Cinco mil años de cultura robados a Bagdad

Malcom Lagauche
Uruknet
Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos
Cuando vi las primeras fotos de Bagdad bombardeado durante la fase de “conmoción y pavor” del ataque ilegal a Iraq de 2003, me entristecí. Durante milenios la ciudad ha soportado guerras, ocupaciones, saqueos, desastres naturales y liberaciones. Esta vez, sin embargo, era diferente. Yo sabía que Bagdad iba a cambiar de una manera infame que costaría décadas de recuperación para volver a ser la ciudad que un día fue.

Bagdad es la ciudad en la que el género humano desarrolló el comercio hace miles de años. La ciudad ofreció un sistema monetario mucho antes que otras culturas.

La ciencia floreció en Bagdad hace 5.000 años. Por ejemplo, los arqueólogos han descubierto planisferios de aquella época que muestran Júpiter con cuatro lunas. Ningún ser humano tiene la suficiente agudeza visual como para ver las lunas de Júpiter sin un telescopio. Los científicos de entonces inventaron el telescopio, reinventado por Galileo más de cuatro mil años después.

Los arqueólogos también han descubierto el uso de la electricidad en Bagdad hace 5.000 años. Los objetos generaban electricidad para usarla en monedas chapadas de oro. Los chinos de aquella época también usaban formas rudimentarias de electricidad. ¡Y después hablan de Benjamin Franklin!

Las artes y los deportes florecieron en el Bagdad antiguo. De hecho, el artefacto más antiguo que describe la lucha se fue descubierto en 1938 en Kayafaje, cerca de Bagdad, por un equipo de la Universidad de Pennsylvania. Los arqueólogos concluyeron que la estatuilla de bronce fundido fue creada por la cultura sumeria de la época y se le ha atribuido una antigüedad de más de 5.000 años. Muchas personas creen que fueron los griegos antiguos quienes desarrollaron la lucha, pero este descubrimiento demuestra que ya era popular en Iraq miles de años antes de que los griegos participaran en este deporte.

Durante la Alta Edad Media de Europa, en la que todo pensamiento científico se eliminó durante siglos, Bagdad siguió sobresaliendo en ciencia e ingeniería. Cuando finalmente acabo la Alta Edad Media y Europa volvió a ejercer la ciencia, miró hacia Bagdad.

Reinos, regímenes autoritarios y repúblicas se fueron sucediendo en Bagdad, pero ésta seguía siendo la joya de las ciudades árabes. Irán bombardeó Bagdad durante la guerra irano-iraquí que duró ocho años y, sin embargo, Bagdad se recuperó. En 1991 la ciudad fue bombardeada constantemente por el ejército estadounidense, la infraestructura quedó destruida y todo ello fue reparado a las pocas semanas del cese de las hostilidades. Trece años de embargo entre 1990 y 2003 provocaron el deterioro de muchos de los edificios e instalaciones de Bagdad que, a pesar de todo, era la joya de las ciudades árabes. A pesar de las sanciones, los turistas acudían a Bagdad y la ciudad acogió varias ferias internacionales. Estaba un tanto hecha jirones, pero seguía siendo Bagdad.

Miles de años de prestigio se detuvieron en abril de 2003. Cuando el ejército estadounidense entró en Bagdad, entraron en un ciudad que había sido previamente atacada y bombardeada sin piedad. Sin embargo, lo que cambió y degradó la ciudad para siempre fue la entrada de las tropas en ella.

A la pocas semanas se erigieron muros de hormigón para proteger a los invasores. Hoy están por todo Bagdad y hacen que en comparación el Muro de Berlín parezca nimio. Estos muros separan familias, barrios, negocios y amigos.

Abundan los vehículos del ejército estadounidense. Son frecuentes los checkpoints con los que se tropiezan los ciudadanos iraquíes y en cada uno de cuales pasan horas.

Nunca, bajo ningún dirigente iraquí Bagdad había sufrido la actual violencia cotidiana que hay en la ciudad. El secuestro es hoy una industria fundamental. Los secuestradores han establecido una tabla de precios: de dos cientos dólares por una persona secuestrada perteneciente a una familia pobre a unos pocos de miles para una de la clase media o alta. El secuestro no existía bajo los regímenes previos que hubo en Bagdad.

La ciudad está abarrotada de agujeros y de escombros procedentes de las confrontaciones militares. La resistencia iraquí es responsable de una pequeña parte del daño, pero la abrumadora mayor parte de la destrucción procede del ejército estadounidense que en su lucha contra los combatientes por la libertad utiliza de manera absolutamente desproporcionada un armamento moderno y pesado.

