.- Profesor, ¿qué opina de la polémica suscitada por el Papa Ratzinger, al condenar el preservativo como medio para combatir el Sida en África?

Respuesta.- La postura del Papa Ratzinger es la consecuencia de la encíclica Humanae Vitae de Pablo VI. Una encíclica que excluyó todo tipo de contracepción. Esta fue también la posición del Papa Wojtyla y del Papa Ratzinger durante los últimos 30 años. Pero ahora se ven las consecuencias de este dogmatismo y de este moralismo rigorista del Vaticano.

P.- ¿Le duele especialmente por las consecuencias que este moralismo intolerante puede tener en el continente negro?

R.- Sí. Me da muchísima pena constatar que la Historia juzgará a ambos Papas como dos de los mayores responsables de la propagación del Sida, especialmente en países con grandes mayorías o minorías católicas, como es el caso de África. Es sumamente hipócrita condenar los preservativos en regiones como las africanas con alto riesgo de Sida y, al mismo tiempo, querer proteger a los pobres de las enfermedades más nocivas.

P.- En ese mismo ámbito de la moral, la Conferencia episcopal española acaba de lanzar una campaña contra el aborto que está suscitando mucha polémica. ¿La ha visto? ¿Qué le parece?

R.- No conozco la situación a fondo, pero me parece verdaderamente inútil que el Episcopado español empiece, de nuevo, batallas viejas. Porque la del aborto es una vieja batalla perdida de antemano. He visto esa nueva campaña del lince, que me parece muy demagógica y, por lo tanto, muy falsa. Además, a mi juicio, es muy perjudicial para la propia Iglesia regresar a la vieja batalla del aborto.

P.- Los obispos españoles dicen que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quiere imponer un laicismo radical y anticatólico.

R.- La jerarquía no tiene por qué bendecir todas las políticas del Gobierno. Los obispos pueden criticar, pero no agitar a las masas. Si me permitiesen darles un consejo, les diría que no vuelvan a las batallas de ayer. Lo que deben hacer es ver, junto al Gobierno, qué es lo mejor para España. Sobre todo en la difícil situación social, política y económica que está atravesando el país.

P.- Una Iglesia como simple autoridad moral.

R.- Evidentemente, el problema para el episcopado español es que lleva años defendiendo las posturas intransigentes y rigoristas de la derecha. Lo que necesita la Iglesia española es situarse en una vía media razonable.

P.- Partidario de una Iglesia dialogante y samaritana…

R.- Sí. Una Iglesia de diálogo, que apuesta por el diálogo y con entrañas de misericordia. Sin convertirse en un partido político. La Iglesia no puede ser socialista ni de derechas, sino buscadora de la verdad.

P.- En la segunda entrega de sus Memorias, su camino se entrecruza con el del actual Papa Ratzinger, del que llega a decir que como teólogo “no ha aportado nada significativo a la Teología ”.

R.- Decir eso no es decir que sea un mal teólogo. Eso sí, creo que aporta poco a la evolución de la Teología , porque es de los teólogos que sólo quieren conservar la tradición. Él ha estudiado muy bien a San Agustín, San Buenaventura y otras teologías tradicionales y neoescolásticas, pero sin proponer ideas nuevas. Permanece en el paradigma helenístico-romano-católico-medieval, con una perspectiva muy restringida y estricta. No tiene ninguna simpatía a los reformadores, es muy escéptico hacia la Ilustración y la modernidad.

En este sentido, él tiene una visión muy estricta del mundo actual. Mientras el mundo se mueve del paradigma moderno a un paradigma postmoderno o transmoderno, él permanece en el anterior paradigma dogmático-helenístico. En dogmática es helenista, y en Gobierno es romanista católico, en el sentido de promover una Iglesia medieval.

P.- ¿Un Papa absolutista?

R.- Este absolutismo papal no es del primer milenio. Es una consecuencia de al reforma gregoriana del siglo XI. La ley del celibato es del siglo XI, y el clericalismo extremo también es del siglo XI. La reforma gregoriana hizo una revolución desde arriba. El Papa Ratzinger vuelve, de nuevo, a la misa tridentina, que no es la misa del origen, pero sí la medieval. Esa es su situación: él ve todo el mundo a través de estas lentes.

P.- ¿Y cómo es el Papa Ratzinger como persona?

R.- Es un hombre extremadamente inteligente, muy humano en el trato personal, con muchas cualidades.

P.- La suya y la del Papa fueron y son vidas paralelas.

R.- Nuestros caminos fueron paralelos y, sin embargo, muy distintos. De hecho, nuestras respectivas reacciones –tan diferentes entre sí- a los signos de los tiempos son, hasta cierto punto, ejemplares en lo que atañe al curso seguido por la Iglesia y la teología. Está claro que nuestras vidas no están entrelazadas por el destino ni yo contemplo mi vida en el espejo de Ratzinger. Cada cual vive su propia vida. Pero, durante aproximadamente cuatro décadas nuestras trayectorias vitales transcurrieron en gran medida en paralelo, para separarse y volver a cruzarse más tarde.

P.- ¿La diferencia fundamental entre ambos?

R.- En la década de los sesenta, yo, a diferencia de Joseph Ratzinger, tomé la decisión de no comprometerme con el sistema jerárquico romano ni ponerme al servicio de una Iglesia clerical-centralista.

P.- ¿Cuáles son los valores esenciales de Hans Küng?

R.- Libertad y verdad han sido y siguen siendo dos valores centrales en mi existencia intelectual. Nunca me he considerado del número de los “beati possidentes”, de aquellos que, llenos de felicidad y orgullo, creen estar en posesión de la verdad. Antes bien, me he sentido solidario con los buscadores de la verdad.

P.- Dos valores que lo convirtieron en el “enfant terrible” del poder Vaticano. ¿Cómo ve el papado actual?

R:- En crisis total y surcado por una serie de errores sumamente graves y que han cambiado la posición del Papa en la Iglesia y en el mundo. De tal forma que, por vez primera en la Historia , el Papa tuvo que defenderse escribiendo una carta a los obispos, en la que reconoce que es un Papa falible.

P.- ¿Errores de comunicación, como dicen algunos, o de gobierno?

R.- Evidentemente se trata de errores de gobierno. Y errores graves, que van desde ofender a los musulmanes en Ratisbona, a los protestantes, a los indios, y ahora a los judíos con el caso de los obispos lefebvrianos.

P.- ¿El caso de los lefebvrianos es especial?

R.- Sí, porque ilustra a la perfección el temor y la constatación de muchos fieles de que Benedicto XVI quiere relativizar el Concilio Vaticano II. Y la verdad es que ha iniciado una clara política de restauración.

P.- ¿Usted cree que está volviendo atrás?

R.- Es evidente en muchas cosas. Por ejemplo, en la restauración de la liturgia medieval, que no es la liturgia auténtica. Al comienzo, la liturgia romana era la griega. Pero la que él ha reintroducido es la misa tridentina. Un signo claro de involución.

P.- ¿No le da pena la situación del Papa?

R.- Me da mucha pena, porque lo conozco íntimamente. No hace mucho, estuve con él en Castelgandolfo, departiendo amistosamente. Siempre pensé que sería un Papa conservador, pero también que haría algunas reformas. Pero no ha hecho ninguna reforma, y, en cambio, ha cometido muchos errores. Estoy convencido de que un Papa podría ser el inspirador de toda la Cristiandad. Pero eso es algo que ha olvidado. Todo es verdaderamente muy triste. Y, para él, muy duro personalmente.

P.- ¿Y para los fieles no es duro también?

R.- Sí, pero él, en su carta muestra solamente un dolor personal, no ve el dolor de la gente. Los dolores de más de 100.000 sacerdotes casados, que son excluidos de ministerio. No ve los dolores de los divorciados. No ve los dolores de las mujeres que tienen que usar medios anticonceptivos. No ve los dolores de los teólogos de la Liberación , que él como cardenal marginó y trató de manera no muy cristiana. Él ve solamente su propio dolor, su propio universo. Él ve todo desde el Palacio Pontificio, y prácticamente no ve el mundo como es en realidad.

P.-¿Cómo puede la Iglesia recuperar el espíritu de Juan XXIII y la primavera conciliar? ¿Con un nuevo concilio, quizás?

R.- Eso es muy difícil. Porque el sistema de los nombramientos episcopales es un problema esencial. No queda en él ningún elemento democrático de los orígenes de la Iglesia , cuando regía el principio de ‘ningún obispo impuesto'. Ahora, todo el episcopado es impuesto y conformista. Porque los criterios de elección episcopal son: aceptar la Humanae Vitae y la ley del celibato y estar en contra de la ordenación de las mujeres. Todo eso conforma un Episcopado muy conformista. Y el Colegio cardenalicio también está integrado solamente por personas que forman parte de la política romana.

P.- Aún siendo difícil, ¿hay alguna posibilidad de renovación eclesial?

R.- Hay dos posibilidades. Una, que las comunidades y parroquias toquen fondo y se queden sin clero y sin eucaristía. En esa situación catastrófica, es posible que surja un “Juan XXIV”. La otra posibilidad es que la actual situación provoque más y más reacciones y protestas. Que la gente se manifieste por un Concilio Vaticano III, por el aggiornamento y por el diálogo. En cualquier caso, no será nada fácil.

P.- ¿Los teólogos como usted tienen poder?

R.- Claro que sí. El teólogo tiene poder y puede abusar de él.