Los altos cargos estadounidenses lo mismo que los cargos-títere iraquíes nombrados por ellos no pueden abandonar los complejos rodeados de altos muros por temor a morir. Ninguno de ellos pasaría ni un minuto en las calles de Bagdad. Viven en otro mundo.

Soy incapaz de imaginar una ciudad occidental, como Londres, París o Nueva York, que tuviera que vivir en estas condiciones después de años de notoriedad como metrópoli cultual de vanguardia. Soy incapaz de imaginar un enemigo con tan poco respeto por la cultura como para permitir que esto ocurra. Ni siquiera en el París ocupado de la Segunda Guerra Mundial ocurrió algo comparable a la muerte de Bagdad. Los soldados alemanes y los habitantes de Paría coexistían, si bien es cierto que no en términos amistosos. Los alemanes no pensaron en arrasar la ciudad o en acordonarla en diferentes zonas segregadas. Puede que estuviera ocupada por una fuerza extranjera, pero seguía siendo París.

Bagdad es hoy un caso perdido. Me he escrito o he hablado con varios residentes en Bagdad, en el pasado y ahora, para saber lo que piensan. Algunos son baathistas impenitentes, otros se opusieron al régimen de Sadam Husein y otros eran neutrales, seguían con su vida y consideraban que cualquier gobierno que estuviera en el poder era la entidad dirigente.

Sin embargo, todos ellos coinciden en un aspecto, la pérdida de la ciudad de Bagdad. Todos coinciden en que era diferente. Todos coinciden en que lo que esta vez ha quedado arruinado es la mentalidad de Bagdad y no sólo sus edificios y servicios públicos. Había la sombría sensación de nunca antes había sucedido algo semejante.

Los niños mueren en el fuego cruzado. Los civiles mueren a causa de soldados estadounidenses que disparan a la menor provocación. Nadie está seguro y ahora el público se muestra habituado en cierto modo a la situación. Muchas personas andan por zonas peligrosas sin pensar en el peligro. Asumen que si mueren, que así sea. No tienen nada que decir al respecto.

Hay pocas razones para ser feliz hoy en Bagdad. Los ciudadanos se han acostumbrado a tener poca o nada de electricidad. Se han acostumbrado a enterarse de que uno o varios miembros de una familia vecina han sido asesinados por los tiros de los soldados estadounidenses cuando iban por la calle o estaban sentados en una azotea. Se han acostumbrado a la miseria que nunca formó parte de Bagdad. Se han acostumbrado al cada vez mayor problema del consumo de drogas duras en Bagdad. Se han acostumbrado a las omnipresentes barreras de hormigón en su ciudad. No aceptan estas cosas, pero se han acostumbrado a ellas porque no pueden hacer nada para detener la podredumbre.

Resulta triste que haya una cosa que provoca felicidad y alegría a los residentes de Bagdad: la muerte o mutilación de soldados estadounidenses. Se ha convertido a seres humanos decentes en criaturas sedientas de sangre que bailan de júbilo ante cuerpos de soldados y vehículos estadounidenses quemados. Son las mismas personas que antes de marzo de 2003 se habrían horrorizado al ver lo que están haciendo ahora. Son personas que antes era ciudadanos respetuosos de la ley y trabajadores. Hoy la mayoría de ellos son personas sin trabajo y carentes totalmente de esperanza. Un ataque a los soldados estadounidenses es todo lo que esperan de la vida. Al ver la mirada de alegría en sus ojos se podría pensar que acaban de ganar la Copa del Mundo, o que acaban de conceder el Premio Nobel de la Paz a un iraquí, o que un iraquí acaba de hallar un remedio para el cáncer. Estas muestras públicas de alegría no son indicios de ningún acontecimiento positivo al que unos seres humanos rinden homenaje. Se deben a la destrucción de otros seres humanos.

Hoy Bagdad llora. Ha sido derrotada. Ha sido destruida por las verdaderas fuerzas del mal de este mundo, la intolerancia, la xenofobia, el etnocentrismo, la codicia y el engaño, que no son aquellas entidades que el presidente estadounidense considera el mal. Con facilidad y con mucha frecuencia Bush suelta la palabra “mal”, pero él tiene el puesto número uno mundial en la práctica del mal. Nadie se le acerca a este puesto.

Parar la rueda bloqueando sus radios

Pedro Casaldáliga
Circular 2008

Estaba pensando la circular de 2008, cuando me invade, como un río bíblico de leche y miel, una auténtica inundación de mensajes de solidaridad y cariño por ocasión de mis 80 años. No pudiendo responder a cada uno y a cada una en particular, incluso porque el hermano Parkinson tiene sus caprichos, les pido que reciban esta circular como un abrazo personal, entrañable, de gratitud y de comunión renovadas.

Estoy leyendo una biografía de Dietrich Bonhoeffer, titulada, muy significativamente, Tendríamos que haber gritado. Bonhoeffer, teólogo y pastor luterano, profeta y mártir, fue asesinado por el nazismo, el 9 de abril de 1945, en el campo de concentración de Flossenbürg. Él denunciaba la «Gracia barata» a la que reducimos muchas veces nuestra fe cristiana. Advertía también que «quien no haya gritado contra el nazismo no tiene derecho a cantar gregoriano». Y llegaba finalmente, ya en vísperas de su martirio, a esta conclusión militante: «Hay que parar la rueda bloqueando sus radios». No bastaba entonces con socorrer puntualmente a las víctimas trituradas por el sistema nazi, que para Bonhoeffer era la rueda; y no nos pueden bastar hoy el asistencialismo y las reformas-parche frente a esa rueda que para nosotros es el capitalismo neoliberal con sus radios del mercado total, del lucro omnímodo, de la macro-dictadura económica y cultural, de los terrorismos de estado, del armamentismo de nuevo creciente, del fundamentalismo religioso, de la devastación ecocida de la tierra, del agua, de la floresta y del aire.

No podemos quedarnos estupefactos delante de la iniquidad estructurada, aceptando como fatalidad la desigualdad injusta entre personas y pueblos, la existencia de un Primer Mundo que lo tiene todo y un Tercer Mundo que muere de inanición. Las estadísticas se multiplican y vamos conociendo más números dramáticos, más situaciones infrahumanas. Jean Ziegler, relator de Naciones Unidas para la Alimentación, afirma, cargado de experiencia, que «el orden mundial es asesino, puesto que hoy el hambre ya no es una fatalidad». Y afirma también que «destinar millones de hectáreas para la producción de biocarburantes es un crimen contra la humanidad»; el biocombustible no puede ser un festival de lucros irresponsables. La ONU viene alertando que el calentamiento global del planeta avanza más rápido de lo que se pensaba y, a menos que se adopten medidas urgentes, provocará la desaparición del 30% de las especies animales y vegetales, millones de personas se verán privadas de agua y proliferarán las sequías, los incendios, las inundaciones. Uno se pregunta angustiado quién va a adoptar esas “medidas urgentes”.

El gran capital agrícola, con el agronegocio y el hidronegocio cada vez más, avanza sobre el campo, concentrando tierra y renta, expulsando a las familias campesinas y lanzándolas errantes, sin tierra, acampadas, engrosando las periferias violentas de las ciudades. Dom Edwin Kräutler, obispo de Xingú y presidente del CIMI, denuncia que el «desarrollo en la Amazonia se tornó sinónimo de deforestar, quemar, arrasar, matar». Según Roberto Smeraldi, de Amigos de la Tierra, las políticas contradictorias del Banco Mundial por un lado «prometen salvar los árboles» y por otro lado «ayudan a derribar la Amazonia».

Pero la Utopía continúa. Como diría Bloch, somos «criaturas esperanzadas» (y esperanzadoras). La esperanza sigue, como una sed y como un manantial. «Contra toda esperanza esperamos». De esperanza habla, precisamente, la reciente encíclica de Benedicto XVI. (Lástima que el Papa, en esta encíclica, no cite ni una sola vez el Concilio Vaticano II que nos dio la Constitución Pastoral Gaudium et Spes –Alegría y Esperanza-. Dicho sea de paso, el Concilio Vaticano II continúa amado, acusado, silenciado, preterido… ¿A quién le da miedo el Vaticano II?). Frente al descrédito de la política, en casi todo el mundo, nuestra Agenda Latinoamericana 2008 apuesta por una nueva política; hasta «pedimos, soñando alto, que la política sea un ejercicio de amor». Un amor muy realista, militante, que subvierta estructuras e instituciones reaccionarias, construidas con el hambre y la sangre de las mayorías pobres, al servicio del condominio mundial de una minoría plutócrata.