P.- Le acusan de criticar por criticar.

R.- Nunca he entendido la crítica de manera negativa, sino siempre como presupuesto de algo nuevo. Pero tampoco he entendido la eclesialidad como conformismo y dogmatismo teológico, sino como servicio a la Iglesia y a la comunidad de los creyentes.

P.- ¿Qué obispos necesitamos hoy?

R.- Un episcopado que no disimule los notorios problemas de la Iglesia , sino que los llame abiertamente por su nombre y los aborde enérgicamente.

P.- ¿Y qué Iglesia?

R.- La Iglesia del presente y del futuro necesita aggiornamento y no tradicionalismo de la fe y de la doctrina moral; colegialidad del Papa con los obispos y no un centralismo romano autoritario; apertura al mundo moderno y no de nuevo una campaña antimodernista; diálogo también en el seno de la Iglesia católica y no de nuevo la Inquisición y la negación de la libertad de conciencia y de enseñanza; ecumenismo y no de nuevo la proclamación arrogante de una única Iglesia verdadera.

Porque no sólo existe la dictadura del relativismo, como dice el Papa Ratzinger, sino también la dictadura del absolutismo, que muchos ven corporeizada en el culto personal al papado. Ninguna de estas dictaduras se corresponde con la verdad cristiana.

Es hora de que América Latina recupere su independencia


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Blanche Petrich
, La Jornada

Ambiente propicio ante la pérdida de poder y autoridad de EU, dice Eduardo Galeano

Del periodismo, de los pueblos de América Latina “que se cansaron de bailar salsa al ritmo del Titanic”, de la historia del mundo, del racismo y del machismo. De su formación académica en los cafés de Montevideo. De su estilo literario, que aspira a decir lo más con menos, carne y hueso sin grasa, palabra desnuda. De su última aventura, Espejos, un libro de contra historia que abarca lo inabarcable y narra una serie de historias chiquitas desde el punto de vista de los que no están en los libros, los excluidos, los despreciados. Eduardo Galeano se engancha fácil para hablar de todo esto y más con La Jornada, diario que –asegura– también es mi casa.

El uruguayo Galeano tamborilea con los dedos sobre la talla de una cabeza africana con la que se ilustra la portada de Espejos, su obra más reciente. “Aquí –dice- me paseo por la historia universal de manera muy irresponsable”. Se ríe de sí mismo: Desde el tiempo de las cavernas para acá, no se me escapa nada. Claro, lo que más me llega es lo que pasó en el siglo XX, que el mío. Ahora, el siglo XXI debe aprender de lo que ocurrió en el XX. Lo que ocurrió es el doble fracaso: por un lado de las sociedades que sacrificaron la libertad en nombre de la justicia y, por el otro, las que sacrificaron la justicia en nombre de la libertad. El desafío de los tiempos que vienen es que ellas dos vuelvan a estar juntitas. La justicia y la libertad nacieron siamesas, pero fueron cortadas por los cirujanos del poder; ahora quieren volver a estar así, espalda contra espalda.

De igual manera, convencido de lo que dijo Rosa Luxemburgo, de que nada hay más revolucionario que decir lo que se piensa, se permite expresar sus discrepancias con Cuba y Venezuela.

Para abrir boca, aborda la objetividad en el periodismo como una de las mentiras mejor vendidas como verdad por los amos de los medios de comunicación.

Relata una conversación que tuvo hace tiempo con un poeta nicaragüense que nació con el siglo pasado, José Coronel Urtecho. “Cada vez que iba a Nicaragua lo visitaba en la finca que tenía cerca de la frontera con Costa Rica. Un día le conté que estaba escribiendo Memorias del fuego, el primer tomo. Estaba abrumado porque me costaba muchísimo tomar distancia. Escribo de tal manera que no consigo ser objetivo; amo y odio a personajes que vivieron hace cuatro, tres siglos. Los siento como si fueran mis vecinos, no puedo tener una mirada que no esté teñida por el amor o por la bronca. Y él me dijo algo que fue clave: el problema de los periodistas es que creen religiosamente en la objetividad. Me dijo: quieren ser objetivos para salvarse del dolor humano. Frase estupenda. Me dio luz verde, porque a partir de ahí escribí despreocupándome de la objetividad.

–Después de tantos años de estar discutiendo el mismo tema, uno diría que el asunto está saldado...

–Sí, pero no. Porque los dueños de la información insisten en parapetarse detrás del escudo de la objetividad. Acá en el libro Espejos, página 290, a propósito de Vietnam, cito al curiosísimo periodista estadounidense George Bayley, quien con paciencia china midió el tiempo que habían dedicado las cadenas televisivas ABC, CBS y NBC a la guerra entre 1965 y 1970. El punto de vista de la nación invasora ocupó 97 por ciento del espacio. Pero como esta objetividad exige que se conozca la opinión de las dos partes, también hubo un espacio para el punto de vista de la nación invadida, que ocupó el tres por ciento.