Por su parte las entidades y los proyectos alternativos reaccionan intentando crear conciencia, provocar una santa rebeldía. El FSM 2009 se va a celebrar, precisamente, en la Amazonia brasileña y tendrá la Amazonia como uno de los temas centrales. Y el XII Encuentro Intereclesial de las CEBs, en 2009, se celebrará también en la Amazonia, en Porto Velho, Rondônia. Nuestra militancia política y nuestra pastoral liberadora deben asumir cada vez más estos desafíos mayores, que amenazan nuestro Planeta. «Escogemos, pues, la vida» como reza el lema de la Campaña de la Fraternidad 2008. El apóstol Pablo, desde su Carta a los Romanos, nos recuerda que «toda la Creación gime y está con dolores de parto» (Rom 8,22). Los gritos de muerte se cruzan con los gritos de vida, en ese parto universal.

Es tiempo de paradigmas. Hoy creo que se deben citar como paradigmas mayores y más urgentes, los derechos humanos básicos, la ecología, el diálogo intercultural e interreligioso y la convivencia plural entre personas y pueblos. Estos cuatro paradigmas nos afectan a todos, porque salen al encuentro de las convulsiones, objetivos y programas que está viviendo la Humanidad maltratada, pero siempre esperanzada aún.

Con tropiezos y ambigüedades Nuestra América se mueve hacia la izquierda; «nuevos vientos soplan en el Continente»; estamos pasando «de la resistencia a la ofensiva». Los pueblos indígenas de Abya Yala han saludado alborozados la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que afecta a más de 370 millones de personas en unos 70 países del Mundo. Y reivindicarán su puesta en práctica.

Nuestra Iglesia de América Latina y del Caribe, en Aparecida, si no fue el Pentecostés que queríamos soñar, fue una honda experiencia de encuentro entre los obispos y el pueblo; y confirmó los trazos más característicos de la Iglesia de la Liberación: el seguimiento de Jesús, la Biblia en la vida, la opción por los pobres, el testimonio de los mártires, las comunidades, la misión inculturada, el compromiso político.

Hermanas y hermanos, ¿qué radios vamos a quebrar en nuestra vida diaria?, ¿cómo ayudaremos a bloquear la rueda fatal?, ¿tendremos derecho a cantar gregoriano?, ¿sabremos incorporar en nuestras vidas esos cuatro paradigmas mayores traduciéndolos en práctica diaria?

Reciban un abrazo entrañable en la esperanza subversiva y en la comunión fraterna del Evangelio del Reino. Vamos siempre hacia la Vida.

Mientras los obispos esconden la mano

Junta Directiva de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII
DECLARACIÓN DE LA JUNTA DIRECTIVA DE LA ASOCIACIÓN DE TEÓLOGOS Y TEOLOGAS JUAN XXIII ANTE LA NOTA DE LA COMISIÓN PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA SOBRE LAS PRÓXIMA ELECCIONES GENERALES

La Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española sobre las próximas elecciones generales, fechada el pasado 30 de enero, ha agudizado el malestar y la confrontación que, desde hace meses, existe en la sociedad española entre la Iglesia Católica y el Estado. Con el deseo de aportar elementos de juicio para los ciudadanos y las ciudadanas, la Junta Directiva de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII quiere manifiesta lo siguiente:

1. Pensamos que los obispos hacen bien en recordar que “los católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos” y que “no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana”. Los obispos son ciudadanos del Estado español y, como tales, pueden expresar en público sus puntos de vista sobre los asuntos que ellos crean convenientes, al igual que los demás ciudadanos.

2. Ahora bien, además de ciudadanos, los obispos son los dirigentes oficiales de la confesión religiosa con mayor implantación en la sociedad española. Lo cual conlleva, entre otras cosas, que ellos tienen una influencia especial sobre las conciencias de los creyentes católicos. En consecuencia, sus directrices relacionadas con las opciones políticas corren el peligro de influir en muchas personas que se ven en la difícil situación de tener que pensar y actuar de una forma como “ciudadanos” y de manera enteramente opuesta como “creyentes”.

3. Es lo que está ocurriendo en este momento en la sociedad española. Los obispos se han alineado con la derecha política más extrema, como ha sucedido en otras ocasiones, por ejemplo, en la Concentración de la Familia Cristiana el 30 de diciembre de 2007. Con este proceder están acentuando la brecha que se ha abierto entre españoles de ideas políticas distintas o contrapuestas, perjudican gravemente la convivencia cívica, e incluso dañan a la propia Iglesia católica, ya que de lo dicho por ellos parece desprenderse que sólo pueden ser buenos católicos quienes votan al PP. Lo cual es como afirmar que los católicos, o son de derechas o no pueden ser católicos.

4. Como ya es habitual en este tipo de documentos, los obispos utilizan argumentos políticos para justificar sus posiciones, sin referencia alguna a las orientaciones y actitudes evangélicas. Lo que lleva a mucha gente a pensar que intervienen en la campaña electoral.

5. Nos parece inaceptable que los obispos hagan uso del tema del terrorismo en la citada Nota y lo conviertan en arma electoral arrojadiza contra el Gobierno, sin aportar propuestas de paz ni proponer caminos de reconciliación.

6. En contra de lo que afirman en el número 7 de la Nota , creemos que tanto la legislación vigente como los poderes públicos respetan los sentimientos religiosos de los ciudadanos, así como la libertad religiosa, y facilitan el estudio de la religión católica en el marco escolar para quienes deseen cursarla libremente. Creemos, asimismo, que la asignatura de Educación para la Ciudadanía pretende ofrecer una educación cívica en el respeto a los derechos humanos y no entra en la esfera de la conciencia personal ni lesiona el derecho de los padres.

7. Las cuestiones morales que los obispos señalan en la Nota como incompatibles con la fe cristiana no cuentan con el consenso ni de la comunidad creyente, ni de los teólogos católicos, ni siquiera de todos los obispos. Temas como los modelos de familia, la concepción del matrimonio, la legislación sobre el aborto o la eutanasia son “cuestiones disputadas” sobre las que hay una pluralidad de opciones entre los propios católicos.

8. Después del concilio Vaticano II, la Iglesia católica tomó conciencia de la necesidad de situarse en el seno de las sociedades democráticas, pluralistas y laicas, valorando positivamente la secularización, reconociendo la autonomía de la política, respetando el Estado de derecho y sin pretender imponer su modelo de sociedad. Se ponía así fin a la larga época de Cristiandad, que los obispos españoles parecen añorar.

Madrid, 3 de febrero de 2008

El movimiento social en Oaxaca


Rompecabezas para armar

La capacidad de escuchar como posibilidad para resolver conflictos supone un ejercicio de honestidad y un compromiso ético para construir soluciones apegadas a criterios de justicia y verdad. Esto nunca ha sucedido con los gobiernos, especialmente aquellos que ilegítimamente tienen el poder como en Oaxaca, Ulises Ruiz Ortiz (PRI), o en México, Felipe Calderón (PAN).

Una muestra es la agresión contra maestros y organizaciones que sucedió el 14 de junio del 2006 y que marcó el ya basta del pueblo oaxaqueño aglutinado en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, APPO. Esta acción mostró el rostro de gobiernos corruptos, ligados al narcotráfico y el crimen organizado e impuestos con fraude electoral, y reafirmó lo visto en Guadalajara y Atenco: un país sin garantías ni derechos individuales y constitucionales, con un mando supremo, el presidente o el gobernador.

Hay que decir, la agresión hacia los pueblos en Oaxaca no empezó con el desalojo del 14 de junio de 2006. La lucha tampoco. La APPO tiene su origen histórico en la resistencia indígena y comunitaria, en los varios intentos de unidad y en el dolor hecho coraje de muchas personas y organizaciones agraviadas.

Los gobernantes oaxaqueños ya habían ensayado los desalojos con el Sindicato de Burócratas, junio de 2003, y el Consejo Indígena Popular de Oaxaca, Ricardo Flores Magón CIPO-RFM, el 14 de septiembre de 2004, que dejó presos y aprendizajes sobre esto. Por eso fueron los maestros(as) ligados a las organizaciones sociales y procesos comunitarios, quienes recuperaron el zócalo el 14 de junio.

El desalojo de la sección 22 del SNTE/CNTE, la infinidad de agravios, la coyuntura electoral nacional y el instinto de sobrevivencia permitió avanzar cualitativamente al conformar la APPO, donde se reconoce que todos luchan y no hay más solidarios o sólo militantes, sino también participantes, que suman cientos de miles.

Estos participantes sin organización y sin líder hablan y acuerdan durante las marchas, las barricadas, el mitin, o en las respuestas inmediatas a las agresiones (como el primero de agosto las mujeres) o la toma de 12 radiodifusoras: son la mayoría del millón de personas que exige en las calles la salida de Ulises Ruiz Ortiz (URO) y colocan a la APPO en la ofensiva.