Y te digo: La Jornada, donde yo soy uno más de la banda, no es un diario objetivo, ni simula serlo. Pero informa con un nivel de honestidad mucho más alto que los medios de comunicación presuntamente objetivos.

–En aras de la objetividad, los medios distorsionan también la realidad latinoamericana.

–Más por lo que callan que por lo que dicen. Muchas cosas buenas que ocurren, por ejemplo en Cuba, en Venezuela, en Bolivia, se callan. Claro, son procesos humanos, sucios de barro humano. Pero para los dueños de los medios, es útil demonizar a algunos. Éste es un mundo que destina a la guerra sus mayores recursos. Y eso requiere de enemigos. Si los enemigos no existen, hay que inventarlos para justificar la multiplicación de las armas.

Dos de los casos más escandalosos de satanización por parte de los fabricantes de la opinión universal son los de Hugo Chávez y Evo Morales, con quienes, dicho sea de paso, se pueden tener todas las discrepancias del mundo. Hay cosas que hace y dice Hugo Chávez que a mí no me gustan. Pero eso no me impide denunciar, cada vez que se puede, esa estafa colosal, cuando se le califica como un tirano, un enemigo de su pueblo.

AL, el reino de la diversidad

Yo fui vocero de los observadores internacionales independientes cuando en 2004 convocó al plebiscito revocatorio. Me tocó participar con Jimmy Carter y César Gaviria. Pasamos toda la anoche juntos, analizando los datos. Y al final, los hechos cantaban: fue una elección limpia. La primera vez en la historia universal en la que un presidente electo ponía su mandato a la disposición de la gente diciendo: si ustedes quieren, me quedo; si no, me voy. No hubo trampa. Lo mismo hizo tiempo después Evo Morales, y en una proporción un poco mayor que a Chávez, su pueblo pidió que se quedara. Fueron dos lecciones de democracia que el mundo no escuchó. Y no las escuchó porque los medios las acallaron.

–El tema de la reelección en el caso de Bolivia y Venezuela suena casi a una mala palabra, cuando muchos sistemas políticos en Europa, incluso Estados Unidos, lo permiten.

–Hay una clara contradicción entre lo que predican los países poderosos y lo que practican. Personalmente no me convence mucho lo de la reelección indefinida. El poder es peligroso e induce a la larga a escuchar más eco que voces. La concentración de poder en una sola persona no es buena para la democracia que queremos, participativa. Es mi opinión, pero eso no me hace caer en la trampa de creer que Chávez quiere perpetuarse en el poder. Tampoco me convence el sistema de poder en Cuba, que quizá fue el único que Cuba pudo tener, víctima de la asfixia temprana por parte de los poderes imperiales. Quizá eso no es lo que querían, era lo que podían.

El Estado todopoderoso no es la mejor respuesta al mercado todopoderoso. Yo tengo opiniones discrepantes con Cuba, y creo, como dice Rosa Luxemburgo, que no hay acto más revolucionario que decir lo que uno piensa. Muchas veces, el acoso que sufren las experiencias de cambio y todas las tentativas de justicia social son sometidos a un bloqueo feroz. A veces, de esto resulta que se condenan, y muy injustamente, las opiniones que contradicen a la voluntad del poder. Y eso no es bueno.

–Hablando de un mundo despistado, América Latina es rica en contradicciones. Los cambios que abarcan cada vez más territorio, desde el Brasil de Lula da Silva hasta El Salvador de Mauricio Funes, pasando por un sandinismo en Nicaragua que se vuelve contra sus hermanos, son contradictorios. No sé si estamos entendiendo bien estos cambios.

–Lo que hay que subrayar por encima de todo es que América Latina es el reino de la diversidad. Es lo mejor que tenemos y no tiene que asustar a nadie, al revés. Toda generalización de antemano está condenada a equivocarse. Pero del otro lado, es inevitable generalizar cuando se intenta abarcar un panorama que vaya más allá de las fronteras de cada pedacito. Lo que hay es una voluntad de cambio en los pueblos, una naciente y creciente conciencia de que los caminos recorridos en los últimos 30, 40 años conducían a la catástrofe. La caída de Wall Street –que por algo se llama la calle del Muro–, la caída de ese muro, entraña una gran lección. Durante años y años nos invitaron a bailar salsa a ritmo del Titanic, y ahora se ven las consecuencias.

En el fondo lo que hay es una pérdida notoria de poder y autoridad del dueño de la finca. Estados Unidos está viviendo lo que es, quizá, la peor crisis de su historia. Es el mejor momento para recuperar la independencia perdida.