El accionar comunitario de ellos —que se conocen y emparentan en las asambleas de barricada, mientras resuelven problemas de seguridad, transporte, economía, medios de comunicación, etcétera, y organizan diálogos e intentan lanzar leyes de buen gobierno e instalar un autogobierno en el palacio— impiden a otros decidir por el movimiento y confirman que “una barricada tapa calles, pero abre caminos” demostrando que no son locos ahí tirados, sino que construyen ese mundo muy otro que tanto se habla, para ellos y, sin saberlo, para otros.

Lo anterior espantó al gobierno, quien respondió con nuevas y afinadas formas de violencia: forma grupos paramilitares con criminales que saca de las cárceles, para poder decir: “Es asunto de delincuentes, del narcotráfico y crimen organizado”. Los medios de comunicación acusan y crean odio. Se impone un estado de sitio en los hechos, donde derechos de asociación y manifestación desaparecen, y ejercerlos lleva a ser detenido sin cometer delito. Todo para exterminar no sólo a personas u organizaciones, sino a destruir procesos comunitarios completos.
El rostro inmediato de la violencia gubernamental ha dejado hasta ahora 23 asesinados, incluido el periodista de Indymedia-Nueva York, Bradley Will, más de 400 detenidos, que entre otros todavía están en prisión David Venegas, de vocal, Juana Morales Pérez de San Isidro Aloapan-CIPO, Flavio Sosa y cientos con libertad condicional. Hay también exiliados como Jaqueline López, Berta Muñoz, Samuel Hernández, Alejandro Cruz, y yo que soy el único con status de refugiado, reconocido por la ONU. Sin contar los heridos, huérfanos, y dañados psicológicamente.

Dotado de legitimidad el movimiento abrió interlocución al más alto nivel nacional, incluso para la destitución del gobernador, pero fue incapaz de concretar acuerdos favorables a la lucha porque muchos de la comisión le apostaron a la negociación como vía principal de solución y no a la construcción del autogestión como solución. Esto fue usado por el gobierno para atarnos a su ritmo, confrontarnos, inmovilizarnos y hasta desmovilizarnos en algunos casos.

Desde ahí la APPO sostiene su unidad en la lucha por liberar los presos y la destitución de URO, pero se confronta respecto al tipo de organización, su carácter y las formas de participación. Por un lado, se concibe como espacio de discusión, análisis, encuentro, coordinación de los movimientos y promotor e impulsor de las iniciativas de la sociedad, con forma flexible para la participación de todos y desde la base, construyendo nuevas herramientas y mecanismos conforme los ritmos y culturas de cada uno. Y por el otro, que debe reforzarse la estructura burocrática, priorizar las acciones mediáticas y copar los cargos del estado vía los partidos políticos, las elecciones y demás instituciones.

Por estas razones hay quien afirma que sólo logramos bonitas canciones pero todo sigue igual. Es decir, que fuimos derrotados. Falso, URO no gobierna y caerá. Además se logró articular en luchas internacionales y nacionales demandas y propuestas, hacer visible lo inservible de las instituciones, generando una reforma del Estado. Nos trascendimos como organizaciones y proyectos: el magisterio lo hizo al convertirse al movimiento general y eso les permitió recuperar simpatía y lograr demandas que solos no habrían conseguido. Aprendimos que un sindicatito u organización, por muy grande o buena que sea, por si sola es incapaz de romper estructuras.

Acabamos con el paradigma que la transformación social sólo es posible vía revolucionaria o electoral. Esta idea que sufrió un golpe mortal con el levantamiento zapatista se entierra definitivamente en Oaxaca, donde está fundamentalmente la propuesta de autonomía y se define al movimiento social pacífico, amplio y diverso, como su herramienta fundamental. Además reafirmamos la certeza que los gobiernos son vulnerables y la unidad de la lucha posible. Hasta logramos cosas que no son propuesta de la APPO, como diputaciones para el FPR.

A nuestro juicio la APPO tiene la responsabilidad de hacer un movimiento para adentro y ser un ejemplo para afuera. Romper formas y estructuras corporativas que niegan libre participación de sus miembros en sindicatos y organizaciones. El reto es no sólo transformar el estado de cosas en el país, sino transformar internamente las practicas políticas de sus miembros desde abajo y a la izquierda. Si no somos capaces de eso, seremos una expresión heroica pero no alternativa de vida, ésa es nuestra frontera.

Raúl Gatica
Kitsilano, Vancouver